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Bares y sótanos

12 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

“Si perdemos el tren del aprendizaje, seremos el bar de copas de Europa”. Esta frase la pronunció hace días José Antonio Marina (filósofo, ensayista y pedagogo español), al ser entrevistado con motivo del encargo que le dio el gobierno, para elaborar el Libro Blanco del Profesor, documento que pretende trazar las vías por las que se desarrollará la profesión docente los próximos años, el cual se dará a conocer a finales del presente mes.

España tiene un rendimiento escolar por debajo del promedio internacional, de acuerdo a resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

En México la situación no es distinta, dado que el nivel de los alumnos está también muy lejos de lo deseado para enfrentar los múltiples retos que presenta la actualidad y el futuro en materias social, económica, cultural y científica.

Los últimos resultados de la prueba PISA en matemáticas, sitúan a los alumnos de España evaluados en la posición 33, a los de México en la 53. En lectura, a España en el lugar 31, a México en el 52. En ciencias, al primero en el número 29, al segundo, en el 55 (de un total de 65 países, en los tres casos).

Las pruebas de PISA son aplicadas cada tres años, y tienen por objeto examinar el rendimiento –conocimiento y habilidades- de alumnos de 15 años (cercanos al final de la educación obligatoria) tanto de escuelas públicas como privadas, en los aspectos indicados, además de resolución de problemas y otros temas pedagógicos, entre ellos, motivación de los alumnos por aprender, concepción que tienen de sí mismos y estrategias de aprendizaje.

Llama la atención que de acuerdo al documento “Resultados de PISA 2012 en Foco: lo que los alumnos saben a los 15 años de edad y lo que pueden hacer con lo que saben”, México esté en la séptima posición del porcentaje de estudiantes que declaran estar felices en su centro escolar; en la primera posición en el rubro de padres que esperan que su hijo/a trabaje a los 30 años; y en el segundo puesto, en la expectativa de los padres de que su hijo/a obtenga una licenciatura universitaria.

De acuerdo al director de PISA, las dificultades de los alumnos no radican en su origen o medio social, sino en que la enseñanza se centra ‘demasiado’ en la reproducción de conocimientos, no en extrapolarlos para resolver situaciones prácticas, desarrollar un pensamiento crítico y trabajar en equipo.

En el ámbito nacional, el Primer Informe de Progreso Educativo en México, elaborado por el Instituto de Innovación Educativa del Tecnológico de Monterrey en 2012, señala que Michoacán está dentro de los tres estados con desempeño más bajo en calidad de la enseñanza en todos los niveles, así como incompleta cobertura en educación media superior.

Sobre las posibles causas de los bajos niveles educativos en España y el mundo, escuché en un debate de la radio pública el pasado fin de semana, que una pregunta necesaria e incómoda es:¿Quiénes estudian para ser docentes? coincidiendo los expertos invitados, que para el nivel de educación básica, únicamente un pequeño segmento siente verdaderamente esa vocación, pero los más, son los que aspiran a cursar una carrera corta, con posibilidades de empleo, largas vacaciones, y que sea la antigüedad (el simple paso del tiempo) factor para conseguir mejores salarios y mayores prestaciones.

Agregaría a lo anterior, que la expansión del conocimiento en las últimas décadas, hace casi imposible que un maestro de educación primaria o secundaria, esté capacitado para dominar con destreza más de un área de la ciencia; y por ende, posea la aptitud de enseñar a sus alumnos y despejar todas sus dudas en dos o tres materias a la vez.

El escritor Arturo Pérez-Reverte levantó una polémica hace semanas en la red social Twitter, al aconsejarle a un padre de familia que su niña aprendiera bien inglés para largarse pronto de España: la profesora de lengua le había corregido un examen a su hija, añadiendo una “h” a la frase “echar de menos”, temiendo que si enfrentaba a la docente, sería la niña la perjudicada, pidiendo permiso al padre para publicar la corrección de la docente, y se pusiera, al menos, “colorada. El pasado lunes afirmó respecto a la educación actual, que es “una papilla desnatada, neutra e insulsa, que debe contentar a todos y han de digerir igual el mediocre y el inteligente”.

José Antonio Marina plantea una impostergable evaluación de los profesores de educación básica, que va más allá de la revisión del currículo u opinión de los alumnos, que suelen calificar con mejor nota a quienes son simpáticos o permisivos, independientemente de su calidad en la enseñanza. Clases abiertas a padres de familia y otros profesores (por sorpresa, para evitar escenarios falsos); evaluar el progreso de cada alumno y del centro de estudios en general, incrementar la inversión en educación, que el sueldo del profesor corresponda a los resultados de su evaluación por tutores expertos, son algunas claves que podrían revisarse para darle prestigio a la enseñanza.

Esto y más considera el filósofo toledano, quien también aprovecha la coyuntura política, porque ese libro le fue encargado por el Partido Popular en España, que influirá únicamente en caso de que esa corriente continúe en el poder. La publicación del primer borrador coincidirá con el inicio de la campaña electoral.

Como sabemos, los líderes de los sindicatos de aquí y allá no están por la labor de mejorar la educación, limitándose su interés en obtener apoyo para proyectos personales o de grupo; no dudando en criticar o pone rzancadillas a cualquier proceso de evaluación serio; tampoco los políticos, que independientemente de la corriente ideológica a la que pertenezcan, siempre dicen que será una prioridad la educación, y al final de su administración poco o nada se avanza.

Habrá que aprender de esos países que a la vez que tienen buenos resultados en los exámenes de conocimientos, sus estudiantes se sienten felices en la escuela, tienen altos índices de realización personal y profesional, y no padece su sociedad tanta miseria, palabrería e injusticia.

 

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