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Días de feria

12 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Martha Revuelta Morales S.
Faltan días para que termine la “Expo Feria Michoacán 2016”, plataforma que ha aprovechado el gobernador Silvano Aureoles Conejo para mostrar su carisma, hasta el punto que parece darle más importancia a cantar, montar a caballo y autorizar el uso de helicópteros oficiales a personajes de la farándula, que implementar acciones para los severos problemas que se han presentado en paralelo (lo que recuerda a Alfredo Castillo Cervantes, que en su calidad de comisionado, recurría también a distractores que disminuyeran la atención de situaciones complejas, a través de eventos populares que él y su equipo no se cansaban de exaltar); no obstante, intentaré referirme a un tema que no tiene que ver con su vida social ni proyección política, pero sí con una obligación que asumió como parte esencial de su mandato.

Al jurar lealtad y compromiso con Michoacán, el recién estrenado gobernador, dijo en octubre de 2015 lo que se estila en cualquier discurso político: “hoy comenzamos a escribir una nueva etapa de reconstrucción y recomposición que Michoacán se merece, exige y demanda […]mi gobierno no será de quejas, lamentos ni excusas y blablablá” (onomatopeya del discurso vacío de contenido, según el diccionario de la Real Academia Española).

Finalizó su manifiesto con una frase usada frecuentemente en peroratas oficiales: “Todo aquello que la mente humana puede concebir y creer, se puede alcanzar”, máxima atribuida -aunque no citó al autor-a Napoleón Hill, escritor estadounidense, conocido por su libro “Piense y hágase rico”.

En recientes palabras del actual titular del Poder Ejecutivo de Michoacán, con educación se abaten los problemas de inseguridad, violencia e inestabilidad social, expresando en diciembre del año pasado: “ni una más les voy a tolerar a los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), ya estuvo bueno de jugar con el presente y con el futuro de los niños de Michoacán”.

De esa fecha al día de hoy, no han faltado paros, bloqueos y desmanes de quienes controlan la educación en Michoacán, sin que las autoridades logren imponerse; quizá por deudas o compromisos que tienen con los líderes de esas opacas agrupaciones.

¿Por qué si la educación es la base del desarrollo de una nación, elemento fundamental para la calidad de vida social e individual, también factor determinante para la reducción de la pobreza y la violencia, es un eterno tema de conflicto el intentar evaluarla, especialmente en sociedades que muestran palpables problemas de rezago?

Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas son las entidades federativas de la República Mexicana que muestran menor rendimiento escolar, y paradójicamente, mayor movimiento e influencia gremial de profesores que se niegan a ser evaluados.

En otras latitudes, existen situaciones semejantes, sin que sirvan de justificación o bálsamo, pues como reza el refrán: “Mal de muchos, consuelo de bobos, zonzos o tontos”; en la versión alemana: “pobre consuelo que a otros también les vaya mal”.

Un ejemplo es España, donde este miércoles comenzaron a aplicarse exámenes para alumnos de sexto de educación primaria, que constan de 200 preguntas sobre matemáticas, lengua, ciencias e inglés. De acuerdo a lo que establece la Ley para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), tienen solamente un propósito de diagnóstico, por lo que los resultados no constarán en el expediente de los alumnos.

Este país, ocupa, de acuerdo a varios diagnósticos serios, un lugar poco halagüeño en lo concerniente a su nivel educativo en el contexto europeo.

Luego de una larga polémica, protagonizada por sindicatos, asociaciones de docentes y padres, únicamente cinco comunidades gobernadas por el partido político en el poder a nivel nacional aplicarán esta evaluación; el resto (doce comunidades), no harán las pruebas o realizarán unas distintas.

Algunas de las razones que señalan quienes se oponen, son evitar clasificaciones de centros escolares, segregación, competitividad mal entendida, gastos innecesarios, estrés y estigmatización del alumnado, además de cuestionar la labor del profesorado.

Era el año 1910, y el filósofo José Ortega y Gasset describía las particularidades de una sociedad que no parece haber evolucionado lo necesario: “en España predomina lo espontáneo, lo subjetivo, los particularismos y los sectarismos que han conducido a perder las energías en enfrentamientos internos, en gestas solitarias y en deshacer unos lo que otros han hecho; de ahí su lamentable situación”.

La evaluación mencionada, a fin de contextualizar la situación socioeconómica del alumno, también incluye un cuestionario para la madre o padre que rellene el formulario, en donde se le pregunta su origen, nivel de estudios, ocupación, cantidad de libros y periódicos que lee habitualmente, frecuencia con que usa dispositivos electrónicos, tiempo que dedica el niño a realizar tareas, fuentes que consulta, entre otras cuestiones.

Organizaciones diversas se han pronunciado en contra de este sondeo, expresando que viola el derecho a la intimidad, la ley de protección de datos y varias normas de carácter internacional, por ser ofensivos para las familias, además de tener un carácter manipulador que intenta culpabilizar a los padres de los problemas del alumnado.

El escritor Javier Marías escribió hace días, que una de las cosas más agotadoras de la actualidad, es que cada día tiene que haber algo nuevo que nos soliviante y escandalice; y si no existe motivo para indignarse, algo se inventa o magnifica.

No sé qué debe ocurrir en las sociedades que más necesitan superar el recurrente conflicto sobre la educación. Lo que sea, ojalá no se dilate, porque únicamente a través de ella se podrán alcanzar otros objetivos fundamentales de desarrollo personal y social.

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