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El quinto poder

4 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

El exceso es lo que se sale de los límites de lo ordinario o lícito. La moderación, el uso de la sensatez o templanza en palabras o acciones. La incapacidad, falta de preparación o de medios para realizar un acto; la pasividad, ausencia de actuación, permaneciendo al margen de una acción.

¿Cuál de las anteriores actitudes considera que tuvieron los policías (municipales y estatales)que al observar que el joven que buscaban en el pueblo de Escuinapa, Sinaloa-por una conducta aparentemente ilegal- estaba sometido por un comando armado, huyeron de inmediato del lugar en las camionetas donde se transportaban, siendo luego privada de la vida dicha persona?

El video que muestra lo descrito es perturbador, no únicamente por lo que se ve, también por lo que transmite la voz de la mujer: impotencia, terror, y un afán de que ese suceso no engrose la impunidad, al intentar, sin éxito, que los sicarios escapen.

Lamentablemente se viven a diario episodios de esta naturaleza en México y otras partes del mundo, pero no nos vamos a acostumbrar, y mucho menos olvidarnos de exigir a las autoridades una actuación eficiente en materia de seguridad ciudadana; a la par, que sean capaces de resolver las raíces de tanta violencia.

El presidente Peña Nieto, los gobernadores, también diputados, senadores y presidentes municipales, pidieron el voto del pueblo porque dijeron tener aptitudes para enfrentar las diversas problemáticas que se padecen en México; y en virtud de que les fue concedido su deseo, estamos esperando lo prometido.

Por ello, queremos noticias del paradero de los cinco desaparecidos en Tierra Blanca, Veracruz; saber el avance en las investigaciones de los fatídicos sucesos ocurridos en El Cundancito, Guerrero, y Zamora, Michoacán; también evidencias de lo que verdaderamente ocurrió con los 43 normalistas de Ayotzinapa, y en el sombrío suceso de2008,acaecido en Morelia, en el que, pese al tiempo transcurrido, no logran reunirse elementos para una acusación sólida, sufriendo las víctimas la indolencia del gobierno, pese a mesas, grupos y comisiones que se han integrado para ese supuesto fin.

Retomando el tema de los policías que huyen al ver que la delincuencia organizada “ya está a cargo del asunto”, hay quienes opinan que la ejecución del joven es legítima, al vengar el honor de la mujer raptada y su familia, ante la ineficacia del gobierno.

El alcalde del lugar defendió el proceder de la policía, explicando que su retirada fue estratégica para esperar la intervención de refuerzos; en sus palabras “hubiera sido una estupidez haber disparado porque andaban niños corriendo y señoras en el lugar.”   El secretario de Seguridad Pública de Sinaloa respaldó esta postura, por los riesgos que representaba para los ciudadanos que estaban cerca.

Las familias de los policías, actualmente detenidos, piden su libertad, argumentando que sus armas no sirven, y los chalecos que portaban no los protegían.

Como se puede advertir, las partes involucradas argumentan motivos de justificación en su actuar; sin embargo, en mi opinión, paralelamente a la conducta de la policía (incapaz, pasiva, sensata o cobarde) está la grave presencia de un quinto poder -la delincuencia organizada- que ejecuta sin miramientos la acción contratada, la que no puede ser nunca justa ni admitida, porque vivimos en un estado de derecho, donde las consecuencias legales de las conductas ilícitas están a cargo de la autoridad jurisdiccional.

En el Reino Unido, Irlanda, Noruega, Nueva Zelanda y otros países, los policías suelen patrullar sin armas. Únicamente los cuerpos especiales poseen equipo especializado.

“No tengo duda de que portar pistolas comprometería la capacidad de los oficiales para hacer su trabajo en el día a día, porque cuando llevas un arma tu principal preocupación es cuidarla”, escribió un comisario en el blog de la Policía de Nueva Zelanda.”Si esto se compensara con un aumento claro y demostrable de la protección personal, entonces podría considerarse un precio a pagar”, proseguía.”Pero la protección que ofrece un arma de fuego, sobre todo una pistola, es más ilusoria que real”.

Carezco de elementos para aseverar que la policía de Sinaloa, Michoacán, Guerrero, San Luis Potosí, Jalisco, o el resto de las entidades federativas, cuentan con equipo necesario y capacitación adecuada de sus miembros para hacer frente a cualquier suceso, pero sí para opinar que la delincuencia organizada cada día extiende más su presencia en aspectos de la vida de los ciudadanos, originado, en gran parte, por la incapacidad de las autoridades, sumado a sutemor, indiferencia, favor, e incluso, fervor.

Nosotros como sociedad también debemos ser conscientes de lo que contribuimos a su exaltación, y reforzamiento de poder.

Ver antifaces de “El Chapo Guzmán” en una pasarela de moda; que se vendan cientos de camisas idénticas a la que traía el día que dio una entrevista; saber que casi la mitad de la población preferiría tener un encuentro amistoso con él, en lugar de denunciarle; que se produzcan tantas series y películas, además de canciones, basadas en la vida de narcotraficantes, son signos de una fascinación perturbada.

Cómo pueden merecer respeto, admiración o simpatía quienes privan de la vida a niños, mujeres y hombres con la misma facilidad con la que pelan un cacahuate, fabrican y distribuyen drogas que destruyen seres humanos y familias, exigen pagos mensuales a comerciantes y productores para dejarles trabajar, secuestran, violan, coordinan bandas que roban vehículos y casas, fomentan la piratería, entre otras actividades igual de despreciables.

Leí hace días que tanto en la fabricación como en la venta de parte de los objetos que se están ofreciendo en las calles con motivo de la visita del Papa Francisco a México (camisetas, posters, llaveros, rosarios, etc.)está involucrada la delincuencia organizada. Es el colmo que quien seguramente traerá un mensaje contra la violencia, sea objeto de comercio de quienes la realizan.

No queda más que seguir exigiendo al gobierno federal, también a los  estatales y municipales que realicen su trabajo y luchen contra estos grupos que siembran el horror, no contribuyendo nosotros, con nuestra conducta, a su engrandecimiento.

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