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Erratas

11 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Hace días, leyendo una noticia en el periódico El Huffington Post, edición España, observé el recuadro: “Sugerir una corrección”;al presionarlo se abrió el formulario para alertar a su redactor sobre un posible dato erróneo o errata. Luego de proporcionar nombre y correo electrónico, se pide seleccionar la opción: de contenido o tipográfico; problema de moderación de comentario; derechos y permisos, u otro. Finalmente, se describe el error y se envía.

Encontré también en la versión digital del diario El Mundo, junto al titular de la noticia, la función “Aporta más información”, a fin de que el lector la rectifique, complete, opine o señale algún error ortográfico.

Corren tiempos donde medios de comunicación llenan sus páginas o espacios en televisión, reproduciendo como noticias aquello que se publica en redes sociales, sin constatar la veracidad del hecho y sus correspondientes fuentes;  igualmente, cuando es fácil ocultar la identidad, lo que  permite a muchos expresar un sinfín de comentarios superficiales, además de insultos o improperios a diestra y siniestra.

Lo expuesto en los primeros párrafos parece indicar que somos testigos(e invitados a participar, si el caso lo amerita) de una novedosa práctica en el periodismo, que mejorará la información que se publica: elemento imprescindible para intentar comprender la realidad, y actuar en consecuencia.

Una errata es una equivocación material cometida en algo impreso o manuscrito; un dato erróneo alude a información desacertada, semejante al gazapo, que es el yerro que por inadvertencia deja escapar quien escribe o habla.

El escritor Arturo Pérez-Reverte dice que no hay novela sin errata ni gazapo, sufriendo un desagradable sudor frío cuando se advierte ya impreso; y aunque la mayoría de lectores no lo note, realizar la oportuna corrección en las ediciones siguientes, constituye una buena lección de humildad profesional, y de vida en general, porque, en sus propias palabras: “por mucho que te afanes, la escritura de una novela, como la vida misma, está sembrada de minas esperando que las pises. Y que siempre, por mucho cuidado que pongas, acabarás pisando una.”

“Errare humanumest” es la expresión en latín que considera intrínseco a la naturaleza humana equivocarse, complementándose con “sed perseverare diabolicum”, que significa: pero perseverar en el error, diabólico. Se atribuye a San Agustín, aunque no literalmente; también con semejanzas de frases de Cicerón, Livio, Séneca, entre otros.

En el periodismo, como sabemos, la inmediatez es un elemento fundamental, potenciado en la actualidad por el avance de la tecnología. De ahí que ya sea escena del pasado imaginar que en la oficina de redacción trabajan de noche y descansan de día; es a toda hora la exigencia de publicar los últimos acontecimientos.

El vertiginoso ritmo de trabajo en las redacciones, anexado al frecuente desconocimiento de las reglas de ortografía y redacción-fragilidad que reconozco en mi expresión escrita, y pese a ello, me sigo atreviendo a escribir esta columna- provocan equivocaciones constantes, que algunos periódicos confiesan, e incluso, reúnen anualmente, para darles a quienes les leen, momentos divertidos.

Varios libros, revistas y blogs recogen las innumerables erratas y gazapos que se producen continuamente en periódicos nacionales y locales, intentando que se reivindique el papel del corrector de estilo o asesor lingüístico, porque a decir de ese gremio, un programa de computadora no es capaz de comprender lo que intenta explicar el texto, tampoco basta el diccionario de la RAE.

Existen quienes están pendientes de los errores de los demás, y esto no es únicamente en el periodismo; usualmente no les motiva el deseo de ayudar a mejorar el texto, o advertir un tropezón al amigo o conocido en lo privado, sino tratan de demostrar que son más listos; mejor si pueden exhibirle públicamente. Permítaseme volver a citar a Pérez-Reverte, que en otro de sus artículos señala que este perfil de persona sobrada, que se frota las manos al advertir el gazapo de otros, es un caso para los psicólogos, por su búsqueda de su minuto de gloria.

Aplaudo la decisión de aquellos medios de comunicación que admiten ser falibles, invitando a sus lectores a que le hagan llegar sus comentarios para que se rectifique, complete o perfeccione la información; salvaguardando también aquello que representa un derecho, o exija un permiso.

De lo expuesto advierto varios signos positivos; el más importante, que medios y sociedad, sin echar culpas ni buscar pretextos o justificaciones, retomemos la responsabilidad que nos toca, de la que nos estábamos olvidando.

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