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La clase media

9 de febrero, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

A PROPÓSITO DE…

Martha REVUELTA MORALES S

Se sueña con ser rico; no pobre ni de clase media.

Esta aspiración, que suele ser frecuente en la infancia y juventud, acompaña a muchos en la etapa madura, e incluso, vejez.

Como ejemplo, el furor que despiertan los sorteos de lotería, quinielas deportivas y juegos de azar en diversas partes del mundo.

En España, el perfil de los principales compradores de la lotería es de entre 50 y 70 años y mayormente masculino; seguido de los de 30 a 39 años, rango en que se destaca una creciente participación de mujeres.

No está bien visto en nuestro tiempo anhelar algo que sea inferior a lo extremo. Los mensajes que recibimos a diario a través de medios de comunicación y redes sociales exigen ser felices a cada momento, subir la escalera del éxito, practicar una vida sana (libre de sufrimiento para los animales); y desde luego, conocer las tendencias del día: videos virales, escándalos de la farándula, novedades en moda, música, política y tecnología.

Bajo ese prisma, reconocerse como integrante de la clase media puede significar que se es conformista, perdedor, fracasado o “loser” (término equivalente en inglés, según el diccionario de la editorial Oxford University Press, considerado el más erudito y completo de dicha lengua).

“Clasemediero” es un término acuñado en México que significa hacer fila para entrar al cine, viajar únicamente en vacaciones y comprar cosas con algún tipo de crédito, según el prólogo de la obra realizada por Luis de la Calle y Luis Rubio, “Pobre no más, desarrollado aún no”, editado por el Centro de Investigación para el Desarrollo, A.C.

Indica el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en su página web, que no existe una definición consensuada sobre lo que es la clase media, por lo que no necesariamente comienza donde termina la pobreza.

Los resultados obtenidos al término de la primera década del siglo XXI muestran que en México el 42.4% de los hogares (en donde vive 39.2% de la población total del país) son de clase media. Sólo el 2.5% de los hogares son de clase alta, mientras que en el otro lado del espectro social se tiene al 55.1% de los hogares, donde desarrolla su vida 59.1% de la población mexicana.

Para este organismo público la clase social baja no es sinónimo de pobreza. También se señala que si al azar se toma un hogar de clase media, lo más probable es que cuente con una computadora, la cabeza del hogar tenga educación media superior y la vivienda sea propia o se esté pagando a través de un crédito social, entre otros enunciados.

Aunque lo ideal sería contar con una equitativa distribución de la riqueza, sin que hubiese personas que carecieran de lo necesario para vivir, es importante valorar cuando la familia -o uno mismo- provee recursos, aunque sean limitados, que permiten una vida desahogada en un mayor o menor grado.

Daniel Defoe escribió en el diario de Robinson Crusoe lo que puede constituir un inmejorable panegírico o loa sobre el tema.

Este conocido personaje escuchó decir una mañana a su padre: “el estado medio de la vida provee todo tipo de virtudes y deleites: la templanza, la moderación, la calma, la salud, el sosiego; así las personas pasan sin avergonzarse de la labor realizada por sus manos o su mente, ni venderse como esclavos por el pan de cada día, ni padecer el agobio de las circunstancias adversas que le roban la paz al alma y el descanso al cuerpo; no sufren por la envidia ni la secreta quemazón de la ambición por las grandes cosas; pasan suavemente por el mundo, saboreando a conciencia las dulzuras de la vida, y no sus amarguras”.

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