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La industria de la nostalgia

24 de septiembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

“Nostalgia”es la pena de verse ausente de la patria, deudos o amigos; también, tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

No obstante que las anteriores acepciones son -por el origen griego de la palabra-lo que el diccionario de la Real Academia Española define comoun regreso (nostos) con su inherente dolor (algia);los seres humanos, en general, sobrellevamos con mayor alegría que tristeza todo lo que nos remonta a un tiempo vivido en nuestra infancia y juventud.

Para muestra, los innumerables productos, aplicaciones y experiencias que existen hoy en día, con la idea de pasar gratos momentos rememorando el pasado.

La nostalgia, que en España se conoce también como “morriña” (palabra de origen gallego)es la clave de éxito de varios programas de la televisión pública con importantes índices de audiencia;igualmente, de numerososobjetos que se expenden en los quioscos (puestos de periódicos) y librerías.

¿Quién puede permanecer afligido o estoico-máxime si roza o supera los cuarenta años- ante “Rivers of Babylon” de Boney M; “Underpressure” de Queen; e incluso, “Mi gran noche” de Raphael o“Corre, vuela y acelera” de Timbiriche?

Puede ser cierto que la nostalgia, a la luz de la psicología, es un anhelo del pasado que se idealiza; es decir, que no es del todo real, porque solemos recordar únicamente los buenos momentos, excluyendo las penas de épocas anteriores. Empero, ese sentimiento (que hasta el momento no se ha calificado como enfermedad)es benéfico al ser humano, caracterizándose por el intento de superar la finitud y la temporalidad, para revivir instancias felices de la existencia y eternizarlas.

“Nostalgia” era el nombre de un programa conducido por Jorge Saldaña, transmitido en la década de los ochenta en Imevisión -y aunque no fue fácil deglutir su contenido, siendo niño o adolescente, porque eran los padres quienes generalmente elegían los programas que se veían en la televisión-hoy muchos que estamos en ese rol, replicamos un fenómeno semejante al vivido, porque continuamente seleccionamos contenidos que no son del pleno interés de las nuevas generaciones, como noticias, documentales y emisiones que se refieren a hechos pasados.

La diferencia es que antes existía en los hogares un solo televisor, y actualmente se tienen dos o más; sin olvidar que con los nuevos dispositivos electrónicos, los niños y jóvenes cada vez se muestran menos interesados en esa práctica de convivencia familiar, aislándose en sus espacios personales(si lo permitimos).

Hace días, por nostalgia, compré el primer fascículo de una colección de María Pascual, ilustradora de cuentos infantiles de inicios de la década de los sesenta, que perduró veinte o treinta años en publicaciones para España y países de América Latina, entre ellos, México.

Meses antes,adiquirí un número del antiguo cómic“Don Miki”, esos cuentos de Walt Disneyque conocimos de la Editorial Novaro en tres tamaños, donde aparecen Ciro Peraloca (UngenioTarconi), Los chicos malos (Los golfos apandadores),el pato Donald y sus sobrinos, entre otros personajes; llamando mi atención la advertencia de que las invitaciones, indicaciones o sugerencias de la publicaciónya no tienen validez, porque se trata de algo relacionado con el recuerdo.

No obstante que coloqué ambas publicaciones en lugares estratégicos por varios días, mi hija pasó de ellos sin conmiseración.

La industria de la nostalgia, que no es otra cosa que aprovechar las emociones como objetivo de la mercadotecnia, encuentra un sustancioso caldo de cultivo en los adultos, que por el mayor poder adquisitivo con el que se cuenta –en comparación con los jóvenes, que son más compulsivos para comprar, pero sin soporte económico-, poco o nada se duda en adquirir cosas que nos regresen por momentos a épocas anteriores.

La publicidad de hoy día, sin que nos percatemos, va directo al corazón. Y si consideramos que la población mundial envejece, y a la vez crece, según datos de la Organización Mundial de la Salud (el número de personas con 60 años o más en todo el mundo se ha duplicado desde 1980, y se prevé que alcance los 2000 millones de aquí a 2050); no sorprenderá que existan cada vez más productos basados en la nostalgia para incrementar las ventas.

En este contexto, puede ser que como lo refiere el escritor mexicano Marco Antonio Nápoles Cañedo, en su obra “2070, la perversión de las emociones”, para los que vivan más años, habrá, paralela a la industria del bienestar o calidad de vida (medicina, dietética, estética y “fitness”) una de calidad emocional, en la que sentirse solo, triste o deprimido dependerá de un fármaco que les hará sentirse bien durante un par de días. Si quieren volver a sentirse felices, tendrán que comprar más dosis.Esta fórmula no beneficiará a los desposeídos, porque ese es un asunto de los gobiernos que se supone fueron elegidos democráticamente.

Tanto en el negocio de la nostalgia, como de las emociones en general, no existe misericordia ni fraude; cada quien va eligiendo las luchas que está dispuesto a librar.

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