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Lo doméstico

1 de octubre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

La palabra doméstico la vinculamos a lo que es propio de la casa u hogar, porque está tanto en su origen indoeuropeo (domo), como en el griego y el sánscrito. De “domus” se derivó domicilio, y de la misma raíz procede“dominus” que designaal dueño del castillo o vivienda en la etapa feudal (señor), sirviendo de base para designar la propiedad, y más tarde, el dominio.

Por tanto, nada que sea ajeno a la casa puede decírsele “doméstico”, ni siquiera ese tipo de vuelos nacionales que algunas líneas aéreas insisten en llamar así (por su traducción del inglés). De acuerdo a lo expuesto por el escritor y periodista Alex Grijelmo, el único vuelo doméstico que puede haber es el de un avión de papel arrojado por un niño dentro de su casa.

En cuanto a lo que precisa ese lugar, aposento o morada (estancia de asiento o residencia algo continuada en un lugar; que se antepone a la definición de color entre carmín y azul),es que existan condiciones para satisfacer necesidades básicas como la alimentación, aseo ydescanso, además de la crianza de hijos o el cuidado de los adultos mayores, si es el caso.

Por estas particularidades, los investigadores coinciden en que el trabajo doméstico inició desde que los seres humanos comenzaron a reunirse en hordas o clanes, donde el fin principal era la sobrevivencia, correspondiendo a las mujeres hacerse cargo de los niños yla preparación de los alimentos, entre otras actividades; a los hombres, cazar y proteger al grupo.

En el año 2011, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptó el convenio 189 y una recomendación para proteger a quienes trabajan en labores domésticas, entrando en vigor en septiembre de 2013.

Algunas de las consideraciones plasmadas en el dicho documento, son la importancia de la contribución de los trabajadores domésticos a la sociedad y economía, que constituyen una fuerza de trabajo nacional; empero, se encuentran entre los más marginados, no obstante que también tienen responsabilidades familiares. Asimismo, que ese tipo de trabajo sigue siendo infravalorado e invisible, realizado principalmente por mujeres y niñas, muchas de ellas migrantes o parte de comunidades desfavorecidas, particularmente vulnerables a la discriminación con respecto a las condiciones de empleo, así como otros abusos de los derechos humanos.

“¿Trabajadoras o siervas?” Es el título de un artículo publicado en El País en 2011, que narra la historia de Rosa, quien no logra llegar al salario mínimo profesional en España. Paraguaya, ecuatoriana, peruana, mexicana o africana, da lo mismo en este lugar, no obstante que las condiciones laborales son algo mejor que en la nación de origen o los Estados Unidos de Norteamérica.

Coincido en que las mujeres son una fuerza vital en la sociedad. Mueven un engranaje de cuidados; sin ellas, una multitud de profesiones y actividades no funcionarían. A pesar de todo, están en desventaja. Hasta que el empleo doméstico no sea considerado un trabajo digno, una labor tan válida y útil como cualquier otra, las reformas no terminarán con la desigualdad.

En la actualidad, 22 países han ratificado el convenio; entre ellos, Alemania, Argentina, Colombia, Italia, Uruguay, Chile, Suiza y Portugal.

¿Y México, donde son más de dos millones de personas quienes están empleadas en el servicio doméstico, en su mayoría mujeres, encontrándose expuestas a abusos en cuanto a las condiciones laborales, como remuneración, protección social, aguinaldo, liquidación, entre otros aspectos?

Nada nuevo en temas de naturaleza social, al ser una constante del Gobierno Federal su desinterés en este rubro; a decir de la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, la ratificación del convenio está pendiente por problemas administrativos.

El pasado 17 de septiembre se logró registrar en México el primer Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar, ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal. Esta acción representa un logro del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH), y aunque son pocas las trabajadoras registradas hasta el día de hoy (menos de cincuenta), confiamos que esta agrupación sirva paraexigir la dignificación de un empleo tan fundamental como otros, aunque quienes lo ejercen tienen pocos respiros -tiempo y medios- para integrarse a actividades gremiales, al estar atareadas en las obligaciones laborales de otros hogares, y las que les esperan al llegar a sus casas.

Cabe también destacar sobre este tema, que son recurrentes los abusos que sufren miles de empleadas domésticas a diario, entre ellos, acoso sexual, violencia verbal y física, humillaciones, acusaciones falsas y accidentes de trabajo sin recibir atención médica. Solamente una de cada diez denuncia ese tipo de arbitrariedades, pues la mayoría desconoce sus derechos e instancias encargadas de atenderlas.

Al respecto, pueden leerse los resultados de la encuesta “Percepciones sobre el trabajo doméstico: una visión desde las trabajadoras y las empleadoras”, realizado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

Contratos “de palabra” que no generan certezas ni derechos a la empleada, sumado al trato déspota de algunas “patronas”, destacando en la encuesta aquellas menores de 35 años de nivel socioeconómico medio alto, quienes no dudan en llamar “chachas” o “gatas” en sus círculos socialesa aquellas mujeres que dejan su mayor esfuerzo en que sus casas estén limpias y ordenadas

Esa denostación en el lenguaje respecto quienes hacen del servicio su modo de vida, teniendo que ir a limpiar otras viviendas para dar de comer a sus hijos, padres o hermanos, es una muestra palpable de la poca o nula educación que tienen algunas mujeres y hombres, que con toda y su mejor suerte, desmerecen en humanidad sobre el respeto que merece el trabajo de los demás.

Hace poco más de un año, las redes sociales se enardecieron por la conducta de Adriana Rodríguez, apodada “Lady Chiles”, al acusar a su empleada doméstica de intentar llevarse a casa un par de chiles en nogada en un recipiente plástico. El linchamiento mediático fue atroz, e incluso llegó a medios como la BBC de Londres. En la exigencia de una disculpa pública, con motivo del procedimiento iniciado por Conapred, quedó la historia.

¿Cuántas mujeres y hombres ofendidos por esa humillación, eran ya respetuosos de los derechos de la persona que les prestaba servicios domésticos, cuántos reflexionaron a partir de ese suceso y cuántos después?

Seguramente pareceré presumida, pedante o peor, pero mis padres me enseñaron desde niña que con quienes nos prestaban un servicio tan íntimo y personal, se compartía la mesa y eran dignos de todo respeto. Varios miembros de mi familia y amistades cercanas (no en su totalidad; tampoco voy a mentir) cumplen con lineamientos básicos de cortesía, protección médica, aguinaldo y vacaciones, sobre quienes hacen favor de apoyar sus labores domésticas.

Por decencia, dignidad o básico respeto a los derechos de los demás, no podemos esperar a que el Gobierno Federal decida que el servicio doméstico es importante, porque ya lo sabemos; en esas condiciones, cada quien sabe qué comportamiento se precisa, si es que queremos vivir en un mundo justo y civilizado.

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