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Lo polémico

18 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Lo polémico es aquello que provoca controversia o discusión. Proviene del griego “polemistés”-combatiente-; a su vez de “polemikós” -el arte de la guerra-. Con el tiempo, los enfrentamientos armados se fueron convirtiendo en conflictos más gentiles, apenas de opiniones y puntos de vista; tornándose así la polémica en un “choque de ideas”, como la llamó Quintiliano (retórico y pedagogo hispanorromano).

La política, la religión, los derechos de seres humanos y animales, e incluso, decisiones arbitrales en partidos de fútbol, suelen ser campo fértil para las polémicas, al involucrarse de manera directa creencias, ideologías o pasiones, originando conflictos que no siempre se zanjan u olvidan; son recurrentes los casos de distanciamientos, decepciones o frialdad en las relaciones; en ocasiones, enfrentamientos físicos con funestas consecuencias.

En nuestro tiempo, lo polémico está exacerbado. Los actuales medios de comunicación, que difunden de manera inmediata, tanto los sucesos que ocurren alrededor del mundo, como lo que expresan públicamente las personas, permiten dar opiniones al respecto, algunas coherentes y necesarias, otras insustanciales, sin soslayar las violentas u ofensivas.

Por mencionar tres ejemplos de los últimos días, en la red social twitter:

El primero, protagonizado este lunes, por Ernesto Nemer, subsecretario de Desarrollo Social del gobierno mexicano, quien publicó un par de fotos con un menor de edad que le limpia los zapatos, con el texto: “Me da mucho gusto saludar a mi amigo Angelito, que siempre que vengo a San Cristóbal de las Casas me da la mejor boleada”. El funcionario borró el mensaje minutos después de publicarlo, pero no se salvó de innumerables críticas sobre lo ilógico que es celebrar el trabajo infantil, máxime que su función consiste, precisamente, en aportar elementos para paliar la pobreza en Chiapas y el resto de México.

El segundo, de la Policía Nacional de España –caracterizada su cuenta por un estilo desenfadado y con sentido del humor- que el pasado 14 de febrero publicó:“Si te roba un beso no es delito. Feliz#SanValentín”. De inmediato, cientos de personas, organizaciones feministas, también un partido político, criticaron el texto, refiriendo que la falta de consentimiento de un beso es acoso sexual, y habrá que actuar, no incitar. A las tres horas se publicó otro tuit, donde se intentó aclarar la situación; para muchos innecesaria, por la ausencia de mala intención.

El tercero, del actor y comediante Dani Rovira, quien al presentar los Premios Goya 2016, criticó los impuestos a la cultura en España, refiriendo que si se elevara ese impuesto a los yates, no le importaría, porque él no tiene ese tipo de lujos. La Asociación Nacional de Empresas Náuticas, reaccionó con malestar en esa misma red social, al mencionar que no se frivolice con la fiscalidad de un sector económico que da trabajo a muchas personas y aporta una suma importante a la economía nacional.

Otro tema para la polémica: si el papa Francisco termina su visita a México sin condenar los numerosos casos de feminicidios y pederastia, asimismo, lo ocurrido con los 43 jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa, habrá discusiones por algunas semanas en sobremesas familiares y reuniones con amistades; desde luego, múltiples artículos de opinión y comentarios a favor y en contra en redes sociales; añadiéndoselo relativo a los enormes gastos realizados con la visita, y la enérgica corrección a un joven que casi lo hace caer sobre una persona con discapacidad, cuyo video fue reproducido este miércoles en los noticiarios matutinos de numerosos países.

Sería lamentable que la presencia del pontífice en la República Mexicana se reduzca a polemizar sobre lo que no pasó, dejando al margen lo que sí ocurrió: un enorme entusiasmo de niños, jóvenes y adultos, para integrarse a una cálida bienvenida, motivados por la urgente necesidad de refrendar su fe en tiempos complejos; además, el interesante contenido de las palabras de Jorge Mario Bergoglio, fruto de su larga experiencia, sumada a su formación en filosofía, literatura, psicología y teología.

Corren tiempos abstrusos, y es complicado expresarse con naturalidad y sensatez, por la divergencia de opiniones que se generan; algunas de ellas con pocos o nulos elementos de sustento.

Un estudio de la Universidad de Cornell, publicado esta semana en el periódico El País, recomienda algunos consejos para ganar una discusión en internet o la barra de cualquier bar: no te consideres infalible, mantente abierto a la duda y dispuesto a revisar tu posición de partida; no afirmes lo que es subjetivo; aporta las pruebas que se te piden; no eludas las objeciones, trata de ser pertinente, esfuérzate en ser claro; en condiciones de empate, suspende el juicio; y ante la presencia de nuevos elementos, acepta la reapertura del debate.

Adelino Cattani (profesor de poética y retórica en la Universidad de Padua, Italia), propone elegir la discusión que construye, por encima de la bélica.

Y añade que la discusión perfecta parece tan poco posible como una verdad absoluta. Pero si es impracticable un decálogo del “vir bonus dicendi peritus”, acaso se puede proponer un decálogo del libre disputador, que haga al menos no inútil el discutir, que es el rasgo más típico entre los humanos, y propicie una discusión cooperativamente polémica o polémicamente cooperativa. Una discusión en la cual converjan y se amalgamen convenciones y confrontación de ideas, rigidez y disponibilidad a cambiar de opinión.

Es mejor discutir sin decidir, que decidir sin discutir. Esta es una de las conclusiones de Adelino Cattani.

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