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Los sin patria

5 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

“La patria, la amable patria, es la dulce unión que ata a un ciudadano con otro, por los indisolubles vínculos del mismo suelo, lengua, leyes […] gobierno, espíritu y fe”.

Lo anterior es parte de la cartaque dirigió doña María Josefa Maldonado -oriunda de Mérida, Yucatán-a sus dos hijos que servían en el ejército, publicada el 10 de septiembre de 1809, en el Diario de México.

La patria (del latín “pater”: padre) suele designar la tierra natal o adoptiva con la que se sienten lazos afectivos, culturales e históricos.Aunque curiosamente, quizá por el profundo cariño que liga y abraza, se torna luego en madre.

“Morir es nada cuando por la patria se muere” (José María Morelos y Pavón); “Tu voz, padre,es para mí sagrada, pero la voz de mi patria es primero” (Vicente Guerrero); “Donde quiera que se esté bien, allí está la patria” (Cicerón).

Somos afortunados quienes sentimos pertenencia a un lugar, lo que permite coincidir, por ejemplo, en aquello que escribió el zacatecano Ramón López Velarde en 1921: “Suave patria: tu casa todavía es tan grande, que el tren va por la vía como aguinaldo de juguetería […] Tu barro suena a plata, y en tu puño su sonora miseria es alcancía;y por las madrugadas del terruño, en calles como espejos se vacía el santo olor de la panadería.”

Sin embargo, no todos tienen la misma suerte. Cada diez minutos nace un niño o niña apátrida, una de las consecuencias de la migración para mantener la vida o la libertad a salvo.

De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, apátrida es quien carece de nacionalidad.

Poco sabemos de sufrir la ausencia de una nacionalidad o pertenencia, porque la mayoría –pese a tener gobiernos corruptos e indolentes- sentimos una llamada, ya sea de sangre, idioma o costumbres a una nación que nos convoca, aglutina y da origen.En Asia, África, Europa, e incluso América, nacen cada año 70,000 niños que no tienen conexión ni lazos con la tierra donde viven o vieron la primera luz.

Uno de los derechos de los niños, es obtener desde su nacimiento una identidad: nombre, apellido, fecha de nacimiento, sexo y nacionalidad.  Eso que nos parece tan obvio, pero en los hechos no lo es.

A más de uno nos vuelve el alma al cuerpo cuando vemosen los noticiarios que mujeres embarazadas y/o niños pequeños –víctimas de la guerra, violencia omiseria-  lograron ingresar a un país con mejores condiciones de vida; no obstante, si queremos enterarnos un poco más,  sabremos que esa situación no equivale necesariamente a que tengan acceso a atención médica, educación y trabajo.

El Alto Comisionado de la ONU para los refugiados, destacó hace días que la apatridia es un fenómeno que condena a miles de niños a una vida llena de discriminación, frustración y desesperación.

Por ello, la ACNUR insta a que cada vez más países apoyen la campaña para erradicar ese problema, permitiendo que los niños adopten la nacionalidad del país donde nacen; se reformen las leyes que impidan a las madres transmitir la nacionalidad a sus hijos en igualdad de condiciones que los padres; se eliminen las leyes y prácticas que priven a los niños y niñas de la nacionalidad por su etnia, raza o religión y se garantice el acceso universal al registro de nacimientos para prevenir la apatridia.

Acabar con la apatridia en 10 años es un reto de Naciones Unidas, con el importante apoyo de la marca Benetton.

Probablemente nos resulte ajeno sentir que somos seres invisibles, viviendo en las sombras, perros callejeros o sin valor, pero hay miles de personas que a diario sufren esta situación. Algo que podemos haceres apoyar esta causa, concediendo un par de minutos para rellenar esteformulario:http://ibelong.indikatormedia.com/es/

Tú y yo pertenecemos a un país multiétnico, donde creemos que la apatía no es divisa, porque únicamente reconociendo a los demás, la diversidad nos enriquecerá.

Cómo podría concebirse el mundo sinGustav Mahler,MilanKundera, Stephen Zweig, Albert Einstein, Hannah Arendt oAleksanderSolzhenitsyn.

Todos apátridas de algún modo, pero legando al mundo sus mejores creaciones.

¿Por qué no querer (e integrar) a quienes con o sin patria, ofrecen una mirada llena de matices que convocan y hermanan?

¡Oh, suave patria, tu superficie el maíz/tus minas el palacio del Rey de Oros/ las garzas el desliz/ y el relámpago, verde de los loros!

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