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Suerte y talento

29 de abril, 2016

Christian Fuentes/La Voz de Michoacán

“Aquel que dijo ‘más vale tener suerte que talento’, conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte; asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. En un partido hay momentos en que la pelota golpea el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir hacia delante o hacia atrás. Con un poco de suerte sigue hacia adelante y ganas, o no lo hace y pierdes”.

Con estas afirmaciones inicia la película “Match Point”, escrita y dirigida por Woody Allen, estrenada en otoño de 2005. La trama de la historia -protagonizada por un joven profesor de tenis irlandés- ofrece una reflexión acerca de en qué medida el destino o la suerte influyen en la existencia; y cómo pueden ser determinantes, en ocasiones, más allá del propio esfuerzo o sacrificio.

Esta visión sarcástica de los entresijos de la realidad que exponeW. Allen,hace inevitable pensar en quienes, no obstante cometer actos de corrupción, abusos y demás desvergüenzas, por el hecho de ser hijos, amigos, yernos, socios, cuñados -entre otros parentescos o tipo de relaciones cercanas con cualquiera que tenga cierta parcela de poder- no experimentan las consecuenciaslegales de su conductas.

Un ejemplo de lo anterior es Jorge Emilio González Martínez, también conocido como “El niño verde”,hijo del fundador de un partido político, nieto de un exgobernador y sobrino de un conocido empresario de farmacias.Entre otros cargos, dos ocasionesdiputado, y tres veces Senador de la República,actualmente con licencia.

Ni el video que exhibió su participación en el soborno para liberar terrenos en el estado de Quintana Roo, que afectaban la flora y fauna (aspectos que supuestamente protege el partido al que pertenece), tampoco verse involucrado en la muerte de una joven extranjera en un departamento de su propiedad, ni criticar a quienes protestaban en su momento contra el entonces candidato Enrique Peña Nieto, exponiendo que en lugar de expresarse, hicieran algo productivo por el país, le han impedido continuar con su carrera política.

En un contexto más local, Rodrigo Vallejo Mora, alias “El Gerber”, sirve de muestra para corroborar que la justicia suele serlaxa con quienes tienen vínculos con el poder, al protagonizar hace tiempo un episodio que llenó de vergüenza y tristeza a los michoacanos: pactar con la delincuencia organizada para sus negocios particulares, aprovechando ser hijo del entonces gobernador, sin que le interesara el horror que propició ese grupo delictivo en niños, mujeres y hombres de su tierra.

Vallejo Mora fue juzgado y sentenciado con benevolencia. En marzo del presente año, el Cuarto Tribunal Unitario en Materia Penal del Primer Circuito, le redujo la condena de un año ocho meses, a siete meses, y multa de siete mil nueve pesos con treinta y cinco centavos, a mil trescientos cuarenta y cuatro pesos.

Al día de hoy, los cuantiosos bienes de su familia le siguen proporcionando un nivel de vida holgado; en lo que respecta a su ambiente social, existen evidencias de que fue nuevamente acogido en su seno, como el hijo pródigo que vuelve tras un azaroso viaje.

¿Y José Manuel Mireles Valverde, bastión de la lucha contra la delincuencia organizada en Michoacán, que exhibió en su momento la podredumbre de conocidos personajes de la política, vástagos y socios? Preso y enfermo; con un traslado a territorio michoacano que desde meses se anuncia, pero no acaba de fraguar.

Carl Jung consideraba que la existencia no está gobernada por la suerte ni el azar, sino por una ley motivada por la necesidad de un propósito.

En esa misma tesitura, Emilio Sinclair del “Demian” de Hermann Hesse:“Cuando alguien que de verdad necesita algo lo encuentra, no es la casualidad quien lo procura.”

Hegel afirmó que es torpe la coartada con la que aspiramos a esconder o justificar nuestra ineptitud o desidia.“Atribuir todo lo humano, o siquiera lo que a nosotros atañe, a la fortuna (nefasta o favorable), es necedad o engaño, pero negarla de plano, supone dogmatismo estéril y falso.”

No sé hasta dónde la casualidad o la suerte dominan la vida, sí que las personas que más quiero y admiro se han forjado de cal y canto, demostrando cada día que su talento no es suerte, sino fruto del esfuerzo y compromiso.

Terminando con lo que inicié: “¿Qué más voy a buscar yo?”, frase del aria “Una furtiva lacrima” de la ópera “L’elisir d’ amore”, compuesta por Gaetano Donizetti (1832) e interpretada por Enrico Caruso, presente en “Match Point”.

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