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Morelia, Michoacán a 24 de mayo de 2017
Morelia
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19.10

Treinta y tres

23 de marzo, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

A PROPÓSITO DE…

Martha REVUELTA MORALES S.

Actualmente somos más conscientes del daño ambiental que generan en la vida diaria el empleo de combustibles, sustancias químicas y manejo incorrecto de residuos; de ahí que va en aumento la práctica de tomar medidas responsables al momento de usar y desechar bolsas y botellas de plástico, latas, pilas, vidrio, aceite para cocinar etc.; sin embargo, poco pensamos en el impacto que produce en la naturaleza la ropa que compramos, que no siempre es la que verdaderamente necesitamos.

La fibra mayormente usada en la confección de blusas, camisetas, calcetines, pantalones, camisas, chamarras y vestidos es el poliéster, que según los expertos, tarda al menos  200 años en descomponerse por estar hecha a base de petróleo (anualmente se emplean alrededor de 70 millones de barriles para satisfacer la demanda mundial). Las prendas de rayón o viscosa se producen a partir de árboles (alrededor de 70 millones se derriban anualmente). Las fibras naturales como el algodón y el lino, son los cultivos que más insecticidas y pesticidas requieren.

Estas son algunas razones por las que se ubica a la industria textil como la segunda más contaminante del planeta, con el riesgo de que se acentúen sus efectos por fenómenos en expansión, como los llamados “lowcost”, “fastfashion” o “usar y tirar”: ropa barata, que debido a lo efímero de la moda, también a su mala calidad, termina en poco tiempo en la basura.

Existe un movimiento de moda sostenible que utilizafibras de plantas y de origen animalque son reciclables y biodegradables, también desechos de plásticos provenientes del mar o materiales regenerados, pero sus productosno suelen ser accesibles a cualquier bolsillo.

El grupo Inditex, dueño de las tiendas Zara, Pull&Bear, Bershka, Stradivarius, Lefties (su línea económica), entre otras, fue pionero en ofrecer prendas con precios relativamente módicos. Hoy en día es la mayor empresa textil del mundo, con alrededor de siete mil tiendas. México, con 360, ocupa el quinto lugar.

La llegada de nuevas empresas al mercado con precios más bajos, como Primark, Kiabi, H&My cientos de distribuidores de tiendas “online”, ha desatado una lucha feroz por atraer la atención de los consumidores. Esta competencia tiene sus sombras: técnicas que dañan el medioambiente y mínima calidad en la mercancía; lo peor: condiciones laborales indignas para quienes trabajan en las fábricas donde se confeccionan tales productos (principalmente en China, India, Turquía, Bangladesh, Marruecos y Egipto), como  salarios precarios, pésimas prestaciones, sufrimiento de enfermedades causadas por productos químicos y accidentes por falta de seguridad.

Dacca, la capital de Bangladesh, donde se elaboran las prendas que en semanas estarán en escaparates de las principales avenidas de Europa, América y Asia, es una de las ciudades más contaminadas del planeta, según la Organización Mundial de la Salud. El 80% de la fuerza de trabajo la desarrollan mujeres.

“Mejor mano de obra barata que pueblo pobre”, es una de las premisas del economista y Premio Nobel Paul Krugman.

En efecto, la producción y comercio de ropa permite la existencia de millones de fuentes de empleo, el comercio de sus variadas materias primas y el desarrollo de procesos industriales y de creatividad, sin olvidar su primigenia función: protegernos del viento, la lluvia, el frío o el calor; también que nos hace sentir bien vernos vestidos con colores, líneas y texturas que nos agradan, pero ¿no estamos llevando a terrenos peligrosos ese afán de comprarsin necesidad?

Según estudios neurológicos, al encontrar prendas con precio menor al esperado, ya sea para nosotros o miembros de la familia, se impulsa la liberación de dopamina y endorfinas, y motivados por esa breve sensación de placer las adquirimos, no siendo infrecuente que luego nos demos cuenta que ya había algo parecido en el clóset o en los cajones, o que no nos gusta cómo se ve.

Por ideas de que volverá a quedarnos todo aquello que tenemos guardado desde hace años, o que encontraremos un día ánimo para usar o mandar ajustar lo que nos pusimos una sola vez y relegamos al fondo del armario, vivimos entre montañas de ropa que miramos una y otra vez cada mañana, y pese a ello sentimos que no tenemos nada que ponernos, lo que justifica adquirir más.

La donación de ropa que hacemos a instituciones de beneficencia o personas de nuestro entorno aligera la conciencia, pero no es la solución; son millones de toneladas las que andan por ahí, sin encontrar un segundo uso.

La consultora Nielsen, reporta que entre las prioridades del consumo mundialen 2016, estuvo la de comprar ropa, luego de cubrir necesidades básicas y pagar deudas de tarjetas de crédito, pero antes de rubros como hacer mejoras en el hogar, destinar recursos para proyectos de entretenimiento familiar, ahorrar e invertir.

“Solo necesitas 33 piezas en tu armario para cada temporada, incluyendo en ese número zapatos, abrigos, bolsos y joyas”, es la base del proyecto iniciado por CourtneyCarver hace años, que demuestra que apostar por la combinación y la calidad genera mayorprovecho que la obsesión por multiplicar; así se pueden destinar la atención, los recursos y el espacio a cosas que de verdad importan.

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