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Aplica la ley, no hay de otra

2 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Cuando anunciaron un fin a la tolerancia a los normalistas, hubo un respiro de alivio. El día que se aplique la ley como se debe, cambiarán finalmente las cosas.

Cuando el Gobernador afirmó que se tolerarían más las violaciones al derecho y la justicia de parte de los normalistas y las agresiones a la ciudadanía, sonó muy hermoso. Muchos pensamos: ya era tiempo. Es tan clara la urgencia.

De haberlo cumplido, el gozo hubiera sido inmenso, como un amanecer y “un nuevo comienzo”.

Vivimos en estado de descomposición social. No le encontramos la salida a una situación terrible, larga, de estado fallido, caos con su secuela de violencia, impunidad, desempleo, miseria…

La situación es clara y simple pero necesita carácter de santo y héroe para aplicarla.

Es  bien sencillo: hay que aplicar la ley.

La ley tiene valor absoluto. Vemos que las leyes físicas no admiten excepciones, tampoco las leyes morales y menos los principios metafísicos como aquél: hay que hacer el bien y evitar el mal, la ley es para aplicarse.

Oímos expresiones: se hará caer todo el peso de la ley, hay que aplicar la ley caiga quien caiga.

La ley debe aplicarse absolutamente, sin otros compromisos de cualquier índole. No se somete a los poderes tenebrosos que actúan con fines bastardos.

No admite excepciones, especulaciones falaces, no se negocia, no se vende.

La decisión es simple. Aunque se vienen las consecuencias en cascada. Se cae encima el edificio de intereses injustos, facciosos. Las fuerzas del mal atacan desde las sombras o a la luz del día.

Para aplicar la ley y optar por el bien se necesita estatura grande de prócer o mártir. Hay casos en la historia: Jesucristo, Gandhi, Nelson Mandela, el de EU. El gobernante no está para reflectores, aplausos y “buena Vida”.

Es la oportunidad de mostrar el compromiso con el pueblo, la fidelidad a los principios, el cumplimiento de la palabra.

Es necesario también que el mandatario sienta que cuenta con los ciudadanos honestos.  Que el pueblo que opta por la justicia y la reclama, lo apoya y se lo demanda. El número de los sicarios y de los malvados es inmensamente minoritario.

El pueblo democrático espera un acto sencillo de su gobernador para enderezar el rumbo del gobierno: que aplique la ley, es la única medida que nos salva. Que la aplique a los normalistas que atentan contra el derecho de terceros y contra el bien común, y que no hacen la tarea esencial de darse una formación de excelencia. Que la aplique a los pretendidos profes que no aceptan una educación de calidad a través de la formación permanente y la evaluación, a todos los agentes vándalos y subversivos.

En los hechos somos un pueblo que se brinca la ley, que se da sus mañas para librarse de las infracciones y da mordida. No le damos a la ley un respeto sagrado.

Necesitamos convertirnos a la ley para ser el pueblo de la ley. Si no, ¿cómo exigimos que las autoridades apliquen la ley cuando los ciudadanos no lo hacemos? Necesitamos ser los ciudadanos de la ley y, todos juntos, el pueblo de la ley como el Israel antiguo.

La aplicación de la ley descansa en una conciencia moral bien formada para aplicar el derecho y los grandes principios morales. Se necesita la renovación moral en el Gober, en su gabinete y en todos los ciudadanos.

Hay que cumplir la ley, la urgencia es evidente. Sólo hace falta que los dirigentes y todos los ciudadanos lo queramos ver: el principio del orden, del estado derecho es el acto simple de la aplicación de la ley.

Si los normalistas delinquen, toman autobuses, impiden la libre circulación por causas falaces e insuficientes y la autoridad no les aplica la ley, consagra el caos y el estado fallido con la cascada, de consecuencias trágicas que trae consigo.

Si los que perturban el orden público no entienden sino con arrestos de los líderes, hay que empezar por ahí como lo hicieron con cuatro líderes de la CNTE en Oaxaca. Se verá si son tan valientes.

Si queremos un cambio de rumbo, es necesario que el Gober les aplique la ley a los normalistas como lo anunció. Sólo así podremos salir del basurero moral en que estamos hundidos, de la inseguridad y el miedo

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