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Atentado contra un sacerdote ¿ponemos la otra mejilla?

1 de agosto, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Mateo Calvillo Paz

 

Es el momento de creer en la palabra de Cristo. Hay que perdonar, es el camino para detener  la espiral de la violencia. Para el mundo es locura.

La Bestia del Apocalipsis está desatada, se aparece por todas partes en el planeta. Sus sicarios han hecho muchas muertes, en Michoacán, Guerrero, Francia, Alemania y en todas partes. Han degollado un sacerdote de Cristo y un laico en una misa, en el noroeste de Francia.

De alguna manera nos toca la espiral de la violencia en los que más queremos, en el corazón mismo de nuestros valores. Se ha perdido el valor de todo, de la vida, se ha llegado hasta profanar el corazón de los valores sagrados, los que tocan a Dios.

¿Qué puede esperar un humilde hijo del pueblo, en sus valores personales? Si esto pasa en leño verde……

Estamos aturdidos, embrutecidos, despojados de nuestra calidad humana y cristiana. Debemos rescatar la solidaridad. Hay que estar con los hermanos caídos, no podemos enconcharnos en nuestro egoísmo. En esta ocasión debemos solidarizarnos con un hermano sacerdote, inocente y un creyente laico.

No podemos ser ligeros ante la suerte y el dolor de los demás, asumir actitudes necias. No seamos rápidos en juzgar. No juzguen y no serán juzgados, afirma otra palabra del Maestro. No condenen….

Somos jueves jueces terribles, instantáneos, implacables contra los delincuentes.

Tampoco podemos dejarnos arrastrar por la corriente de odio que arrasa la tierra. Aunque tampoco podemos estar con los que sembraron opresión y odio por siglos.

Hay que ir al fondo del problema, los pueblos débiles, como los individuos han sufrido atropellos, colonización, saqueo, humillación, injusticia, bombardeos de parte de los países dominantes. Hay un resentimiento en el inconsciente colectivo. No podemos ser maniqueos, el mal no está todo del lado del Estado Árabe como tampoco de los países opresores.

Nuestro pueblo ha conocido esta experiencia en su historia. Es el caso de los pueblos del Medio Oriente que en otro tiempo fueron colonias de las potencias europeas. En Europa tuvimos muchos compañeros de las antiguas colonias francesas.

El perdón es un camino que debemos recorrer todos, sin llevar cuenta del mal.

Es otra lógica diferente a la lógica del mundo, es la sabiduría del Creador, del Eterno. Hay que poner la otra mejilla: escuchar, comprender, amar a los enemigos, hacer el bien a los agresores, y toda la sabiduría superior del Sermón de la Montaña.  Es un dinamismo exigente, difícil,  posible con el auxilio de Dios.

El poder del perdón es atómico, es lo que desactiva la espiral de la violencia. Está en el hombre que, en esto, es grande.

Los conflictos con el crimen organizado, con los estados terroristas no se resuelven con las amas que dejan resentimientos que se siembran y están latentes hasta mejor ocasión.

Dejar de hacer el mal, convertirse del pecado y perdonar son la vía regia, secreta, corta para salir de la ola de violencia.

Qué cerca está esta vía, al alcance de la mano. Qué lejos está para la sabiduría del mundo orgulloso, vengativo y miope. Y la gran ola de sangre continúa.

En la era de la globalización, de la comunicación planetaria e inmediata, somos miembros vivos de la humanidad y no podemos aislarnos de los grandes problemas. Estamos embarcados en la misma nave y corremos la misma suerte de la familia humana.

No podemos vivir como enfermos, retrasados mentales, como niños irresponsables, inconscientes, como animalitos  que viven sólo para comer y satisfacer sus instintos carnaleso sólo para divertirse.

Es hora de despertar y de ponernos a trabajar para cambiar el curso de las cosas. ¿Cómo? Tú, encuentra el camino, haz que el mundo cambie en ti y a tu alrededor. La salida del terror de la muerte pasa por el esfuerzo de cada uno de nosotros.

Los cristianos tienen la fe de Cristo, su sabiduría, energía y vida nueva. El es una guía segura para vencer el odio y detener la espiral de la violencia y hacer que triunfe el bien y el amor. Cristo tiene el remedio contra el odio y la muerte.

Más allá de los cálculos humanos, más allá de toda esperanza política y social él puede hacer aparecer lo inesperado, el mundo nuevo de progreso, seguridad, bienestar, que llevamos en el corazón como un sueño imposible.

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