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Conscientes de la grave situación

22 de agosto, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Mateo Calvillo Paz

En estado tan crítico, la sociedad necesita no perder la conciencia de la situación para no colapsar, que no nos anestesien con discursos falaces.

Hay crisis muy graves de salud en que no se puede permitir al enfermo que se duerma porque se muere.

No podemos cerrar los ojos ante la gravedad de la situación, no nos pueden dormir pintándonos la realidad que queremos, no la verdadera.

Debemos sacudirnos la somnolencia del conformismo, creyendo que estamos bien por la medallas obtenidas en los Juegos Olímpicos de Río.

Lo primero que necesita la sociedad democrática (DEMOS) es no perder el sentido de la realidad, ser sensible a los sufrimientos que estamos viviendo.

Al mismo tiempo, en el plano de los valores, no podemos olvidar el primero de los principios que norman la conducta humana, el del bien y del mal: debemos evitar el mal, hacer el bien.

Para distinguirlos, tenemos un sistema de valores, más importante que los valores de la bolsa, las inversiones millonarias y los bienes materiales que dan comodidad.

Hay que estar atentos a los acontecimientos donde se juega la paz social y el futuro de México.

La competencia grave, candente, trascendental de los mexicanos no está en los trampolines o pistas sino en la confrontación del Estado Mexicano con la CNTE que organiza bloqueos, permite quemar autobuses y presiona para que liberen delincuentes.

Los profes y sus comparsas han olvidado el principio fundamental de la conducta, lo tuercen a su manera: lo que ellos hacen está bien, su vandalismo, su atentado con la educación. Lo que hace el Estado, es malo como la reforma educativa y la aplicación de la ley.

Igualmente los gobernantes deben aplicar el mismo principio y no hacerse una moral a modo: el bien es aplicar la ley, el mal es no aplicarla, es un delito de omisión.

Al mexicano humilde se le aplica el gravísimo peso de la ley burocratizada y no se hace justicia. A los líderes importantes, como los de la Sección XXII de Oaxaca, los libera la tramitología burocrática, los sueltan y tampoco se hace justicia. También es un crimen de omisión por parte del poder judicial.

A la luz de la tradición católica occidental, el mayor bien del hombre y su sociedad no es la abundancia de bienes materiales, la producción, grandes negocios, urbanización, sino la justicia y el derecho.

Es el centro del proyecto eterno de Dios sobre la humanidad es la justicia y el derecho. Cuando el Creador decide renovar la humanidad, redimirla envía a su Hijo, Dios, el Mesías. Este vino a traer la justicia y el derecho, como lo afirma la Escritura.

¿Qué tiene que hacer el mexicano común y corriente? No dejarse marear por el discurso de la autoridad civil, que arregla las cosas a su modo. Debe ver las cosas como son y valorar con sentido crítico las soluciones que dan sus gobernantes como la gestión del problema educativo.

No todo lo que hace la CNTE ni lo que hace el gobierno es bueno. Aquí hay discernir el bien y el mal.

El ciudadano debe actuar, no esperar como niños de pecho que papá gobierno nos trate como se le antoje, los duerme con cuentitos y dice resolverles todos los problemas.

Debe involucrarse en la búsqueda del Bien Común, no puede quedarse contemplando desde la tribuna, debe discernir entre el bien y el mal, apoyar el bien y rechazar las decisiones malas o al margen de la ley.

El pueblo democrático es el soberano y debe ser servido por los servidores públicos, mandatarios para hacerle los mandados.

El pueblo tiene que hacer su papel e intervenir en la pista de juego, hay que dejar la dulce comodidad de la tribuna. Poco a poco hay que descubrir la tarea.

Así, los padres de familia, la familia ampliada, la sociedad no puede permitir que algunos profesores decidan boicotear la entrada a clases. El comienzo del año escolar ¡no depende de ellos! No tienen ninguna autoridad para fijar la fecha. Si lo hacen es por pura arbitrariedad y capricho gremial. Hacen el mal a millones de estudiantes.

Nosotros, hijos de la gran familia mexicana sí tenemos derechos y también obligaciones. Debemos entrar en acción, en la lid por defender la educación y nuestros valores,  no quedarnos de espectadores.

El papa muestra en México una gran luz “manifestando lo que es nuestra certeza y esperanza: siempre hay posibilidad de cambio. Estamos a tiempo de transformar, modificar y cambiar lo que nos está destruyendo como pueblo“.

Necesitamos convertirnos a Dios, estar atentos “a su llamado en el rostro sufriente de tantos hombres y mujeres”, de los niños sin clases y sin un futuro digno.

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