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Educación digna, derecho y tarea

24 de agosto, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Ante el año escolar que comienza se impone nuestra opción por la educación digna. Es derecho que tenemos que exigir y tarea que tenemos que cumplir.

Hay niños que sueñan con el primer día de clase y están emocionados.El comienzo de clases trae excitación de todos, más de los niños, bullicio que se contagia desde los niños y adolescentes.  Es señal de vida fresca y desbordante y motivo de gozo y también de carreras y una vida más dinámica. No hay de qué traumarse.

Más allá del movimiento alegre de los chicos, sabemos que hay atraso, lacras, deficiencias en educación que hacen cuestionarse sobre una realidad preocupante del sistema educativo y la baja formación se imparte en nuestras escuelas.

Vivimos en un momento histórico de un proceso global de la humanidad, que busca encumbrar al hombre como centro y como un ídolo, autónomo, centrado  en  sí mismo.  Es una corriente individualista o egoísta,en busca de antonomía.

En la carrera hacia la autonomía, los hombres derriban las trabas institucionales: los valores y las instituciones.

Exteriormente se mantienen las instituciones, interiormente se les manda al diablo.“Al diablo con las instituciones”, gritaba alguien que quería a toda costa apoderarse de la presidencia.

Los valores aún se esconden en algún lugar de la conciencia humana, en el sustrato cultural, herencia de la cultura occidental católica y la mesoamericana, se reconocen los valores.

Hay valores o bienes que se defienden en la teoría, como la seguridad, el bienestar, la vida humana digna.Los poderosos distinguen la situación ideal, que le gusta a la gente de la situación de desorden y maldad. Expresan conceptos que le gustan a la gente .

Así, los valores se mantienen, defienden y promueven  en el discurso, pero en la práctica se persiguen los antivalores.

El mundo anda de cabeza, se ha invertido el orden en la pirámide de los valores.

Han desaparecido los grandes valores del espíritu, que hacían héroes y santos:  la verdad, el bien, la virtud, Dios.

Ya no se traducen en ideales, en ideologías, en utopías que ya no mueven como antes.

En su búsqueda individualista, egoísta de autonomía, el hombre ha sido empujado por la producción y el consumo de bienes materiales.

Dos polos le atraen: el presente y el hedonismo, la búsqueda de placer.  Hay psicólogos que afirman que el hombre no debe negarse nada de placer así sea desenfrenado e irracional.

Se Hace muy importante el dinero, el medio que hace posible comprarse las satisfacciones de los instintos para una vida placentera.

Estas corrientes son telón de fondo de una buena educación.

Es una visión del hombre, pero es una mirada parcial y fragmentaria, se descuida su ser integral y su realización plena que le permite su felicidad auténtica, no espuria.

Muchos valores se ponen en stand by o se mandan a la papelera de reciclaje. Se barren muchos valores: Dios, el destino definitivo y pleno del hombre, el éxito definitivo, la gloria, todos los valores que se alejan del goce del cuerpo.

No se asume en el ser humano su condición de creatura, sujeta a limitaciones y errores, a desviaciones del orden del universo y del código de ética humano, a perversiones, pecados y crímenes.

Debemos rescatar la verdad del hombre integral, ser de consumo pero también ser de pensamiento, libertad, afecto. Esta verdad del hombre es una clave de lectura para ubicarnos en nuestro caminar en sociedad, en campos bien específicos como el de la educación y el de la gestión de la cosa pública.

Orientados por la verdad del hombre y sus sistema de valores, por los demás tradicionales, para defender una educación auténtica, digna, verdadera, que valga por sí misma.

Así podemos rechazar las caricaturas de educación y proscribir las mentiras, la enajenación que aparecen en el ausentismo, vandalismo de quienes se presentan con nombre de profesores pero que han perdido su identidad y no educan. Son lobos rapaces vestidos con piel de oveja, diría el Maestro.

En la crisis honda y grave, en la emergencia educativa, debemos ubicarnos, ver con claridad y tomar partido.

Una exigencia fundamental, secreta, que no pueden entender los necios y empecinados: descubrir nuestra verdad integral de hombre, de mujer, recuperar nuestros valores y jerarquizarlos, tener la lucidez de Pablo de Tarso:“hago el mal que no quiero y dejo de hacer el viene que quiero”.Es tan esencial como saber distinguir el bien del mal en educación. Hay que saber detectar y desechar las acciones perversas de algunos agentes del conflicto.

La educación es un proceso inacabado, permanente del ser humano que no deja de crecer, primero en su cuerpo y siempre en su espíritu, que tiene que navegar en las corrientes cambiantes del mundo hacia la patria definitiva.

Hay muchas posibilidades y ofertas de educación para todas las edades pero el proceso es más bien personal, necesitamos vivir una formación permanente de reflexión y de corrección para adaptarnos a los procesos sociales y acercarnos a nuestro destino definitivo que la sabiduría eterna diseñó y el poder infinito nos dio.

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