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El hondo y palpitante deseo de paz

28 de diciembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Tenemos miedo por la violencia asesina, no tenemos paz, deseamos ardientemente que venga la paz. Pueblo mío, si supieras ahora lo que puede traerte la paz, afirma Cristo.

La gente de a pie comenta que ve por todas partes que los malos oprimen, golpean y matan. Sienten que es el reino del terror.

Sienten que se ha perdido el sentido del bien, de la ley, está atada, golpeada, drogada la conciencia moral.

Simplemente abrimos los ojos a la situación real y encontramos dondequiera asaltos, asesinatos, secuestro de autobuses y muchas formas más de atraco y violencia.

Un chico del Rancho de las Esmeraldas fue sacado de su casa por gente que vive ahí  pero que vino de fuera. Recibió tal golpiza que anda como demente.

No hay quien nos defienda comenta una campesina.

Los discursos de los noticieros y de los poderosos presentan un país color de rosa e ilusorio. La gente percibe que están desconectados de la realidad, es una esquizofrenia social de quienes tienen el poder y de su primer círculo.

¿O hay un maquillaje de la realidad que les impide conocer las cosas como son, tener conciencia de la situación y actuar en consecuencia?

¿En estas circunstancias la noche de navidad no parece poder ser sino una noche trágica. Puede haber quizá algunas celebraciones religiosas o profanas sin sustento como una evasión, como un opio.

Una celebración plena de la felicidad honda que deja una sensación de paz y felicidad, ¿Es imposible? ¿Hay una posibilidad de paz? ¿La tranquilidad en una noche totalmente feliz, sin sobresaltos es un sueño inalcanzable?

Con los seres humanos que conocemos y en una situación de descomposición social donde prevalece el orgullo, el egoísmo, el vacío de Dios y de su ley sabia es imposible una noche de paz profunda, genuina. Dejado a sus fuerzas el hombre se revuelca en la inconsciencia que produce corrupción, injusticia con frutos de dolor para los pobres, consentidos de Dios.

Pero el hombre es materia que se rige por las leyes físicas y biológicas y espíritu que se rige por la inteligencia y la libertad que trasciende los determinismos y cálculos científicos.

El hombre es cuerpo mortal pero también es trascendencia. Si guía sólo por la lógica de la carne está preso sin remedio en el mundo que vemos.

Por su trascendencia, el hombre puede trascender los cálculos de las ciencias humanas y aspirar a los viene profundamente e íntegramente humanos y a los bienes espirituales para su alma.

Así puede vencer situaciones imposibles para las fuerzas y posibilidades de su cuerpo, la parte que comparte con los animales y los seres inanimados.

En su alma, el hombre se abre a la trascendencia y a un mundo que no cae bajo los sentidos corporales. Es un dominio en que puede ir en alianza con un poder más grande, todo poderoso, un poder bueno que vence la soberbia, mala voluntad, astucia y mentira de los hombres.  Es un poder desinteresado y fiel, bondadoso e inclinado a los humildes.

Navidad es una alianza con Dios que transforma la noche de miedo y de crimen en una noche de claridad y serenidad.

Hay que trascender la visión placentera del cuerpo para percibir la otra dimensión, el mundo de lo alto, la dimensión de dios que hay en ti.

Dios viene a dar una seguridad diferente, íntima, un orden, hombres fraternales- Viene a alzarte a tu dimensión eterna y divina donde disfrutas una noche de paz, noche de amor. Te alza a la escena del nacimiento de un niño que viene a inaugurar un mundo nuevo, el mundo del bien, sin corrupción, sin opresores corruptos y mentirosos.

Para el que tiene fe todo cambia, la noche de navidad puede ser clara, luminosa, armoniosa desbordante de amor y alegría. Se desbordan los sentimientos más nobles y se desborda la felicidad.

Sólo hace falta ir más allá de los placeres del cuerpo, seguir los deseos de tu alma. Álzate del mundo material al mundo de lo alto donde Dios se manifiesta, nace en tu vida con nuevo esplendor, con un gozo más puro.

Hay que poner los medios que tenemos a nuestro alcance acercarnos a las comunidades de la Iglesia que son como la cueva donde Dios nace y te permite una experiencia sobrenatural, celeste.

La persona de fe tiene lo  necesario para alcanzar los bienes de la felicidad y la plenitud que sueña par la navidad. Por eso podemos desearnos con verdad: ¡feliz navidad!

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