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El poder del mal, vencido

6 de abril, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Este túnel de crisis, sufrimiento y maldad de los humildes parece no tener fin. Sin embargo, en la muerte y resurrección de Cristo quedan vencidos definitivamente.

Cuando salíamos con los Scoutts de Francia a campamento, llevábamos en la mochila lo esencial. Con mayor exigencia lo hace el soldado que sale de campaña.

Cuando un hermano se enfrentó a la muerte, cáncer terminal, platicamos con él, se había despojado de todo lo que no era Dios.

Si queremos seguir a Cristo y entrar en el Misterio, en su sacrificio que va hasta la muerte, necesitamos despojarnos en los días santos de todo lo superfluo: pachangas, comidas, vino, vanidades, frivolidades, placeres exacerbados, degenerados.

Sólo así entramos en la experiencia de un más allá fascinante y tremendo como la experiencia de lo sagrado.

Con el sacrifico de Cristo, entramos en el país de los enigmas, la vida tiene grandes y terribles enigmas: el dolor, la muerte, la felicidad soñada….

Seguimos a Cristo, no sólo tenemos una luz sobre el principio, la suerte final, sino que entramos de lleno en los enigmas y vivimos la experiencia de transitar por caminos secretos y encontrar la luz al final del túnel y un día y un país sin sombra ni sufrimiento ni muerte.

La Palabra de Dios que se proclama en los oficios del viernes santo nos lleva al drama extremo del sufrimiento del inocente, el sufrimiento del pueblo de Michoacán, del pueblo de Dios. Dios metido en esta historia de corrupción, en la persona de su Hijo, se echa a cuestas todo el sufrimiento, injusticia, humillación, angustia….

El Servidor de Yahvé que anuncia, como un guion escrito seiscientos años antes, pinta este dolor, tortura, crueldad y maldad llevados al límite. Cito este poema conmovedor:

Muchos se horrorizaron al verlo

porque estaba desfigurado su semblante,

que no tenía ya aspecto de hombre,

pero muchos pueblos se llenaron de asombro…

Creció en su presencia como planta débil,

  Como una raíz en el desierto…

  Despreciado y rechazado por los hombres,

Varón de dolores, habituado al sufrimiento,

Como ante el cual se aparta la mirada

Despreciado y desestimado..”

Jesús es inocente, todo lo hizo bien, no fue semejante a nosotros en el pecado. Así y todo, sufrió como el peor de los criminales. Porque él cargó con los crímenes de todos nosotros pecadores. Isaías lo contempla en visión:

El soportó nuestros sufrimientos

Y aguantó nuestros dolores…

Traspasado por nuestras rebeliones,

Triturado por nuestro crímenes,

El soporto el castigo que nos trae la paz,

Por sus llagas hemos sido curados.

Cristo vive la experiencia del desamparo en que vive el pueblo de Dios, olvidado por sus jefes civiles y religiosos:

Todos nosotros andábamos como ovejas errantes,

 Siguiendo cada uno su camino”.

El Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes….

Como cordero llevado a degollar”.

La indignación y rebeldía que sienten tantos inocentes por la arbitrariedad, el autoritarismo porque no se aplica la ley y la autoridad judicial los condena mientras el criminal anda libre, el Señor lo experimenta en carne propia. Es el sufrimiento y la impotencia del pobre:

“Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron,

¿Quién se preocupó de su suerte?…

Lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo”.

La lógica del pecado queda desarticulada, Cristo vence el mal, toda esa solidaridad diabólica que siembra la corrupción, el dolor, el terror en el pueblo de Dios. Se necesita la intervención del poder de lo alto para vencer el crimen con sus poderosas redes de hombres perversos que quieren destruir al hombre y desafían a Dios.

Caminando entre sombras de muerte, cuando se está al límite de la resistencia, Cristo es modelo de esperanza, nos enseña una confianza inquebrantable en el poder de lo alto de Dios que no falla. Leemos en el salmo:

A ti me acojo, no quede yo defraudado, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Pero yo en ti confío, tu eres mi Dios y en tus manos está mi destino.

A pesar de los tormentos indecibles, insoportables del cuerpo y del alma Cristo tiene esa confianza en la fidelidad y el amor de su Papá del cielo.

Había confianza en él cuando exclamó en la cruz: “Todo está cumplido e, inclinando la cabeza, entregó el espíritu”.

Cristo queda convertido en un deshecho humano, muerto. Aun los suyos sienten que todo terminó. Pero Dios tiene la última palabra, contra toda previsión, levanta a su Hijo glorioso e inmortal. Queda inaugurado el mundo nuevo de justicia y felicidad de los pobres.

Nuestra vida se amasa con dolor, problemas, injusticias, con Cristo no flaqueamos, ponemos nuestra confianza en el Padre Dios. La victoria sobre el bien y la maldad viene, tiempos mejores de humildad, verdad, paz y bienestar de los pobres.

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