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En el tema de las protestas, ¡no se hagan bolas!

27 de junio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Mateo Calvillo Paz

Mucha gente no ve claridad quién tiene la razón en la cuestión de educación de calidad y quién está contra el derecho de los niños, y “se montan en su macho”.

Grupos se oponen a la educación de calidad por defender sus privilegios facciosos y materialistas muchas veces. No quieren dialogar para buscar el bien común y la verdad sino para salirse con la suya.

Hay que poner en su lugar a los dos bandos. No se pueden poner en el mismo nivel a quienes defienden el estado de derecho, aplican la ley y a quienes se oponen al bien de la sociedad, trastornan el orden establecido, están faltando al cumplimiento de su deber  y atentan contra el bien de  los niños y su derecho a la educación.

En el cuerpo social como en el cuerpo humano hay quien vela por la salud del cuerpo y quienes hacen la labor de infección y el trabajo del virus.

Estos defienden intereses gremiales, privilegios que les reditúan dinero, que han cometidos graves daños a terceros, son causantes de que se pierdan millones de horas de trabajo, millones de pesos de los comerciantes, que han cometido daños materiales que no han reparado. Son responsables de la violencia que desencadenaron y de todas las consecuencias que puedan venir como la pérdida incalculable de vidas humanas.

El gobierno debe velar por el bien de todos los ciudadanos, para eso está ahí.   Debe establecer la justicia y el derecho

Debe aplicar la ley, con el diálogo si éste es honesto y da resultados, si no con la fuerza coercitiva, cuando se agotan las otras posibilidades.

En cualquier empresa e institución, hay que aceptar las normas, el orden. Se debe colaborar para lograr los objetivos.

Los derechos se ganan cumpliendo las obligaciones. Quien no trabaja por una empresa no tiene por qué exigir sueldo y prestaciones.

Somos seres racionales sociales, vivimos en una sociedad ordenada. El ser humano, por su dimensión espiritual,  se guía por los grandes valores y principios.

No podemos perder piso ni la proporción de las cosas ni la jerarquía de valores. El centro y valor supremo de la sociedad es la persona humana.  Nadie la puede utilizar para otros fines.

El bien de las personas en la comunidad es el Bien Común.   Estamos obligados a buscarlo, a evitar ir contra.

No podemos quitar el cimiento de la verdad que es la conformidad entre lo que uno piensa y dice con lo que hace y con la realidad objetiva. También se llama coherencia.  La verdad es la misma en todas partes, para todos. No hay una verdad ante el público, otra ante los compañeros, ante los niños o sus papás.

Debe haber verdad en las razones que se esgrimen para luchar, verdad que han perdido muchas veces los sindicatos.

Otro cimiento de la convivencia social debe ser la justicia. La conmutativa ordena el trato equitativo en la relación recíproca: recibes tu dinero a cambio de trabajo.

Los maestros están obligados a valorar su profesión, a trabajar por vocación, no como mercenarios o como espurios.

La sociedad debe luchar por el bien común, la persona humana y los grandes valores. Debe estar con su gobierno.

El gobierno debe estar con su pueblo, con todos, con los pobres.

Si hace arreglos al margen de la justicia y no castiga a los delincuentes, está a favor de los delincuentes, obedece a presiones cobardemente, arregla las cosas por el momento, en forma aparente y parcial. En realidad está contra la comunidad.

El mal está ahí y se vuelve ciertamente contra la sociedad. El caos social sigue avanzando, dañando al conjunto, afectando a la mayoría inocente. Por eso estamos en descomposición social.

No “nos hagamos bolas”, las autoridades no puede dar soluciones para el momento, a favor de unos cuantos, porque les tiembla la mano.

Es como dar alcohol al enfermo del hígado por quedar con todo mundo y cuando venga el cáncer terminal se hacen los occisos.

Debe aplicarse la ley a los delincuentes, que trastornan el orden y causan perjuicios con sus “manifestaciones” aunque aquéllos presionen. Debe obligárseles a reparar los daños. Los arreglos al margen de la ley son un atentado contra el bien común de todos los mexicanos.

Sólo por justicia se puede liberar a criminales, para aplicar la ley, no por presión social, es entregarnos a mayores males. Nos ponen en manos criminales.

Los ciudadanos deben exigirle a la autoridad que cumpla oportuna, valientemente su tarea. Si no a cumple por complicidades, cobardía, negligencia debe demandárselo y cobrárselo. Debe vigilarlo siempre para que cumpla su deber con dignidad.

Los ciudadanos necesitamos o un criterio sabia y moralmente formad para decidirnos a favor de la sociedad, el bien común y contra la transgresión de los enemigos de la gran familia de México.

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