IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 26 de marzo de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

18.13

18.90

Flotando en un mar tenebroso y sin señalamientos

4 de julio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Mateo Calvillo Paz

 

En una situación de agitación e ingobernabilidad, hemos perdido piso, en un mar de descomposición vamos a la deriva, sin puntos de apoyo, sin ley.

Ante problemas y vicios que venimos arrastrando, como la agitación de la CNTE, los gobiernos se refugian en un diálogo imposible, inútil durante años.

La gente siente que los gobernantes buscan preservar el bien de su partido y el de los gobernantes por la riqueza y el poder, es su móvil secreto y efectivo.

Dicen que quieren resolver los problemas y se adornan con palabras bonitas de valores aceptados por todos, como la ley, el derecho, el bien del pueblo, pero es sólo pose.

También cuidan su imagen internacional y se arropan con los derechos humanos.

Tienen pánico de aplicar la fuerza de la ley que detentan como autoridad, tienen a los policías de adorno.

Y nos tienen dando vueltas en el lodazal de la corrupción. Sin los valores que fundan la convivencia social, no pueden detener la caída en el estado fallido por la pérdida del estado de derecho.

Se desvisten de los valores espirituales y morales a nombre de la ideología liberal y del siglo de las luces, marginando y borrando a Dios.

Hay estallidos sociales como presagios de una situación que puede generalizarse con consecuencias impredecibles.

La solución es clara y sólida como cristal de roca, hay que seguir los valores  universales, olvidándose del griterío de opiniones locas, disparadas en todos sentidos, superficiales.

“Todos los valores sociales –afirma el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia – son inherentes a la dignidad de la persona humana, favorecen su auténtico desarrollo son la verdad, la libertad, la justicia, el amor”…  Su práctica es el camino seguro y necesario para  la perfección personal y una convivencia social humana, constituyen la referencia imprescindible para los responsables de la vida pública llamados a realizar las reformas sustanciales de las estructuras económicas, políticas, culturales y tecnológicas…”  (n. 197).

El camino para salir del estado fallido es claro y seguro. Hay que tener mano firme que no tiembla ni se reblandece ni se tuerce para aplicar la ley.

La ley está al servicio de la justicia que es dar a cada quien lo suyo. Hay que hacer justicia sin distingos ni interpretaciones malévolas, por encima de compromisos y compadrazgos y colores de partido.

Debe aplicarse a todos sin excepción, no se manipula, no se negocia ni se vende. Como las leyes de la naturaleza no admiten excepción y nunca perdonan, tampoco la ley, en el plano moral, admite excepción y nunca perdona.

La ley se aplica aunque duela, no es para apapachar, tener contentos a todo mundo, quedar bien. La ley y la justicia son un valor que valen la pena por sí solos.

Para aplicar la ley hay que fincarse en la verdad por la que se aceptan las cosas y los acontecimientos como son. Los hechos imponen su verdad, al gobierno y a la CNTE. Los dos no pueden estar en la verdad, la verdad es una.

La verdad es la conformidad entre la mente y la realidad, no es lo mismo que una opinión o el conjunto de opiniones, sean de quien sean, No porque un grupo grita mucho y toma carreteras o porque un líder se cree mucho, está en la verdad.

El hombre es libre y por eso responsable de sus hechos: hay que asumir la responsabilidad de los hechos. Los hechos vandálicos, el daño a la sociedad son imputables a sus autores que deben responder por ellos y reparar los daños.

Sólo se puede dialogar en la aplicación de la ley, cuando los profes estés en el aula, cumplan efectivamente su deber y no anden desestabilizando, tomando a inocentes, personas y pueblos, como rehenes.

La solución del problema es clara, no es grata a primera vista pero trae el Común verdadero. Para el gobierno es claro que su deber es aplicar la ley en educación y garantizar a los alumnos formación formal y a los profes dar su merecido por su actuación y los frutos educativos que han producido más allá de discursos convenencieros.

El católico tiene un valor adicional, la fe en el Señor de la historia. En él encuentra una presencia más grande, buena, protectora, sabia, encuentra un abrigo de justicia, verdad y libertad. Es un Dios fiel, no es voluble, es misericordioso.

Comparte la nota

Publica un comentario