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La familia es noticia sin escándalo

26 de octubre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

La Iglesia universal, reunida en Sínodo, representada por padres sinodales, parejas de casados y peritos muestra un camino precioso, único para la familia.

El Sínodo es la reunión en Roma de obispos de todo el mundo para tratar temas de importancia y actualidad y apoyar al Papa, como órgano consultivo.

Presenta reflexiones al Papa para que él traduzca la verdad de Cristo sobre la familia al hombre de las grandes comunicaciones.

La institución de familia, incomprendida y maltratada por muchos que sirven a intereses bastardos, es fundamental para la vida humana. Es matriz, dulce hogar y baluarte para el hombre en su desamparo y luchas.

Participan como padres sinodales personas conocidas, el obispo de Morelia, Cardenal Alberto y Rodrigo Aguilar de este clero de Morelia, obispo de Tehuacán, presidente de la Comisión Episcopal de la Familia.

La familia sorteará el oleaje de las modas mundanas de convivencia matrimonial y familiar. Dondequiera que haya hombres existirá la familia en su forma original. Sobre la familia hay verdades ricas y luminosas que no se reducen de ninguna manera a la cuestiones de los divorciados vueltos a casar o al número insignificante proporcionalmente de uniones homosexuales.

El sínodo se encamina a su fin. El 24 de octubre por la tarde se votará el documento final. Ha trabajado en una búsqueda serena y constructiva, sin gritos estridentes, facciosos, sin tomas de tribuna ni confrontaciones tan irracionales como estériles.

No faltó la carta de un grupo de padres sinodales integristas, no representaban ni el cinco por ciento de los participantes. Sus propuestas fueron aclaradas en su momento por el Cardenal Walter Kasper.

El movimiento de preocupación por la familia en la Iglesia viene de lejos. Ha sido un permanente proceso de observación y análisis de la realidad, reflexión y oración. En este impulso se celebró en Roma hace un año el sínodo extraordinario de la familia.

Divididos en trece grupos lingüísticos, han aportado una riqueza abundante de reflexiones. Así llaman al material que entregan al Papa. Hay tranquilidad y confianza en el consenso de la votación del documento final por párrafos.

El acervo de resultados lo entregan los padres confiada y humildemente al Papa, el escrito no se dirige al mundo.

El Papa elaborará en su reflexión, en su consulta orante a Dios el evangelio de la familia, para guiar a las familias del mundo en sus luchas, para hacerles redescubrir su identidad y aclaren su misión en el mundo de descomposición social, que pierde los señalamientos seguros y el sentido de la vida, de depresión y suicidio, crimen y anarquía.

En documento el Papa podrá anunciar el Evangelio de la familia. La Palabra de Dios es viva y acompaña al hombre en toda su historia. Cristo ayer hoy y siempre es Evangelio vivo.

Pero el movimiento de atención a la familia, de su revitalización, no se queda ahí. El sínodo es, sin duda plataforma para el lanzamiento de la misión de las familias en el mundo.

Es ahí, en las situaciones de dicha y en las situaciones críticas, de desencanto, traición y duda donde se espera la redención, una salida segura de la crisis hacia la vida nueva de fidelidad a Dios y al hombre.

Las familias del mundo, ¡alégrense! Las familias triunfarán contra sus depredadores, contra todas las formas de seducción, deformación y devastación.

La enseñanza del más grande de los maestros, actualizada en las directrices del Papa se dirigen a las familias del mundo para que se sanen, fortalezcan y saquen al mundo de sus crisis arraigadas de corrupción, inmoralidad, muerte y las detengan en la caída libre al rompimiento familiar y al caos, al mundo del capricho de poderes oscuros.

Las familias tendrán ayudas muy ricas, más fuertes cuanto son espirituales, tendrán luz y energía,, sabiduría y libertad. Caminarán a zonas de vida digna, honesta, en la armonía y paz, en el progreso integral, material y espiritual.

Se esperan todos los veneros que se despertarán en todo el mundo, en las comunidades, en las personas. Debe sentirse un viento de reflexión, discernimiento, decisiones  y renovación que llegará a las últimas parroquias y pequeñas comunidades del mundo.

Será el turno de todos, creyentes o no, para rescatar la familia y su espacio de seguridad y amor. Y serán todos muy felices.

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