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La iglesia en la nueva era de las comunicaciones

19 de octubre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

En la ola vertiginosa de la comunicación que impulsa la tecnología, la Iglesia está obligada a subirse a la ola y acompañar al hombre y llevarlo a buen puerto.

La Iglesia es la gran familia de Dios que navega en la historia hacia la utopía, el destino final y triunfal.

Sigue los pasos del Maestro que camina adelante como el pastor, con gran poder.

Avanza en los vientos de la historia, huracanados, negros, de dirección incierta.

El hombre puede quebrarse si no sortea los escollos, puede perder el rumbo, caer en el hoyo negro, en el abismo, en la desgracia sin retorno y eterna.

Se necesita una guía para no perder el norte, una luz en la opacidad de la contaminación, una fuerza superior a las fuerzas terribles del destino y los fenómenos ciegos de la naturaleza en el cambio global.

Cristo está presente en el pueblo de los creyentes, redimidos, convertidos, santos que llevan su Palabra y su vida divina.   Conserva el tesoro de Cristo que debe administrar a favor de los hombres pecadores.

Su tarea es salvar al hombre: en un doble movimiento. Debe, en primer término, liberar al hombre de su corrupción, injusticia, vacío de valores trascendentes, desigualdad social, miseria de bienes materiales: salario, medicamentos, con horizontes cerrados, sin esperanza.

En segundo término, debe llevar a los hombres al mundo nuevo y definitivo de los bienes verdaderos, a la plenitud de la vida, el gozo, la realización de los más nobles deseos que el mundo no da plenamente, la gloria.

Para hacer la tarea, el pueblo de Dios que hace presente a Cristo salvador, debe caminar con el hombre, a su lado, no permanecer distante ni quedarse a la zaga.

El hombre de hoy ha entrado en el los vientos vertiginosos de los cambios que antes eran pesados, con lentitud de siglos.  Hoy vive una revolución que alcanza globalmente la vida, todas sus expresiones, El mundo entró en el huracán, de donde sale una creación revolucionada, un mundo y un hombre inéditos.

El hombre abre los ojos y se despierta en un mundo irreconocible, distante del mundo viejo. Se tiene la impresión que, como en un caleidoscopio, el mundo se metamorfosea de un momento a otro, de manera que los individuos no se reconocen a sí mismos, se agitan con velocidad de vértigo, que los deja sin aliento.

En este mundo que vive una nueva era, no sólo cambios en la misma época, la Iglesia debe comunicar su luz original y dar la  vida del Redentor del que es depositaria.

No se puede quedar sentada al margen de la corriente, en sus seguridades seculares, esperando que el hombre se acerque y tome su paso.

En la naturaleza creada y la vida del hombre todo es comunicación. Dios es comunicación.

Para comunicarse a Pedro en la era de la tecnología y las redes digitales es necesario tener en las manos preparado, traducido, actualizado el tesoro que vamos a comunicar.

También es necesario conocer a Pedro, sus sueños, sus reacciones y manera de ser, de aprender las cosas y de expresarlas, para hablarle, no sólo a su inteligencia sino también a sus emociones y vibraciones.

Es necesario meterse en el ojo del huracán, sin perder pie, y orientar el movimiento y seguir al Maestro que camina sobre las aguas y da órdenes al mar y al viento.

La Iglesia existe para comunicar y necesita renovarse permanentemente para hacer esta tarea.

Se pone a observar al hombre, para conocerlo y ponerse a dialogar con la sociedad mediática. Por eso hace estudio de mercado, de psicología social y de otras ciencias, no para manipular al hombre sino para servirlos en sus necesidades profundas. Tiende puentes para recibir la luz y la fuerza de lo alto.

La Iglesia analiza su comunicación para conocer a los destinatarios, su existencia nueva, cosmovisión, edificio de valores, vicios y pecados.

Al mismo tiempo conoce el tesoro salvífico, la verdad que ha recibido en tutela, lo contempla, lo amasa, lo recibe de las manos del Maestro para responder a los retos del momento y las necesidades y aspiraciones profundas del hombre que desea bienestar, progreso, el sentido de la vida, realizar su destino trascendente.

El encuentro de comunicadores es un momento privilegiado, intenso para tomar el hilo de la tarea, y relanzar un trabajo atento de reflexión y praxis siempre renovada, que escruta los signos de los tiempos y las voces del hombre, en el mar encrespado de la corrupción, violencia y dolor de las multitudes.

Los responsables de la comunicación social de las diócesis, en reunión de análisis y prospección, ven el panorama con infinito asombro. Buscan organizar su percepción y reflexión sobre la cultura mediática, detectar los retos, renovarse, utilizar los ventajas de los dispositivos de una tecnología de punta, tener la experiencia de Cristo para hacerlo presente en la nueva era.

Los comunicadores quieren responder a la necesidad de una luz para salir de las crisis y una vía para transitar a una vida nueva de verdad, progreso, tranquilidad, de los bienes verdaderos que se resumen en la paz.

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