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La realidad ficción de los tiempos hipermodernos

14 de julio, 2014

admin/La Voz de Michoacán

Diálogo

En la realidad ficción que pinta el discurso oficial, los pobres no se reconocen, viven otra verdad y disciernen la incongruencia en las palabras de sus jefes.

“En Michoacán el crimen va disminuyendo, lo que ha aumentado son las denuncias”. “En mi gestión lo he ido arreglando todo en Michoacán, no tengo más que éxitos”. “Los gobernantes que hemos tenido han sido honestos”. “Morelia está entre las mejores ciudades del mundo por su urbanización, orden, inversiones”.

Afirmaciones de esta índole escuchamos a diario en las noticias. Los dirigentes manipulan la realidad, tal vez inconscientemente, la acomodan según les conviene.

Este fenómeno se ubica y se explica en la filosofía de Gilles Polivetsky como lo presenta Sebastien Charles, El explica los grandes cambios de época, de la modernidad a la postmodernidad y a los tiempos hipermodernos por el individualismo que hace a un lado las normas y valores, llevado por el deseo de autonomía y por la producción a gran escala, el consumismo, la moda.

Así, por su individualismo, el ser humano intenta prescindir de los grandes valores trascendentes, entre ellos la verdad. Se guía entonces por la conveniencia, el placer, la moda que muchas veces no son valores verdaderos sólidos ni seguros.

 

Una consecuencia es el la realidad ficción en que nuestros dirigentes nos quieren hacer habitar como en una nube, en una especie de realidad virtual. Ahí la verdad no es la adecuación, conformidad con el orden de las cosas. Es una elaboración de la mente que acomoda las realidades objetivas para servir a su yo individualista. El hombre crea un mundo ideal con su palabra, por decreto hace existir la realidad, con su palabra “poderosa” resuelve todos los problemas.

La realidad ficción es un fenómeno de los tiempos hipermodernos, es una deducción que se puede hacer lógicamente en el sistema de Polivetski aunque Sebastien Charles, su comentarista, no llega expresamente a formularlo.

 

Muchos políticos parecen vivir en la realidad ficción. La realidad no viene impuesta por las cosas, los hechos exteriores a la persona y los procesos naturales y humanos, la realidad la crean los discursos políticos, construidos con afirmaciones mentales y fantasiosas, con decretos. Es un discurso dogmático porque los hombres públicos creen que su palabra tiene poder creador o creen que ellos pueden definir lo que es real como un dogma de fe.

El presidente se convierte en un dios falso y los que lo rodean se inclinan ante él y le confieren el poder de definir las cosas.

Las bromas tienen su parte de verdad, lo dicen bien

Pregunta el presidente ¿Qué horas son, secretario?

El secretario responde: las horas que usted guste, señor presidente.

 

Los pobres del pueblo sienten la realidad, la perciben. Captan la distancia que separa la realidad que viven del discurso que pronuncian sus dirigentes.

Actualmente, como se vive en Apatzingán y en Michoacán, la verdad de la gente es de dolor que flota en el ambiente, de inseguridad, la frustración, la indignación que no tiene cauces de expresión. Es una realidad de impotencia ante un mundo falso, hostil, ante sus autoridades distanciadas, muy altas.

 

Mientras el hombre sea hombre, se conformará a la verdad y la distinguirá de la ficción. La verdad es un valor absoluto, universal, eterno. El hombre se construye a sí mismo sobre el cristal de roca de la verdad.

La verdad termina por imponerse en las personas de sentido común, de juicio sano, no contaminado por modas.

Podemos resistir a la moda, a copiar el pensamiento y actitudes de todos, como el Berenger de Ionesco en El Rinoceronte. Podemos permanecer fieles a nosotros mismos fincados en nuestros valores universales, permanentes y eternos.

En la evolución social que describe Polivetsky, cuándo se producirá la reacción, según la ley del péndulo. ¿Cuándo los gobernantes de cierto partido compartirán la verdad vivida por la gente y normarán su gestión conforme a la realidad que vive la gente? ¿Cuándo bajarán de la nube de humo?

El Maestro, que ilumina a sus privilegiados creyentes, señala la verdad como base inconmovible de la vida. El vino de lo alto a enseñar la verdad. Su revelación tiene una dimensión supra temporal. Es un valor que es firme por encima de los avatares y vaivenes de la evolución de la sociedad,.

Los pobres y los humildes no se engañan, perciben la realidad. “Te doy gracias, Padre, señor del cielo y de la tierra porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”, exclama el Maestro.

No se les engaña, fácilmente se dan cuenta cuando pueden confiar en sus jefes porque éstos les dicen la verdad y actúan conforme a ella.

Los valores humano divinos permanecen, no pasan. Sólo se opacan por algún tiempo pero vuelven a brillar. En la verdad podremos ser nosotros mismos, como buscan los partidarios del individualismo, realizar nuestro destino definitivo y tener el placer más grande, integral, auténtico, alcanzar el bienestar, la plenitud y la paz.

Debemos ser personas de verdad, tener criterio para discernirla cuando nuestras autoridades nos hablan; nosotros mismos debemos decir y hacer la verdad y resistir a un mundo de engaño y ficción.

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