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Las leyes de las uniones homosexuales

10 de agosto, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Los homosexuales son dignos de todo respeto como los heterosexuales y están obligados todos a guardar las leyes de los hombres, de la naturaleza y de Dios.

El matrimonio entre personas del mismo sexo ha sido y es noticia.

Se siente la presión de poderes con estrategias bien orquestadas y poderes fácticos y políticos que empujan esta tendencia entre bambalinas.

Pretenden promulgar una ley, la iniciativa está en proceso, el Congreso local, está en las consultas.

Psicólogos eminentes afirman que los gays no nacen, se hacen. La “tendencia diferente” se forma por influencia de la sociedad, la moda, la publicidad, no es obra de la naturaleza.

Las personas que tienen la tendencia diferente son dignas de respeto y comprensión. El pasar a los hechos es pecado, en la moral del Evangelio de Cristo no se pueden acepar. Para todos obliga la ley de la castidad.

Sucede que en otros campos hay individuos con tendencia diferente a asesinar, a robar, mentir y no se legisla sobre sus conductas perversas para promoviéndolas.

La sexualidad no se reduce a su aspecto biológico, es parte del ser íntimo del hombre o la mujer, es una dimensión de su vida, la penetra toda.

Por otro lado, el hombre no es un átomo perdido en el cosmos, es parte de un orden. Vivimos en un cosmos no en un caos. Es parte de la creación, reflejo de Dios. Está obligado a guardar las leyes de este orden.

Así aparece el hombre en la cosmovisión de la Iglesia Católica en la cultura occidental, que se hunde en los siglos y se apoya en la Revelación de Dios consignada en la Biblia y en la tradición milenaria de la Iglesia.

El orden de Dios es perfecto, inmutable. Cuando el hombre se arroga atribuciones de Dios y se permite cuanto le pega la gana, por su libertinaje, por su conveniencia o capricho crea la corrupción, inseguridad, la descomposición social. Crea el caos del que no puede salir. Por eso no salimos de la crisis.

Cuando los hombres “se brincan” las leyes, cuando viven sin ley se acaba el orden de la paz, Se acaba el estado de derecho. Cualquiera puede asesinar, se siente amparado por laxitud y la impunidad.

Se derrumba la convivencia social armoniosa. Todos viven en la inseguridad, algunos en la aflicción, el terror, la amargura, el resentimiento, el odio, la desconfianza en el gobierno, en el infierno.

Vivimos en un estado sin ley, en un permisivismo y ausencia de moral casi total, lo que nos ha llevado a estado situación de transgresiones en todos los órdenes. Esto nos ha hundido en una descomposición social que se parece a una jungla o a un organismo podrido donde pululan los virus.

Lo mismo sucede en la convivencia en la pareja cuando no se respetan las leyes de la actividad sexual que fundamentan relaciones de la pareja, la familia, del noviazgo y la amistad.

La sexualidad del hombre no se reduce al placer de los órganos del aparato reproductor que siguen el instinto ciego. Es una expresión, entre otras de la personalidad. Así es hermosa la femineidad de la mujer y el carácter varonil del hombre.

En el matrimonio entre un hombre y una mujer (otro tipo de alianza no es matrimonio), alianza contraída en la madurez física, social y religiosa de la persona encuentra su lugar la vida sexual, que es agradable, hermosa y trae hondas satisfacciones y permite madurar a la persona. Permite crear un dulce hogar y perpetuar la vida humana sobre la tierra.

La vida en pareja, por la naturaleza humana tiene como finalidad la procreación. El fruto más bello del matrimonio, el fruto sublime del amor es dar la vida a un hijo. Los homosexuales renuncian al hijo y no se entiende por qué algunos quieren tenerlo por adopción.

La vida sexual, sexuada lleva a la persona a su madurez en un hogar y tiene como finalidad transmitir y cultivar la vida.

El pansexualismo, el placer por el placer, el sexo dejado en su dimensión animal, llevado al paroxismo, obsesión es una mutilación triste y frustrante de la sexualidad humana.

No se puede practicar el sexo mutilado por un placer ciego, sin respetar el orden del universo y las funciones todas que tiene la naturaleza en el ser integral del hombre y la mujer.

Se discute una ley …. Se quieren hacer leyes para una porción mínima de la sociedad. ¿Qué porcentaje de los hombres y mujeres tiene problemas sexuales en su naturaleza?

Los legisladores no deben olvidar que están para servir a sus representados y defender sus valores universales y culturales. La ley de las mayorías está vigente.

Están obligados a preservar el orden social íntimamente vinculado al orden de la creación. El orden en la familia es fundamento del orden social. Las uniones homosexuales son demoledoras para la familia.

Deben tutelar las leyes que dimanan del orden de la creación puesto por Dios y expresado en la legislación.

Los homosexuales y los heterosexuales entran en este orden, nadie es Dios para regirse por sí mismo y trastornar el orden universal o hacerse un orden a su medida.

Esto se hace con frecuencia en muchos campos, por eso vivimos en un caos del que sólo en ficción y en el discurso de los poderosos escapamos. En realidad, estamos en un caos del que no podemos salir. Un botón de muestra es la inseguridad que aparece en los crímenes de Ayotzinapan y en el estado fallido del Valle de Apatzingán.

Las leyes que van a votar tendrán un valor relativo o nulo para muchos ciudadanos. A muchos homosexuales, que ya viven en unión los tiene sin pendiente la legislación sobre su unión que no puede llamarse matrimonio, deben inventar un nombre que lo exprese.

¿Dónde está la ciudadanía democrática que permite que sus representantes emitan leyes contra sus valores y convicciones?

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