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Les suplicamos, legisladores

31 de agosto, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Algunos de ustedes quieren cambiar el código del matrimonio que es la base de la familia.

Ustedes deben legislar para todos los michoacanos, también para las mayorías heterosexuales, deben respetar los altísimos valores de la cultura occidental, creyente.

Deben legislar por razones proporcionadamente graves, atendiendo a las necesidades prioritarias de una sociedad confrontada a la injusticia, el hambre, la muerte, sumida en la descomposición social, sin esperanza real de salir.

No van a legislar no más porque las beligerantes diputadas Talía o Cristina o quien sea defiende un proyecto de ley sino porque la población en su mayoría lo demanda.

Por lo demás, en ningún caso pueden ir contra el orden del universo, sus leyes y valores que no cambian.

No actúan por moda o capricho sino conforme al orden del universo del que forman parte, que se expresa en leyes establecidas por Dios y grabadas en la naturaleza humana.

Sus demandas no pueden ser “jaladas de los cabellos”, deben estar bien fundamentadas, imponerse por su propio peso.

Los legisladores deben ser sabios o no sirven para estar ahí, actuar como tales. Algunos de los que andan ahí, en otros puestos que han tenido no han dado prueba de gran solidez moral.

Se necesita una total seriedad, legislar no es un juego ni un intento de quedar bien con un grupo de moda. Muchas leyes se han hecho con ligereza.

La acción de legislar no es una acción meramente técnica tiene una irrenunciable dimensión moral, deber tener en cuenta el progreso moral, lo que normalmente no sucede. Este vacío vuelve malas las leyes y afecta la convivencia social.

Los legisladores, son supuestamente elegidos como ciudadanos destacados, con amplia cultura y probidad moral. En cierta manera se supone que son prototipos de la sociedad.

Deben tener una idea clara del hombre, una visión fundada, reflexionada. Deben poseer la verdad del hombre que se describió en el documento de los obispos en Puebla. Deben considerar al hombre en su justa dimensión, no es dios, no es perfecto, está dividido en sí mismo, resquebrajado, comete errores y crímenes.

No son infalibles ni santos. No se les puede tener una confianza absoluta. De las obras que brotan de sus manos no todas son buenas. Hemos visto cómo fallan y delinquen los individuos de la clase política. El hombre lleva una innata inclinación al mal. Desde diversos horizontes, nos llega esta confesión patética: “hago el mal que no quiero y dejo de hacer el mal que quiero”. Lo afirmaron el apóstol Pablo y el poeta Ovidio.

No todas las obras del hombre son perfectas, también produce errores y maldades, aunque algunos nunca lo reconocen. Lo mismo vale para sus tendencias instintivas: debe discernir y orientar las “tendencias diferentes”, con su inteligencia iluminada por los principios.

No puede guiarse sólo por el instinto como los animales que lo tienen perfectamente regulado por naturaleza.. El celo llega en períodos bien determinados y pasa, en ellos no hay degeneración, no hay pansexualismo que invada toda la vida ni tienen píldoras azules o rosa. Otra cosa pasa en el hombre que se regula por la razón y la voluntad.

Otro principio que hace sabio a los legisladores es su compromiso con sus representados. Lo prometen, lo juran y luego legislan contra las convicciones profundas, contra sus valores de una cultura rica y honda.

En el Foro Interdisciplinario, en el diálogo abierto sobre Michoacán, se señaló, apenas este jueves un pecado, léase vicio de la clase política: se constituyen en una casta aparte, en una clase social, se encierran en su grupo y se distancian del pueblo, hay un divorcio flagrante entre la clase política y la mayoría que representan.

Que las leyes que favorecen a los homosexuales no sea un caso más de esa distancia y la traición a los valores morales y religiosos de la inmensa mayoría de la sociedad michoacana, concretamente los heterosexuales.

No pueden perpetrar un atentado más contra la institución del matrimonio fundamento de la familia, tan bombardeada y acribillada en estos días por tantos ataques. Su crisis es profunda, las consecuencias terribles se manifiestan en muchos males que padecemos: hijos abandonados expuestos al crimen organizado, a la

depresión, el suicidio. Una familia sana es un gran apoyo para que se acaben los sicarios, los delincuentes que azotan la sociedad para salir de la corrupción, injusticia y miseria.

De otra manera pueden estar legislando contra la dignidad de la persona humana, y el bien común auténtico.

Tenemos el paradigma del matrimonio y de la familia en la sabiduría divina que recoge el primer libro de la biblia.

“Dios creó al hombre a su imagen, a imagen suya los creó, hombre y mujer los creó. Los bendijo diciendo: tengan hijos…” (Génesis, 1,27).

Legisladores, cumplan su deber, el pueblo ya no les ríe sus gracias, son el grupo social que menor aceptación recogen en las encuestas, la gente no es tan ingenua como para ver en ustedes los tlatoani, demiurgos que todo los hacen perfecto. La experiencia que ustedes viven es otra. Sean humildes y reconozcan su realidad de seres llenos de limitaciones, errores, intereses bastardos.

Ciudadanos ustedes forman el soberano, los servidores públicos están a sus órdenes. Tomen conciencia de su dignidad y asuman su papel, después de todo estamos en esta crisis porque el soberano de la democracia tampoco cumple.

Hay tantos otros verdaderos problemas que están “haciendo cola” para implementar hacer realidad las reformas recién aprobadas, hay tantos problemas gravísimos de hambre, marginación social, enfermedad, muertes, la pérdida de la justicia, verdad, igualdad social y paz., cambiarlas, se necesitan verdaderos cambios en el hombre para recuperar la verdad, la justicia, la igualdad social para tener paz.

Nuestros representantes no pueden estar gastando la pólvora infiernitos.

Exijanle a los legisladores con insistencia hasta que entiendan y se corrijan.

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