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“No he venido a anular la ley”

11 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

La Ley en México no se aplica, se le suspende, se le hace “manita de puerco”. En el mundo de la resurrección, Cristo perfecciona la ley y su cumplimiento.

Hechos de un Estado sin ley. A una familia de Santa Cruz le robaron todas sus vacas, nadie los protegió y nadie les va a hacer justicia, piensa la familia.  Hay quienes roban autobuses para tomar vías públicas, atentando contra el derecho a la libre circulación y no pasa nada. Poderosos mexicanos son denunciados en Panamá por sacar el dinero a paraísos fiscales y no pagar impuestos, en México los justifican las autoridades y los arropan con su silencio.

La Ley, es el brazo operativo de la justicia, valor inmutable, universal. Tiene más solidez que los valores físicos.

Las leyes físicas y químicas se cumplen siempre, no tienen excepción, por eso tenemos que cuidar el celular y respetar sus leyes de uso. Sólo Dios puede suspenderlas, como en los milagros. Dependen de la naturaleza, sabia y que no falla.

Las leyes metafísicas tienen una aplicación igualmente inmutable o más. Su obligatoriedad es absoluta. El ser humano no debe admitir excepción. No se aplican porque, en lo inmediato, dependen de la libertad humana que es frágil y voluble, como una veleta o está alocada cuando no hay una conciencia bien formada por los valores morales.

El ser humano no es fiel ni inmutable como Dios, no respeta el orden moral, interviene sin ley, según su conveniencia y capricho y siembra el caos en la convivencia social, no da una plataforma sólida a la sociedad.

Teóricamente, de palabra acepta y promueve las leyes morales, pero es mentiroso, en los hechos suspende la ley, la corrompe, la hace nula, la convierte en mascarada, en pantomima, la vacía de su contenido, la convierte en objeto de falsedad y burla.

Y pensar que son actores que juraron cumplir y hacer cumplir la Constitución. Todo lo que vemos es perjurio y manipulación traicionera de la ley.

Sin ley, los dirigentes nos convierten en un panto de arenas movedizas. Estamos en el reino de lo arbitrario,del capricho, de la conveniencia, lleva al caos y desamparo, estado fallido.

En el estado fallido, la autoridad sale sobrando, es un gasto innecesario, o está al margen de la sociedad y francamente contra la sociedad.  Son las dos clases sociales que hay en México, los de arriba y los de abajo.

La autoridad que no aplica la ley tiene un delito mayor. La Nación se lo demandará y se le pedirá cuentas ante el Tribunal Supremo.

Las consecuencias son de una gravedad absoluta: la desnaturalización de la familia humana en el un reino de anarquía, rapiña, sangre derramada. Y el país parece dirigirse a la catástrofe final.

Si reflexionamos uno poco, el estado del cuerpo social es un reflejo del estado de cada célula, del ciudadano. Por cultura no respetamos la ley, nos la brincamos siempre que se puede.  El mexicano, tristemente, es chapucero, transa, paga porque no se aplique la ley: mordidas, sobornos.

Es necesaria la reforma de cada individuo, sin eso, las reformas sociales van al fracaso como lo estamos viendo.

La fe de Cristo tiene un potencial todopoderoso para crear el mundo nuevo de la justicia por la ley y acabar con el estado fallido.

Cristo es más que un prototipo. El vence el mundo de la injusticia: torturas, juicios injustos contra los pobres, corrupción, los golpes de los poderosos, muerte injusta.

Es el nuevo modelo de hombre: obediencia a la voluntad de Dios, a sus valores de justicia y amor, en una convivencia guiada por la ley, en el desprendimiento de las ambiciones de poder, gloria y dinero a lo carbón (hay un lapsus) para su persona, Cristo no tuvo partido.

Enseña a cumplir la ley, a dar al Presidente lo que es del presidente y a Dios lo que es de Dios.

Le da sentido pleno, la lleva a su expresión más alta por la ley del amor que es entregar la vida por el otro y por la Nación.

Los privilegiados de la fe de Cristo, los creyentes, tienen como tarea repetir el modelo de Cristo, tener los mismos sentimientos y el mismo actuar.

Un camino regio para sanar la descomposición social, para corregir una sociedad sin ley, expuesto a todos los crímenes contra los pobres, es la práctica de la ley del mundo nuevo que Cristo inaugura con su resurrección. Basta seguirlo.

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