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“Tierra de Cárteles”, Michoacán

13 de julio, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Un documental presenta, el martirio de Michoacán. Destaca la figura de un héroe grande, líder de los autodefensas, el gobierno frustra la buena obra del movimiento.

Estamos frente a escenas desgarradoras presentadas sin efectos sofisticados de la técnica.

El documental Tierra de Cárteles presenta la tragedia de Michoacán, el tema paralelo de problemas de Arizona es secundario.

La terrible situación que han vivido muchos michoacanos se convierte en historia y leyenda. Los medios de comunicación tienen esa magia de abreviar los tiempos para hacer historia.

He escuchado la narración de estos mismos acontecimientos de mis amigos de Tierra Caliente, donde se desarrolla la gesta de los autodefensas.

El documental es reflejo fiel de la realidad. La información que han presentado muchos noticieros y discursos oficiales ha dado una percepción falsa, maquillada, fuera de la realidad.

Los autodefensas toman las armas en defensa propia, para defenderse de la muerte, los despojos, las violaciones, de una violencia insoportable.

El papel del ejército aparece triste, sin compromiso con la justicia ni el bien del pueblo, al servicio de intereses oscuros. No muestra la grandeza casi sagrada que da seguridad, el prestigio que tenía.

La película focaliza toda su atención en José Manuel Mireles Valverde. Aparecen otros actores como Papá Pitufo, El Gordo. No aparece el obispo Miguel Patiño que publica una carta en estilo directo, valiente, denunciando los crímenes de muchos actores políticos, del crimen organizado y del gobierno en sus distintos niveles.

El obispo elabora la carta con sus sacerdotes, vicarios foráneos. Estos se juegan la vida, sin un arma, poniéndose abiertamente a favor del pueblo estrangulado por el Crimen y desamparado por su gobierno. Simplemente denuncian los crímenes y defienden la verdad.

La figura de Mireles es evangélica por su sencillez, su verdad directa. Su discurso breve, sincero, sencillo, contrasta con el estilo grandilocuente, plagado de lugares comunes y poses, con la falsa expresión de seguridad, contundencia e interés por los problemas del pueblo de los actores políticos. Es la impresión que dejan las breves apariciones del Presidente Peña.

Después de una campaña exitosa de los autodefensas en la que liberan muchos pueblos, interviene el gobierno, concretamente el Comisionado Alfredo Castillo. Desarma a los autodefensas, arma la Defensa Rural.

Los narcos se han infiltrado entre los autodefensas, los narcos “arrepentidos” y “perdonados” por los autodefensas vuelven a sus crímenes. Otros emigran a policía rural y a los Viagras.

El Movimiento puro, hermoso de los autodefensas queda desarticulado. El Comisionado, en una intervención grandilocuente, triunfalista firma la intervención del gobierno. Termina dando la bendición: “que Dios los bendiga”.

Mireles no acepta abandonar la causa para pasarse del lado del gobierno, a las defensas rurales, como Papá Pitufo y el Gordo.

El protagonista no acepta cambiar la camiseta blanca por una de la nueva policía. Porque “el gobierno nunca cumple su palabra”, afirma.

Me viene a la mente cómo el gobierno, con su recién fundado Partido Nacional Revolucionario, PNR, antiguo nombre del PRI, traiciona los acuerdos con los obispos que representaban a los Cristeros, era 1929. Después de la firma hacen desaparecer misteriosamente al general en jefe Enrique Goroztieta y a los jefes cristeros, como asienta en su Cristiada Jean Meyer.

Mireles no acepta cambiar la camiseta blanca de los autodefensas por una azul de la policía rural.

La autoridad ejecutiva y judicial soluciona los problemas por encimita, como en la superficie del río, por debajo siguen las mismas corrientes terribles.

Se manifiestan en la superficie como la aparición de los Blancos de Troya, “un nuevo grupo”.

Se queda sólo, fugitivo. Un letrero al final de la película lo borra del mapa como una muerte social: “El Doctor José Manuel Mireles Valverde fue hecho prisionero el 27 de junio de 2014”.

Es grande la figura de Mireles, revolucionario auténtico, conserva la pureza, la clarividencia de la causa. Es un héroe de la fidelidad al pueblo, a la persona humana con su dignidad. Me recuerda a aquél revolucionario Maclovio, de la novela Los de Abajo, de Mariano Azuela.

El documental, con sutileza y naturalidad hace de él un héroe muy limpio, noble, valiente, sencillo, inquebrantable hasta el final.

Conclusiones que quedan del filme. Presenta la situación real de los michoacanos: angustia y terror por el azote del crimen, miseria, estado fallido. Un visión diferente de la oficial.

El gobierno y sus instituciones han claudicado. Cuando están infectadas de corrupción y no cumplen su tarea, existe el derecho y el deber de defender la justicia y el derecho.

El gobierno maneja la situación a su favor, sin importarle la justicia y el bien del pueblo. Los movimientos parecen ir dirigidos para desmantelar a los autodefensas. Pretende asegurar el estado de derecho pero da la camiseta de la policía a criminales como aquellos que “cocinan” la droga a ratos y a ratos se visten de policías.

La gente sencilla de la región expresa que el gobierno da el poder a quien le da dinero y hace fuertes a los criminales. Todo es un inexorable juego de poder y dinero en la que el pueblo está desamparado.

Al final, la situación queda como era en el principio, no hay estado de derecho, con la inseguridad, la desconfianza y el dolor del pueblo. Los ataques del crimen continúan.

Vemos un pueblo mártir. La clase dirigente no entiende nada del martirio del pueblo ni le interesa

Quienes tienen fe, gozan de una visión trascendente del martirio: Cristo dará la paz y la corona de la gloria a los autodefensas caídos en la Patria eterna, su sangre es semilla, aurora del mundo nuevo. Prepara la venida de la era de justicia y paz.

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