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Uniones homosexuales, la gran prioridad del gobierno

30 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Mateo Calvillo Paz

 

No es fácil ni simple legalizar las uniones entre gays o lesbianas, Hay necesidades gravísimas que afectan a todos. Hay un orden natural que los hombres no pueden tocar.

Peña Nieto, el presidente presuntamente de todos los mexicanos y el Congreso de Michoacán promueven leyes a favor de gente diferente, gays y lesbianas.

Si una pequeña minoría tiene derecho de gritar fuerte, también las mayorías de sexualidad bien integrada pueden expresar ideas diferentes, que sí tienen un sustento en la realidad, no como las preferencias diferentes.

La clase dirigente muestra no tener sensibilidad o haber perdido contacto con la realidad que vive la gente.

Hay muchas personas heridas por la muerte, desaparición de un ser querido, las mayorías tienen miedo sienten inseguridad. Morelia, según el Sistema Nacional de Seguridad  es primer lugar en asaltos, robos a casa, los robos de autos suceden cada hora. El hartazgo por el vacío de ley llega hasta los linchamientos. No entienden por qué los legisladores se ocupan de minorías mínimas como las uniones de los gays y la droga para tener placer.

Lo mismo se preguntan los pobres, sin trabajo, que sienten la injusta desigualdad social, que viven en el desempleo en la inseguridad del sustento y se angustian y no tienen esperanza. Por qué, se preguntan, nos toman en cuenta y andan defendiendo el placer homosexual y la droga.

Lo mismo se preguntan multitudes incontables que están con el Jesús en la boca cuando se enferman porque no hay médicos, ni camas ni medicinas porque mueren antes de llegue la cita para ver al especialista. Cuando hay multitudes de familias que sufren por los enfermos y la clase dirigente se ocupa de grupitos de privilegiados que defienden su placer en primer término.

Es la misma queja de las mamás de los cientos de miles de adolescentes embarazadas, sin contar aquella que tiran al hijo de sus entrañas en un aborto.

Los legisladores están como mucha gente del pueblo que opina por ningún lado. No tienen bases, principios, criterio ni conciencia moral bien formada.

Actúan por moda y buscando el aplauso, la moda es necia y los aduladores también. Los reconocimientos internacionales son muchas veces amañados, con fines inconfesables.

Hay un sistema de valores que nos rige, que obliga al hombre y no puede ser cambiado por él.

Vivimos en un universo ordenado en un cosmos y no es un caos ése lo hace el hombre.

No vivimos en el desorden sino en una civitas, en una sociedad organizada, en un cuerpo social.

Nos guiamos por la inteligencia guiada por principios y por la voluntad formada en el bien y en los principios, no por el capricho, las oportunidades, las ocurrencias de quienes se hicieron del poder.

Es un orden externo y superior al hombre, se le impone. El hombre debe tutelarlo. La Constitución que los presidentes juran cumplir y hacer cumplir es una pequeña manifestación escrita de ese orden.

Hay un código de ética, principios y valores universales, exteriores al hombre y superiores a él.

Sólo Dios, que creó el cosmos, el hombre en sociedad y le fijó sus leyes y sus límites puede cambiarlos puede cambiarlos y no lo hace.

Las uniones homosexuales van contra los valores tradicionales de la cultura occidental católica, que no por ser “de antes” no sirven. Más bien son como el vino añejo, entre más viejo, mejor. De esos valores se apartan los muchos políticos por conveniencia o por ideología.

¿Por qué cambiar el vocabulario y no la realidad. Hay que nombrar las cosas por su nombre, evitar eufemismos.

Los legisladores muchas veces no tienen el tamaño, no respetan el bien y el mal y los valores universales. Están como los profes democráticos que proclaman  que es bueno lo que hacen.

México necesita como legisladores hombres de gran madurez sabiduría, ciencia, fe. Conocemos a muchos legisladores que no tienen la estatura. Muchos están como los profes democráticos que son justas sus causas y que lo que ellos hacen es bueno.

La Iglesia no está contra los homosexuales ni contra nadie sólo defiende la dignidad de la apersona humana, según los principios que brotan de la naturaleza preciosísima como los fijó Dios, su Creador.

Busca su bien verdadero, integral de la persona, a fondo de la persona, no busca darle sólo el bien del momento que es el placer sexual mayor compromiso.

Siempre ha buscado el bien verdadero del pueblo, yendo muchas veces contra la corriente del mundo, por encima de modas, de ideologías, de intereses convenencieros.

Los discípulos de Cristo tienen la sabiduría eterna, inmutable, infalible de Dios para construir un mundo de orden, seguridad y progreso. Apoyados en esos valores, distinguen la verdad del error y tienen un criterio bien formado que percibe ver el error de la clase dirigente.

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