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Algunos símbolos religiosos

7 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

La cruz en que murió Cristo había sido construida con madera de acacia, lo mismo la corona de espinas, árbol del desierto que con una cantidad mínima de agua siempre vuelve a tener ramas verdes, por lo que se le considera imperecedero, además esta madera es imputrible; no como el cuerpo humano, cuyas restos mortales se destruyen, y son los huesos los que más duran en descomponerse. La cruz es considerada como el principio y el fin, el alfa y el omega del que hablan las sagradas escrituras, pues las letras contienen la clave para comprender el universo; son la totalidad del ser, del conocimiento, del espacio y del tiempo. Pero también la cruz es la reunión de lo horizontal, la tierra, con el cielo, pues la vertical apunta hacia lo alto, donde se encuentra la divinidad. El cielo que simboliza la gloria no alude a lo astronómico, sino a un lugar ideal. En las iglesias se le representa mediante los dinteles semicirculares de las puertas, los arcos, las naves que recuerdan el Arca de Noé, la de la Alianza y las cúpulas por su forma circular, son la legítima aspiración humana de alcanzar una vida superior. Muchos templos se han construido en las montañas elevadas. Por ejemplo, Montmartre (montaña de los mártires) en París, donde se levanta un hermoso templo dedicado al Sagrado Corazón (la Basílica del SacréCœur), Fourvière (el toro viejo) en Lyon, Notre-Dame de La Garde en Marsella, el Montserrat de Cataluña, el mote Taber y el Monjuic (Mons-Jovis) en la Barcelona antigua, el Monte Toro en la isla de Menorca, el Canigó en el Rosellón, el Quirinal en la Roma antigua, el Meru en la India, el K’en-luen en China, el Olimpo griego, el Alborj persa, el Elbrouz y el Tabor en Israel, la Ka’ba de La Meca, el Montsalvat del graal y la montaña de Oaf del islam, la montaña blanca de los celtas, el Portala tibetano, el Tepeyac y el cerro del Cubilete en México, etc. Hay hechos que se han significado dentro de la religión cristiana: La entrega de las Tablas de la Ley en el Sinaí, el sermón de la Montaña, la ascensión al monte de los Olivos, la crucifixión en el Calvario. En la Grecia antigua, los templos construidos en la Acrópolis, a donde se dirigían las peregrinaciones, tal y como ocurre en la actualidad en todas las latitudes del planeta. El círculo, juntamente con el cuadrado y el triángulo equilátero son las figuras perfectas, aunque el círculo es el movimiento, sin principio ni fin, en tanto que el cuadrado sugiere la estabilidad, lo estático, la tierra, el círculo representa al sol y a la luna. El triángulo es símbolo de las triadas, especialmente las divinas. El círculo en Grecia se representaba por medio de la serpiente que se muerde la cola que recibe el nombre de ouroboros. En el cristianismo el círculo alude a la eternidad y tres círculos evocan la Trinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Se afirma que el círculo es la totalidad indivisa. También significa la gloria. La esfera tiene el mismo simbolismo, aunque en el orden de los volúmenes, por lo que da también el sentido de totalidad. Ahí están las dos ideas: la terrenal o telúrica y la celestial. La figura humana corresponde a un cuadro. De donde se desprende que muchas de las creaciones humanas sean cuadradas como lo exige su condición anatómica. Por ejemplo, las puertas y ventanas, las casas, las camas y las piezas en que se divide una casa, las plazas públicas, ciudades, etc. Al pasar del cuadrado al círculo se está manifestando el tránsito hacia el Nirvana, según el mandala, o el pasaje de la tierra al cielo conforme al pensamiento religioso chino. Las rosetas y rosetones de las iglesias se enlazan a la eternidad. Por eso la flor de María es la rosa, motivo por el cual el rosario es un círculo, dedicado a la virgen, instituido por Santo Domingo, ya que en ese tiempo la mayoría de las personas no sabían leer y escribir, era necesario que aprendieran los rezos de memoria. También con base en la rosa y en la cruz, surgieron los rosacruces.
El hombre se ha conceptualizado a sí mismo como una síntesis del mundo, una réplica del universo, un microcosmos. Conforme a este sentido humano se dice que el altar es también un microcosmos donde se concentra lo sagrado, ahí convergen todas las líneas de la arquitectura, es el lugar santo del sacrificio, donde se logra la espiritualización a través de la espiral progresiva que conduce a la gloria. En este sitio se da la transmutación de lo profano a lo sagrado, sea objeto o ser humano. Es el tabernáculo o Sancta Sactorum, el más reservado, sitio donde está la presencia divina, eterna y trascendental, la fórmula del destino del hombre en su vida posterior: El Santísimo Sacramento del Altar. El santuario también viene a ser el lugar de los secretos, los misterios divinos y los santos sacrificios. En La Biblia, se habla de alianzas: la antigua, hecha por Yahavéh con Abraham; también representada por Dios y Noé, después del diluvio, cuyo signo exterior es el arco iris. De ahí la denominación de Antiguo Testamento. La nueva alianza corresponde a la presencia de Cristo y la eucaristía que significa acción de gracias, sagrada comunión, cena del Señor, esto es, el sacramento del cuerpo y la sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino que por medio de la consagración se convierten en su cuerpo y sangre. Al respecto dijo Tertuliano, un teólogo de los primeros siglos del cristianismo: “Creo, porque es absurdo”, queriendo manifestar con ello que la fe no requiere de la razón para tener sustento. La institución de la Eucaristía, tuvo lugar durante la última cena pascual que celebró Jesús con sus discípulos y existen cuatro relatos, pero todos ellos coinciden en señalar que la consagración del pan precede a la del cáliz; aunque la Eucaristía (Fracción del Pan) comenzó en la Iglesia primitiva antes de la redacción de los Evangelios. Con esto el espíritu del creyente se llena de gozo y es una prenda de la vida eterna. La hostia, vocablo que procede del latín hostia que significaba en la religión romana “ser que se sacrifica en honor a los dioses”, en la religión católica es un trozo de pan ácimo (sin levadura), de harina de trigo con forma circular como el cielo era concebido; es en la comunión donde se da la presencia de Jesucristo por efecto de la transfiguración. El que sea elaborado sin levadura proviene del judaísmo en el “Matzá”, pan que se elabora para consumirlo en la festividad de Pésaj, la Pascua.
En el catolicismo la paloma representa no solo al Espíritu Santo, sino a la Trinidad; se la relaciona también con el pez que fecunda las aguas primordiales por el Espíritu y también los sacramentos del bautismo y la confirmación. El símbolo universal del cristianismo es el pez. Fue un recurso que utilizaron los primeros cristianos para identificarse unos con otros, pues uno dibujaba la mitad de la figura y el otro la completaba. La palabra pez procede del vocablo griegoIKHTHYS, cuyas capitulares corresponden a las iniciales de los principales nombres de Cristo: Iesous, Khristos, TheouUios, Soter (Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador); el pez, por ser acuático, tiene relación con el bautismo, la purificación, el perdón del pecado original. En todo caso, el bautismo es en sí mismo un acto de exorcismo, donde están presentes diversos elementos simbólicos: la vela encendida, que representa el fuego del alma, el agua lustral que limpia, el aceite u óleo que procede del olivo, árbol que significa la inmortalidad, y la sal que es el elemento tierra, pero también es signo de incorruptibilidad, ya que se utilizaba para conservar las carnes. El aire está presente a través de las palabras dichas por el sacerdote, quien hace el papel del salvador a través de esa acción sagrada. En algunos templos las pilas bautismales son de plata, metal que se asemeja a la transparencia del agua limpia, el destello del diamante, la luz de la luna, la nitidez de la conciencia y la pureza de las buenas intenciones.
Jehovah, como Dios del amor y de la sabiduría fue representado con los colores rojo y blanco, que simbolizan el espíritu. Los acólitos o monaguillos visten de rojo y blanco porque su inocencia, alejados de todo pecado, les permite usar esos colores en sus trajes. También las vestiduras de Jesucristo son de estos colores. El blanco pertenece al tiempo, la pureza, asociado a los alimentos esenciales del hombre: leche, harina, huevo, entre otros; el rojo y el naranja al fuego. Se ha creado una interpretación de los colores blanco y negro, los cuales se atribuyen a oposiciones: el blanco es lo positivo, lo pulcro, el día, la luz; en cambio el negro pertenece a la noche, lo oscuro, lo negativo. También en la religión católica se atribuye el blanco al Padre, el azul al Hijo y el rojo al Espíritu Santo.
Dado que el judaísmo se nutrió de las ideas religiosas originadas en Egipto y Mesopotamia, estas influyeron también en el pensamiento cristiano. Desde el Antiguo Testamento, se da la denominación de pastores a los guías espirituales. Por eso, Dios figura como el primer pastor de Israel, al igual que David era pastor de ovejas, conducía a su rebaño y lo protegía. La espera de un nuevo pastor de almas desemboca en el mesianismo de Salomón: “el Mesías apacienta el rebaño del Señor en la fe y la justicia”. “Yo soy el buen pastor”, dice Jesús. De ahí el epíteto de Cordero de Dios que borra los pecados del mundo. Idea que también existió en el dios Apolo, que también fue pastor y, al mismo tiempo, cordero y quitaba los pecados de los hombres.
Hay algunas palabras o expresiones que se usan en la religión católica sin que muchos fieles sepan su verdadero significado. He aquí algunas: El vocablo “amén” significa confirmación de lo que se ha dicho. Procede del hebreo y quiere decir “Es verdad”. ¡Hosanna!, que significa ¡Sálvanos ahora, te rogamos! ¡Sálvanos! ¡Ayuda! En cambio, ¡Aleluya! quiere decir ¡Alabad a Yahveh! (Dios). Cuando se dice: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo” la intención es expresar Amad al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, pues sería absurdo desearles la gloria, ya que ellos habitan en ese reino sagrado.
La suprema autoridad de la Iglesia Católica es el Papa (padre, sacerdote), quien a su vez desempeña el cargo de Obispo de Roma, es el Sumo Pontífice, nombre que procede de pontifex, con el cual eran identificados los emperadores romanos y que significa el constructor de puentes. El Papa es el encargado de establecer los puentes entre la tierra y el cielo, al estilo del arcoíris, pero no como el que recorre Iris, la mensajera de Zeus para difundir la buena nueva en la mitología griega, sino que en este caso se trata de un puente vertical, una especie de escalera, una ruta inclinada o como un semicírculo, por la cual habrá de ascender el alma de todo aquel que muera dentro de los ritos eclesiásticos del catolicismo, siempre y cuando haya vivido también conforme a esta fe y doctrina. Esto plantea la necesidad de que exista una puerta para entrar al cielo, cuyas llaves solsticiales poseía el dios Jano y que después pasan a San Pedro, las cuales son elementos importantes en el escudo de El Vaticano, que se ubica en una colina o ligera elevación situada al otro lado del río Tíber. En la Roma antigua había un vicus (barrio o poblado) donde se situaba un antiquísimo oráculo de origen etrusco y también ahí se le rendía culto a la diosa Vatika.Otra versión sostiene que se denominaba así porque significa el poblado del vate.
Al entronizar a un Papa se le coloca una corona, denominada tiara que simboliza la soberanía pontifical sobre los arzobispos, quienes solo llevan una mitra de dos círculos y los obispos, cuya mitra tiene solamente un círculo, en el momento de imponerle este emblema le dicen: Recibe esta triple corona como príncipe, rey y rector de la tierra, y vicario de Jesucristo. Cuando deja de existir el Papa se procede a romper el anillo del Pescador que sirve como sello Pontifical, ya que representa una alianza, la fiel atadura que fue aceptada libremente, la cual está ligada al tiempo y al cosmos, significa el voto de un hombre que sirve a la comunidad cristiana.
Las bulas eran medallones que llevaban los jóvenes romanos para ofrendarlos a los dioses cuando dejaban la toga o cuando se casaban. El nombre de bula que se dio después a las cartas pontificias procede del sello redondo de plomo que se ponía sobre el pergamino. Ese mismo nombre tenían las actas de los soberanos de la antigua Roma.

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