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Carta de Don Quijote de la Mancha

11 de octubre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Don Miguel de Cervantes Saavedra tuvo que solicitar “privilegio real” –permiso-, el cual le fue otorgado el 26 de septiembre de 1604, lo que le permitió que el día 20 de diciembre de ese mismo año el señor Juan de la Cuesta concluyera la impresión, para que a principios de  enero de 1605 apareciera la primera edición de la obra cumbre de las letras hispánicas, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Esta primera impresión se agotó en tres meses. La aceptación que tuvo lo hizo convertirse en el primer “bestseller” de la historia. A grado tal que en febrero de ese mismo año se hizo una segunda edición furtiva que apareció en Lisboa y en la ciudad de Valencia aparecieron otras dos ediciones, estas últimas con autorización real.

Juan de la Cuesta, aprovechando las condiciones económicas tan precarias en que vivía Cervantes, compró esa primera parte de la obra en 1,500 reales. Este señor, sintiéndose muy sabio, tuvo el atrevimiento de hacerle algunas correcciones y cambios, según él, para perfeccionar el texto original. Se creyó que habían sido realizados por el autor, lo cual se aclaró con el paso del tiempo al comparar las primeras ediciones con el manuscrito.

Como transcurría el tiempo y no aparecía la segunda parte de El Quijote, Alonso Fernández de Avellaneda muy comedido escribió el complemento bajo el título de “Aventuras del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, el cual obviamente resultó ser un libro apócrifo, pues no fue sino hasta 1615 cuando Cervantes concluyó la segunda parte, en la que estuvo trabajando poco más de cuatro años, nuevamente el impresor abusó de las condiciones de penuria del ilustre “Manco de Lepanto” y le compró el resto de la obra por una cantidad nimia. Esta situación de pobreza era tan grave que, cuando murió cinco meses después de publicada esa segunda parte, el 23 de abril de 1616, fue sepultado gracias al espíritu de caridad de las monjas Trinitarias Descalzas, en cuyo convento sus restos mortales se mezclaron con los de otros indigentes, impidiendo que fueran identificados, pues España se dio cuenta del enorme talento de Cervantes, sino hasta cien años después.

Es incuestionable que don Miguel de Cervantes Saavedra era un hombre de una gran estatura moral y humana, la cual se puso de relieve en el momento mismo de proponerse escribir un libro de esas características, pues si recordamos las circunstancias prevalecientes en esa época tendremos que admirar aún más su máxima creación literaria, ya que tuvo la valentía de exaltar valores como la libertad, la justicia y el respeto a la dignidad del ser humano, cuando España era la potencia más grande del orbe y también la más represora. Por eso, el escritor nacido en Alcalá de Henares se vio precisado a disfrazar su filosofía del mundo y de la vida, poniéndola en labios de un loco; razón por la cual a él no se le podía señalar como un opositor al régimen de prepotencia y humillación que ejercían los enviados de España en los países bajo su dominación imperial. Además de la vasta cultura que poseía Cervantes, pero sobre todo su gran ingenio, el cual  lo llevó a labrar sin lugar a dudas el monumento eterno del genio hispánico, cuya excelencia fue reconocida por  países como Inglaterra, Francia y Rusia.

El Quijote ha sido objeto de estudios concienzudos y exhaustivos por parte de los más connotados escritores. Como es lógico, cada quien ha visto la obra cervantina desde perspectivas muy propias. Por ejemplo Dostoievski considera que “es la ironía más amarga que el hombre haya podido expresar jamás”. Goethe, en cambio, percibe “una quimera desviada y así, no teniendo ya su más alta pureza, se pierde. El individuo en la cual ella se manifiesta, lucha en vano por conservarle esa pureza y perece en el conflicto”. Heine exclama: “¡Ay! yo he aprendido que es una tan amarga locura querer introducir demasiado pronto el porvenir en el presente, cuando en un combate análogo contra los rudos intereses del día, no se posee sino un caballejo, una débil armadura y un cuerpo no menos frágil”. Schopenhauer opina que Don Quijote expresa alegóricamente la vida de un hombre que no se contenta, como los otros, en perseguir su propia felicidad, pero quiere alcanzar un fin objetivo, ideal, que se ha apoderado de su pensamiento y de su voluntad; lo que le da en este mundo una actitud singular”. Para Bertrand, “La novela Don Quijote representa a la humanidad entera y la lucha eterna entre el alma y la materia, el individuo y la sociedad, la prosa y la poesía, el ideal y lo real, el sueño y la vida”. Tomás Mann, al referirse a Don Quijote y Sancho Panza, afirma que: “andan como realidades de un mundo que como ellos, representa un grado más elevado de realidad…” Ivan Turguenef se cuestiona: ¿Qué representa en sí Don Quijote? Ante todo la fe en algo eterno, inmutable y puro. En otras palabras la fe en la verdad… “Don Quijote está por entero penetrado de la lealtad a su ideal y por servir a ese ideal está dispuesto a sufrir todas las posibles privaciones, a sacrificar su vida”. Tieck observa en El Quijote “la más generosa poesía, el patriotismo, la sabiduría, el profundo conocimiento de los hombres y el mundo, junto a la más divertida alegría y el juego más delicado y más filosófico… Don Quijote respira un tal entusiasmo por la patria, el heroísmo, el amor y la poesía, que muchos espíritus ateridos pudieran calentarse al contacto de su entusiasmo.”

Esta breve selección de citas nos da una clara efigie de Don Quijote y, conscientemente, nos sentimos atraídos por esa excelsa locura que los ideales entrañan. Sin embargo, podemos preguntarnos: ¿Hemos sido fieles al espíritu quijotesco que un día floreció límpido, allá en los años no muy lejanos de nuestra juventud? ¿Cuántos ideales dejamos en el olvido? ¿Qué rasgos perviven en nuestra mente antes de convertirse en acción creadora?

Estas y otras interrogantes estremecen nuestra conciencia, porque en la mayoría de los casos no hemos sabido ser fieles a las enseñanzas del insigne manchego y nos conducimos como verdaderos antiquijotes, personificando a los bachilleres Carrascos, los Duques o los Antonios Morenos que se burlan de la buena fe, las convicciones, la bondad, la valentía y de otros elevados valores humanos. Este comportamiento no tiene ninguna justificación. En tales circunstancias, Sancho no puede ser el antiquijote, ya que se contagia del idealismo de Don Quijote y en el momento de morir le suplica que no fallezca, pues todavía tienen mucho qué hacer en los campos de Montiel.

Las virtudes de Don Quijote han quedado en el olvido y nuestra actuación en este teatro del mundo carece de autenticidad. Nos hemos materializado tanto que no tenemos tiempo de “desfacer entuertos y defender oprimidos”. Más aún, es tiempo de volver a la senda de los ideales, del amor a la humanidad y no dejarnos llevar por los falsos valores de esta sociedad en crisis.

En esta obra, la más grandiosa de todas cuantas existen, aparece la siguiente  carta de Don Quijote de La Mancha a Sancho Panza, Gobernador de la ínsula Barataria:” Cuando esperaba oír nuevas de tus descuidos e impertinencias, Sancho amigo, las oí de tus discreciones, de que di por ello gracias particulares al cielo, el cual del estiércol sabe levantar los pobres, y de los tontos hacer discretos. Dícenme que gobiernas como si fueses hombre, y que eres hombre como si fueses bestia, según es la humildad con que te tratas; y quiero que adviertas, Sancho, que muchas veces conviene y es necesario, por la autoridad del oficio, ir contra la humildad del corazón; porque el buen adorno de la persona que está puesta en graves cargos ha de ser conforme a lo que ellos piden, y no a la medida de lo que su humilde condición le inclina. Vístete bien, que un palo compuesto no parece palo. No digo que traigas dijes ni galas, ni que siendo juez te vistas como soldado, sino que te adornes con el hábito que tu oficio requiere, con tal que sea limpio y bien compuesto.

Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacer dos cosas: la una, ser bien criado con todos, aunque esto ya otra vez te lo he dicho, y la otra, procurar la abundancia de los mantenimientos; que no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que la hambre y la carestía.

No hagas muchas pragmáticas; y si las hicieres, procura que sean buenas, y, sobre todo, que se guarden y cumplan; que las pragmáticas que no se guardan, lo mesmo es que si no lo fuesen; antes dan a entender que el príncipe que tuvo discreción y autoridad para hacerlas, no tuvo valor para hacer que se guardasen; y las leyes que atemorizan y no se ejecutan, vienen a ser como la viga, rey de las ranas: que al principio las espantó, y con el tiempo la menospreciaron y se subieron sobre ella.

Sé padre de las virtudes y padrastro de los vicios. No seas siempre riguroso, ni siempre blando, y escoge el medio entre estos dos extremos; que en esto está el punto de la discreción. Visita las cárceles, las carnicerías y las plazas; que la presencia del gobernador en lugares tales es de mucha importancia: consuela a los presos, que esperan la brevedad de su despacho; es coco a los carniceros, que por entonces igualan los pesos, y es espantajo a las placeras por la misma razón. No te muestres, aunque por ventura lo seas -lo cual yo no creo-, codicioso, mujeriego ni glotón; porque en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinación determinada, por allí te darán batería, hasta derribarte en el profundo de la perdición.

Mira y remira, pasa y repasa los consejos y documentos que te di por escrito antes que de aquí partieses a tu gobierno, y verás cómo hallas en ellos, si los guardas, una ayuda de costa que te sobrelleve los trabajos y dificultades que a cada paso a los gobernadores se les ofrecen. Escribe a tus señores y muéstrateles agradecido; que la ingratitud es hija de la soberbia, y uno de los mayores pecados que se sabe, y la persona que es agradecida a los que bien le han hecho, da indicio que también lo será a Dios, que tantos bienes le hizo y de continuo le hace.

La señora duquesa despachó un propio con tu vestido y otro presente a tu mujer Teresa Panza; por momentos esperamos respuesta.

Yo he estado un poco mal dispuesto de un cierto gateamiento que me sucedió no muy a cuento de mis narices; pero no fine nada, que si hay encantadores que me maltraten, también los hay que me defiendan.

Avísame si el mayordomo que está contigo tuvo que ver en las acciones de la Trifaldi, como tú sospechaste, y de todo lo que te sucediere me irás dando aviso, pues es tan corto el camino; cuanto más, que yo pienso dejar presto esta vida ociosa en que estoy, pues no nací para ella.

Un negocio se me ha ofrecido que creo que me ha deponer en desgracia destos señores; pero aunque se me da mucho, no se me da nada, pues, en fin, en fin, tengo de cumplir antes con mi profesión que con su gusto, conforme a lo que suele decirse: amicus Plato, sed magisamica veritas (Amigo Platón, pero más amiga la verdad). Dígote este latín porque me doy a entender que después que eres gobernador lo habrás aprendido. Ya Dios, el cual te guarde de que ninguno te tenga lástima. Tu amigo,  Don Quijote de La Mancha.

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