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Cuestiones religiosas

24 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Desde la más remota antigüedad,  los seres humanos, a partir del momento en que alcanzan cierto grado de conciencia, tuvieron ideas religiosas en torno al culto de la divinidad o divinidades, además del culto a sus antepasados. Así lo han demostrado los hallazgos en diferentes tumbas que datan de varios milenios. En las sociedades primitivas, se desarrollaron civilizaciones primarias, entre las cuales figuran: la egipcia, la sumeria, la minoica, la del Indo, la del Shang, la maya y la andina. De estas se derivaron algunas religiones. La cultura sumeria fue antecedente de las culturas babilónica-hebrea y hetea o hitita, así como la minoica que aportó muchos elementos a las culturas siríaca y helénica. La cultura del Indo propició la formación de la Índica y esta, la Hindú. En el continente americano, la maya y la andina contribuyeron a la gestación de las culturas  yucateca y mexica, además de todas las que existieron en Mesoamérica. Las religiones más sobresalientes fueron: judaísmo,  zoroastrismo,  islamismo, cristianismo, hinduismo, mahayana o budismo y taoismo. Todas las religiones prometen una vida ultraterrena: El judaísmo, la resurrección de los muertos; el zoroastrismo, el cielo o el infierno; el budismo, El Nirvana; al lado del budismo, se desarrolló el mahayana que proporciona la salvación por la fe en Buda, Amitabha; el hinduismo, la reencarnación hasta que desaparece el karma y es absorbido por lo Divino, Brama; el islamismo, la resurrección y el paraíso; el taoísmo, la inmortalidad y el cristianismo, la resurrección y la vida eterna. De estas las religiones con mayor número de fieles son en conjunto el cristianismo, el judaísmo y el islamismo, las tres llamadas Abrahamicas por haber sido el profeta Abraham, su antecesor común.

Para los hindúes lo primero que existió fue el sonido que dio origen a toda la realidad, tal como en el ser humano primero se manifiesta la palabra que entra al oído, antes que los objetos a la vista,así hay ciertos mantras o sonidos esenciales entre los hindúes: “om y aum”. También en la Biblia lo primero es el verbo que crea toda la realidad. Los hombres, como especie de homo sapiens sapiens, subieron  a los montes y desde ahí pudieron contemplar que frente a ellos había una extensión en forma horizontal, la cual era exactamente igual cuando volteaba a sus flancos o hacia atrás, y dedujeron que el mundo en donde vivían era cuadrado; pero cuando miraron hacia arriba, pensaron, como era lógico, que el cielo era redondo, también vieron al sol recorrer durante el día un trayecto en forma de semicírculo.  Todo esto vinculado al horizonte, pero también a lo vertical.  El hombre comprendió que su estructura física, a diferencia de otros animales, era vertical. Cuando tuvo la madurez suficiente pensó que probablemente arriba vivían seres poderosos que eran los dueños de toda su realidad, quienes podían influir en forma favorable o perjudicial  para él y su familia. Era tanto su temor a los relámpagos y truenos del rayo que muchos grupos humanos lo consideraron como expresión de los dioses. Por eso Zeus fue un dios del rayo, lo mismo Indra, Júpiter, también Tláloc en el panteón azteca. El Popol Vuh registra que los mayas creían que a través del relámpago, su dios les estaba escribiendo y al escucharse el trueno era su voz la que les hablaba. Jehovah también fue Dios del rayo. Todo esto se relaciona con los rayos del sol que lo mismo calientan, dan vida y propician el bienestar del ser humano, pero a la vez secan, queman y destruyen.

Los brazos izquierdo y derecho representan ideas opuestas. El primero ha sido visto como el aspecto siniestro del hombre, lo oscuro; en cambio, el derecho siempre se le considera el correcto, el adecuado, que da nombre al conjunto de leyes justas,  el que usó Dios para crear al hombre, utilizando polvo de los cuatro puntos cardinales. Por eso, cuando muere el ser humano se dice que regresa a su origen:   el seno  de la tierra, su madre, que lo alimentó con la leche de su seno,  y donde habrá de reposar por toda la eternidad. De ahí la frase: Pulvis es et in pulveremreverteris que se dice los miércoles de ceniza, costumbre heredada de los hebreos, quienes  solían ponerse polvo en la cabeza como muestra de duelo, después del fallecimiento de algún familiar o amigo. Sobre la tumba se coloca una piedra o lápida, la cual significa lo perdurable, pero también se le pone una cruz que simboliza la inmortalidad, pues la cruz en la que murió Cristo había sido construida con madera de acacia, lo mismo la corona de espinas, árbol del desierto que con una cantidad mínima de agua siempre vuelve a tener ramas verdes, por lo que se le considera imperecedero o inmortal, además esta madera es imputrible;  no como el cuerpo humano, cuyas restos mortales se destruyen, y son los huesos los que más tardan en descomponerse. Es el principio y el fin, el alfa y el omega del que hablan las Sagradas Escrituras, debido a que se ha considerado que las letras contienen la clave para comprender el universo, son la totalidad del ser, del conocimiento, del espacio y del tiempo. Por eso, la muerte se representa mediante una calavera con dos huesos en forma de aspa que pertenecen a las tibias, o bien con el esqueleto completo portando una guadaña, instrumento de labranza que corta por igual todas las plantas, simbolizando la igualdad con la que se presenta la muerte sin distingos de ninguna índole: edad, raza, idioma, clase social, condición económica, poder, profesión, religión, ideas políticas, etc. Es igual con todos y para todos. Constituye un fenómeno propio del cambio, de la inestabilidad de la naturaleza, donde nada es permanente, todo se encuentra en constante cambio, incluso el cambio mismo se transforma. Lo advirtió  Heráclito de Éfeso cuando dijo: Nadie se baña dos veces en el mismo río. El pensamiento también se encuentra en constante evolución. Las verdades actuales pueden dejar de serlo una vez que se logren mayores avances en el estudio del universo o de algún objeto en particular.

El ser humano vive inmerso en medio de ideas contrarias, resultantes del tiempo, condición, cultura, postura, sensaciones, moral, costumbres, etc. De donde se infieren diversas dualidades producto de una compleja red determinada por variables diversas y complicadas como la  realidad. Entre otras, los siguientes: La vida no puede existir sin la muerte, pues estas interactúan en forma continua, lo mismo sucede con el amor y el odio, ambos sentimientos concurren en todas las personas. La vida se desarrolla en el tiempo y el espacio: el futuro no ha llegado aún, el pasado sí, pues el presente es consecuencia de lo acontecido con anterioridad, pero de todas maneras esto es una abstracción de la mente humana. La medida del tiempo ha sido una preocupación de los seres humanos de todas las épocas; primero, el hombre observó que los días y las noches se sucedían interminablemente; después vio los cambios del cielo estrellado, particularmente de la luna que aparece pequeña y va creciendo  poco a poco; luego disminuye su tamaño progresivamente hasta que desaparece, para volver después de algunos días. Por eso, la consideró como la vida misma, pues los seres humanos van disminuyendo paulatinamente hasta desaparecer de la faz de la tierra, entonces surgió una cuestión: ¿volverán algún día como el satélite natural de la tierra? Probablemente tuvo la idea, como una esperanza, de que esa ley de la naturaleza se pudiera repetir con el ser humano y llegó a su mentalidad primitiva la idea de la eternidad del alma, concepto que ha sido elaborado a través de los  siglos.

El hombre ha creado  su propia interpretación de la realidad. Por eso, algunos pensadores han dicho que los signos del zodiaco son el Rorschach de la humanidad en su infancia. La palabra zodiaco procede de las raíces griegas “zoon-diakos” que significa rueda de los animales, aunque en la actualidad también hay seres humanos, propiamente se trata de una banda que circunda la esfera celeste comprendiendo a la eclíptica y que es suficientemente ancha para contener al Sol. Comprende de trece a catorce constelaciones. Se relaciona con la rueda de la fortuna que representa los cambios de la suerte, felicidad y desdicha, los éxitos y los fracasos.

Las figuras de los animales están presentes en muchas cosmovisiones antiguas. La zoolatría es una característica de la religión del antiguo Egipto a través de sus dioses que llevaban cabezas de animales. Se han encontrado bestias momificadas por considerarlas sagradas. Dar pan al hambriento, agua al sediento, vestido al desnudo y cuidar a los ibis, halcones, gatos y perros divinos, a los cuales se les inhumaba ritualmente, después de ungirlos con aceites y envolverlos con telas especiales para que se conservaran. El halcón era reverenciado por su belleza, vuelo ágil,  identificado con el sol y amo de las alturas, desde donde todo lo ve, se convierte en un equivalente de Horus, dios de los espacios aéreos, cuyos dos ojos son el sol y la luna. El gato tenía las virtudes de la diosa Bastet con cabeza de gato. En China solo intervenían los animales salvajes. La cultura egipcia tuvo una gran repercusión en el mundo por sus grandes aportaciones científicas, artísticas y técnicas. Su religión que era politeísta tenía como dios principal a Ra, el sol. De ahí que el oro, semejante a los rayos solares, esté presente como elemento de ornato en casi todos los altares, pues la luz es una constante en el pensamiento cristiano, contrario a la sombra, las tinieblas, la noche. Estas últimas son el negro, sucio, impuro, la muerte, el sueño,  en contraposición a lo blanco, símbolo de limpieza, claridad, el alba, las nubes. A muchos de los santos se les pinta sobre una nube, aunque las nubes suelen tener tonalidades grises y oscuras, pero en este caso están cargadas de lluvia que contribuye al florecimiento de la agricultura, es decir, una contradicción que a fin de cuentas es solo aparente, porque de hecho lo negro no debe tener connotaciones negativas.

El oro es el metal más preciado porque simboliza el sol, y, por consiguiente, la luz,  el calor, el hogar, la fecundidad y la riqueza. En Egipto, Osiris, identificado con el sol, es la garantía de la resurrección en la gloria, pues él mismo muere y resucita. Los griegos rendían tributo a  Apolo, dios sol, vestido de oro, irradia riqueza, iluminación, conocimiento. Estas tradiciones pasan al Cristianismo y es frecuente que a Jesucristo se le pinte como un hombre blanco de cabellera rubia, como Apolo y con una aureola, igual como se les ponía a  los dioses y héroes romanos.

En múltiples religiones actuales también hay figuras emblemáticas como la paloma, el cordero, el pez, el gallo, etc.

Un requisito de la vida religiosa es la humildad, voz que procede del latín humus que significa tierra, de donde se originaron también otras palabras como humano, humanidad, inhumar, etc. Ese sentido de sencillez se contraponía con la majestad de los dioses que habitaban en el cielo, según las primeras creencias.

 

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