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Cultura y política

31 de julio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Miguel Ángel Martínez Ruiz

 

El vocablo cultura procede del verbo latino colere, del cual se derivó cultus, ambos términos aplicados en sus orígenes al cultivo de la tierra y la ganadería.

En la Grecia antigua, la idea de cultura estaba íntimamente vinculada a la Paydeia, es decir, la formación educativa –instrucción y educación perfectas- del ser humano. Lo que devino en la idea romana de humanitas, cuyo significado se relacionaba al principio con la naturaleza y la dignidad humanas y, poco después, con la educación refinada, la cual consistía en proporcionar al niño el dominio de las buenas artes (la poesía, la elocuencia, la filosofía, etc.) para lograr la formación del ciudadano perfecto.

Durante la Edad Media, el concepto de cultura adquirió un carácter aristocrático y contemplativo, haciendo a un lado el estudio de la naturaleza para sustituirlo por una visión religiosa-trascendental cuyo fin era la preparación del hombre para cumplir sus deberes hacia Dios y la Iglesia, además de prepararse para la vida ultraterrena. Esta concepción estuvo acompañada de la filosofía aristotélica, robustecida por las interpretaciones de Santo Tomás y San Agustín (Escolasticismo). La cultura medieval fue esencialmente enciclopédica y religiosa.En los siglos XV y XVI, predominó  el Renacimiento, cuyo  centro fue  Italia, con la intención abierta de ampliar los horizontes del pensamiento humano, el cual había quedado reducido por muchos siglos al sistema aristotélico-tomista-agustiniano, para abrir paso al derecho de pensar libremente sin limitaciones de ninguna índole. Fue una reacción en contra de los modelos tradicionales, un rechazo a la autoridad teocrática y la aparición del laicismo. El Renacimiento permitió una serie de transformaciones políticas, económicas, sociales, religiosas, científicas y culturales que tienen como antecedente la aparición de la burguesía en las ciudades europeas.Con este movimiento vienen diversas corrientes filosóficas (Platonismo, Aristotelismo averroísta y Aristotelismo alejandrino, Estoicismo, Epicureismo, Escepticismo, Naturalismo) y las aportaciones científicas de Bacon, Copérnico, Galileo y Kepler que constituyen una verdadera revolución en todos sentidos. La cultura recibe un notable impulso al enriquecerse con el humanismo que busca el status original del hombre frente a la naturaleza, comprender su origen y su condición, vistos con un criterio objetivo. También pone especial énfasis en la posibilidad de que el individuo decida su conducta, su destino, es decir, se recupera la libertad desde los puntos de vista teológico y social. La cultura de ese tiempo se caracteriza por su vivo interés en lo antiguo, el rescate de lo clásico (Grecia y Roma). De otra manera no se explica el estudio de las letras clásicas, el cual cumplía tres funciones: a) como medio de expresión y perfeccionamiento del pensamiento; b) como medio de refinamiento del gusto estético; y c) como medio de preparación para la vida. Sin embargo, la cultura renacentista continuó siendo aristocrática: la educación y la sabiduría estaba destinada para pocos.

En el siglo XVIII, conocido como “El Siglo de las Luces”, el romanticismo estableció la diferencia entre cultura y civilización. La primera estaba orientada hacia la filosofía, la ciencia, el arte, la teología, etc. En cambio, la segunda se refería estrictamente al aspecto económico, técnico, es decir, “lo material”. De ahí que el calificativo de culto era exclusivamente para el hombre que poseía un desarrollo intelectual y artístico.

Por eso, durante la época colonial, los españoles consideraban a los aborígenes como salvajes, debido a que no poseían la llamada “cultura occidental”, pero nuestros pueblos prehispánicos tenían sus  propias culturas, en muchos aspectos más avanzadas que las desarrolladas en Europa.

A la luz de las aportaciones de la sociología y la antropología, la cultura incluye a la civilización, pues la cultura, con todas las reservas del caso, “es el conjunto de todas las formas y expresiones de una sociedad determinada. Como tal incluye  costumbres, prácticas, códigos, instituciones, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, vivienda, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista, se puede decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano. El concepto de cultura es fundamental para las disciplinas que se encargan del estudio de la sociedad, en especial para la antropología y la sociología.”

La UNESCO, en 1982, declaró: “…la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trasciende.”

Definir qué se entiende por cultura es un problema muy complicado, pues su definición se encuentra sujeta a los diferentes enfoques existentes, ya que el concepto sustentado por la filosofía en sus diversas corrientes difiere considerablemente del que se acepta en la antropología, la sociología y demás ciencias sociales, humanas o culturales.

Por ejemplo, Carlos Marx analizó las cuestiones culturales en su relación con la estructura social que las origina. Este pensador considera que la ideología es la determinante de la cultura, fiel reflejo de las relaciones de producción, esto es, la actividad económica. En esa misma dirección, Antonio Gramsci pone especial atención en la hegemonía que ejerce el grupo dominante sobre los dominados.

Con otra postura diferente, hay quien sostiene que “el pensamiento simbólico y la conducta simbólica se hallan  entre los rasgos más característicos de la vida humana y que todo el progreso de la cultura se basa en estas condiciones.”

La palabra política procede del griego πολις (polis =ciudad). Entre los griegos le denominaban “Politeia” a la “Teoría de la Polis”, vinculada estrechamente a  la paideia, que comparte también su origen con la paidagogía, de donde se derivó el término pedagogía, la cual significa etimológicamente conducir al niño de la mano. En la Grecia antigua existían varias poleis, es decir, pequeñas ciudades, entre las que sobresalió Atenas por sus grandes poetas, dramaturgos, filósofos y científicos. EL vocablo política estaba vinculado a la expresión πολιτικήτέχνη (“politikétechne”, el arte propio de los ciudadanos, arte social, arte de vivir en sociedad, arte de las cosas del Estado), pero al omitírsele el elementoτέχνη, quedó solamente πολιτική, política. Aristóteles al definir al hombre lo señala como un “zóonpolitikón”, con lo que quiso decir que el ser humano es un animalsocial. Este gran filósofo escribió la obra intitulada Política, considerado como el primer tratado sobre la naturaleza, las funciones, las divisiones del estado y las diferentes clases de gobierno.

En la Edad Media la palabra política dejó de tener su significado original y fue sustituida por expresiones como “ciencia del estado”, “doctrina del estado”, “ciencia política”,  “filosofía política”, etc., aunque de todas maneras aluden a las actividades orientadas a explicar y comprender la polis, es decir, el estado, cuyos elementos constitutivos son: territorio, población, gobierno soberano, régimen jurídico. Todo esto implica el ejercicio del poder para ordenar o prohibir algo relacionado con los miembros de un determinado grupo social, el dominio exclusivo sobre un territorio, la legislación de ciertas normas, la extracción de recursos y otras acciones como  conquistar, mantener, defender, ampliar, reforzar, etc., o bien los aparatos ideológicos del estado (AIE) que Louis Althusser divide en  Aparatos  Ideológicos del Estado religiosos, el sistema de las distintas Iglesias,  AIE escolares (el sistema de las distintas “Escuelas”, públicas y privadas),  AIE familiares, AIE jurídicos, AIE políticos (el sistema político del cual forman parte los distintos partidos),  AIE sindicales,  AIE de información (prensa, radio, T.V., etc.), AIE culturales  (literatura, artes, deportes, etc.).

Toda política se orienta hacia el logro y conservación del poder, el cual ha sido definido como el conjunto de medios para “obtener alguna ventaja”, según Thomas Hobbes, o también “los medios que permiten obtener los efectos deseados”, conforme al criterio del filósofo inglés Bertrand Russel. Lo anterior se refiere al dominio sobre otros hombres o sobre la naturaleza. De ahí que en la práctica existan diferentes tipos de poder: político, económico e ideológico. El primero se desprende del gobierno de cualquier clase, el segundo presupone la posesión de ciertos bienes que permiten al dueño determinar la conducta de otras personas (relaciones de patrón y trabajadores), el poder ideológico tiene que ver con los valores que exponen las personas investidas de cierta autoridad (sacerdotes, maestros, medios de comunicación, organizaciones sindicales, etc.).

Respecto a los fines de la política se debe recordar  que Aristóteles señala “El fin de la política no es el vivir sino el vivir bien”. La buena vida implica tener un gobierno honesto, alejado de la corrupción, según observaron algunos otros pensadores como Platón y otros.

Por su parte, Nicolás Maquiavelo  definió a la política como “el arte de engañar”, Baltazar Gracián dijo que consistía en “el arte de hacer creer”, que no es lo mismo, porque si una persona de buena fe considera posible la realización de una obra puede convencer a otras de su realización, sin que medie ningún engaño.JulienFreund fue más drástico al afirmar: “Mientras haya política, esta dividirá a la colectividad en amigos y enemigos”. Carl Schmitt coincide con Freund al manifestar: “La política tiene que ver con la conflictualidad humana; hay varios tipos de conflictos, sobre todo hay conflictos agonistas y conflictos antagónicos: la política cubre el campo donde se desarrollan conflictos antagónicos.”

La relación entre política y ética es muy discutible, puesto que el pragmatismo domina la vida pública y nuestros políticos se guían por la máxima de HermmannBusenbaum: “el fin justifica los medios” que equivale a decir “Haz lo que debes para que suceda lo que quieres”.

A los políticos muy poco les interesa la cultura, ya que carecen de ella. El presidente Peña Nieto es un hombre inteligente, pero no es culto, y lo mismo sucede con la mayoría de quienes participan en actividades políticas. Hay muchos ignorantes. La cultura solamente puede obtenerse a través del estudio constante de las obras más importantes de la literatura, las artes, la filosofía, la historia, etc. Decía Goethe que nadie podía considerase culto si no hablaba bien por lo menos tres lenguas.

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