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Educación y desarrollo

10 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

¿Puede la educación generar el desarrollo económico de un país? ¿Existe una relación de causa-efecto entre la educación y el desarrollo? ¿Es válida la aseveración de que, después de recibir educación formal, cambian las condiciones de vida de la población? Estas y algunas interrogantes más han dado origen a la polémica entre dos posiciones: Una considera a la educación como promotora del desarrollo y la otra sostiene que la educación es resultado del desarrollo.

Es muy frecuente escuchar en el discurso oficial la primera tesis, la cual concede a la educación una capacidad casi absoluta para transformar las condiciones económicas de la sociedad. A este respecto, es muy importante detenerse a reflexionar sobre la dimensión que alcanza el fenómeno educativo como factor del desarrollo socioeconómico.

En primer término, resulta oportuno definir el concepto de desarrollo, porque existen diferentes teorías (clásicas, de la modernización, de la dependencia, de los sistemas mundiales, de la globalización, principalmente), cada una de las cuales tiene su propia idea del desarrollo y, sobre todo, las estrategias para lograrlo en los países llamadas subdesarrollados, en vías de desarrollo, emergentes, del tercer mundo, pobres, del cono sur o  atrasados, conforme a sus tendencias ideológicas y, desde luego, al momento histórico de su concepción.

Conviene también precisar el concepto de crecimiento para no incidir en errores de interpretación.

El crecimiento económico consiste en el incremento porcentual del producto interno bruto (PIB) de una economía en un país y un periodo determinados. En cambio, el desarrollo tiene otras implicaciones, algunas de ellas inmateriales como la libertad de pensamiento, de reunión, religiosa, política, intelectual, cultural, de acceso a la información, opinión pública, etc., (Derechos humanos), además del acceso a mejores bienes y servicios para toda la población y no únicamente para una minoría. Se considera desarrollada una nación cuando existe equidad en lo que se refiere a la satisfacción de las necesidades de los individuos, tales como alimentación, vestido, vivienda, salud, educación, empleo, esperanza de vida, descanso, recreación, seguridad social y pública, etc. Estas definiciones quedan comprendidas dentro del concepto de Desarrollo Humano.

Tanto el crecimiento como el desarrollo económicos están directamente relacionados con la producción, cuyos factores principales son: tierra, trabajo y capital, según la escuela clásica de la economía. Obviamente, en el concepto tierra se incluyen variables como extensión, fertilidad del suelo, riquezas del subsuelo, topografía, clima, recursos acuíferos, flora, fauna, etc., el capital no se circunscribe ahora solamente a la idea de capital físico (bienes de capital) y financiero, sino que también se incluye “el capital humano”. Este último concepto se encuentra íntimamente vinculado al trabajo, cuyo rendimiento lo determinan múltiples variables, tales como las instituciones sociales (la familia, la iglesia, la escuela, el estado, los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales, etc.), la organización empresarial y la ciencia y la tecnología.

Desde la segunda mitad del siglo xx, los factores científico y tecnológico adquirieron una relevancia sin precedente en la historia humana, puesto que su impacto en la sociedad ha sido de tal magnitud que no se la concibe sin los grandes adelantos aplicados a las comunicaciones, la salud, el trasporte, la alimentación, etc. Todo esto incide en una mejor calidad de vida.

Dentro de este contexto, el factor educativo desempeña un papel esencial, pues vivimos una etapa histórica que se caracteriza por las grandes innovaciones científicas y tecnológicas, un incremento muy significativo en la demanda de información y nuevos conocimientos, desarrollo de la investigación en todos los campos del saber, (especialmente la investigación aplicada), la internacionalización del conocimiento, diversificación de los procesos productivos y globalización de la economía.

Así lo han reconocido los jefes de gobierno en la primera Cumbre de Guadalajara (1991), quienes calificaron de legítimas las aspiraciones de los pueblos a lograr un desarrollo económico, social, tecnológico y cultural; para lo cual, justipreciaron de vital importancia el impulso a la educación y la cultura como medios que les permitan enfrentar los grandes retos de la época actual e insistieron en la necesidad de fortalecer la propia identidad y la inserción internacional competitiva.

Se debe incluir como parte de las políticas públicas, la visión de desarrollo sostenible, perdurable o sustentable que fue formalizado en el Informe Brundland (1987), y que tiene como postulado básico: “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades”, cuya preocupación se centra en la protección del medio ambiente para evitar un “ecocidio”, el cual traería problemas de efectos  impredecibles, como podría ser la extinción de la especie humana.

En este escenario, la educación está llamada a desempeñar un papel fundamental, ya que la formación de profesionistas y técnicos es el factor más importante para intensificar el desarrollo sostenible en los países emergentes o en vías de desarrollo.

Sin embargo, como señala Carlos Muñoz Izquierdo, “aun cuando la educación es indispensable para impulsar el desarrollo económico y social, ella no garantiza –por sí misma- que los sujetos que la adquieren –ni los países que la promueven- reciban los beneficios sociales y económicos que esperan” (2004).

Además, resulta muy lamentable ver a los egresados de las instituciones de educación superior enfrentarse a un problema gravísimo: el desempleo. ¿Para qué dedicaron tantos años a estudiar, asistir a clase puntualmente, cumplir con las tareas, preparar exámenes, hacer una tesis profesional y recibirse?  ¿Con qué finalidad invierte el Estado muchos millones de pesos en la formación de recursos humanos? ¿Qué sentido tiene que los padres de familia se esfuercen y realicen gastos en la educación de sus hijos?

¿Qué se puede hacer ante una realidad tan adversa para los jóvenes profesionistas, cuyas consecuencias son el desánimo, la frustración y el fracaso?

La explosión demográfica y, como consecuencia, la sobrepoblación en los planteles educativos propició que hubiera un incremento muy significativo en la mano de obra calificada (profesiones), pero el mercado de trabajo no se desarrolló paralelamente, lo cual vino a  incidir directamente en los altos índices de desocupación y subocupación. A esto, se pueden agregar  la contratación exclusiva de egresados de instituciones privadas, auspiciadas por el sector empresarial, que responden a sus expectativas; pero la causa principal consiste en la desvinculación entre las instituciones de educación superior y el mercado laboral, además de la ausencia de una planeación adecuada que responda a las necesidades económicas de la sociedad.

Un profesional en cualquier campo del saber humano pertenece a una categoría muy relevante, pues tiene la capacidad de aplicar sus conocimientos científicos a la solución de problemas específicos y habilidades propias de una práctica para la cual ha sido autorizado por las instituciones legítimamente constituidas.

La vedad es que en México los recursos humanos no se aprovechan de manera racional, particularmente cuando la mayoría de nuestras universidades reciben indiscriminadamente a todo el que quiere inscribirse en cualquier carrera sin haber revisado sus antecedentes académicos ni su orientación vocacional y se integran grupos hasta de cien alumnos y muchas veces no se cuenta con espacios educativos suficientes  (aulas, talleres, laboratorios, etc.).

Es urgente llevar a cabo investigaciones serias sobre el mercado de trabajo en cada región del país, tomar medidas pertinentes respecto al currículum de cada carrera, planes de estudio y programas, innovar los métodos y técnicas didácticos,  que contribuyan a la formación de profesionistas bien preparados, eficientes y eficaces. Es preciso diseñar un nuevo perfil del trabajador que las necesidades reales del mercado laboral  están demandando. Ya no es correcto aplicar los paradigmas de hace cincuenta o más años. Hay necesidad de una reforma universitaria, pero profunda y acorde a las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales de nuestro tiempo.

La falta de oportunidades  laborales, obliga a  un sinnúmero de médicos, abogados, ingenieros y otras profesiones a trabajar como agentes de laboratorios, burócratas en cargos de ínfima categoría  o conductores vehículos del trasporte público. Un licenciado en derecho, hijo de un pintor de casas, fue a una empresa en la que solicitaban un abogado para que se hiciera cargo del departamento de cobranzas y también un pintor, se presentó muy entusiasmado, pero al enterarse del salario que ganaría como abogado, el cual sería de $6 000 pesos, optó por el de pintor cuya retribución consistía en $10 000 pesos mensuales. El requisito para el segundo puesto era el certificado de primaria, es decir, había una diferencia de once años de escolaridad.

La Secretaría de Educación Pública y el sector empresarial tienen ante sí un reto fundamental: Llevar a cabo investigaciones cualitativas y cuantitativas de las instituciones de educación superior, públicas y privadas, en relación con el mercado de trabajo. Sólo así será posible implementar estrategias que conduzcan a disminuir el desequilibrio existente entre la gran cantidad de profesionistas desempleados y la demanda real de profesionistas en el mercado de trabajo.

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