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El artículo 3° constitucional ¿un fraude? (1ª de 2 partes)

10 de julio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por:  Miguel Ángel Martínez Ruiz

La fundamentación jurídica de la educación, vigente hasta el día de hoy, ha sido inoperante, pues no se aplica ni se ha aplicado jamás. Para dar sustento a la anterior aseveración es preciso analizar su contenido. El texto dice:“Artículo 3. Toda persona tiene derecho a recibir educación. El estado -federación, estados, ciudad de México y municipios-, impartirá educación preescolar, primaria, secundaria y media superior. La educación preescolar, primaria y secundaria conforman la educación básica; esta y la media superior serán obligatorias.”No es correcto que se establezca la obligatoriedad cuando no existen suficientes escuelas y maestros, ni siquiera para el nivel de educación básica; resulta inaceptable que se les exija en la ley a padres y jóvenes a que estudien la preparatoria porque es un deber constitucional, tampoco es válido considerarlo como un derecho, pues resulta evidente que los mexicanos de segunda y tercera jamás tendrán condiciones propicias  para educarse, por ser personas cuyas vidas se desarrollan en condiciones de pobreza y pobreza extrema, quienes suman más de sesenta millones de mexicanos, esto es, la mitad de la población.

El mandato en cuestión continúa señalando: “La educación que imparta el estado tenderá a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.”  Esto es absurdo, pues en la totalidad de la superficie terrestre jamás ha existido ni existirá un ser humano que haya logrado desarrollar todas sus facultades; pero además armónicamente. ¿Dónde está ese ser humano consiguió semejante hazaña? No lo hay, no existe.Se indica también el fomento del amor a la patria. ¿Qué opinarán los mexicanos que no tienen ni una casucha donde vivir, los que carecen de todo: comida suficiente, agua potable, luz, drenaje, servicios de salud, vías de comunicación, escuelas, etc.? ¿Cuál patria tienen esos pobres? No conformes con eso también se les pide el respeto a los derechos humanos. ¿Cuáles derechos humanos si los de ellos no los respeta nadie? Especialmente el derecho a tener una nutrición suficiente, aunque no sea adecuada. Por si fuera poco, deben tener conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y la justicia. Los mexicanos no tenemos ni solidaridad con nosotros mismos, menos la vamos a tener con otros pueblos en el plano internacional.  Y sobre la independencia y la justicia. Estas no existen para los marginados, excluidos, proletarios o depauperados del país. No tenemos siquiera independencia alimentaria, tampoco económica y, por lo tanto, política. Respecto a la justicia se suele indicar que el legislador o las cámaras de legisladores elaboran la norma y establecen los derechos que tienen aquellos que la transgredan.  Este punto de vista circunscribe a la justicia al ámbito del derecho, entendido como el conjunto de prescripciones del poder público (leyes, reglamentos, etc.), lo cual equivale a considerar que la única forma de conocer lo justo o injusto es la norma.  El derecho tiene un campo más amplio, ya que estudia las doctrinas jurídicas, las critica positiva y negativamente y, a través de la jurisprudencia (la prudencia de lo justo) las enriquece.

Más adelante el artículo 3° establece: “El estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos.”Como se ve, quienes redactaron esto no tienen ni la menor idea de cómo viven los mexicanos radicados en la sierra o zonas de miseria, sin comunicaciones, ni tierras cultivables. Las escuelas que allí existen, si es que las hay, carecen de todo: aulas, patio de recreo, canchas deportivas, laboratorios, equipos de cómputo, incluso de servicios sanitarios. Y ¿los maestros? Ellos realizan un gran esfuerzo para llegar hasta estos lugares tan apartados y de difícil acceso, pues hay necesidad de caminar varias horas o trasladarse montando un caballo. ¿Qué resultados óptimos se le pueden pedir a un profesor sin recursos ni siquiera para vivir decorosamente. Muchas veces los padres de familia les pagan, porque el gobierno no sabe que dichas escuelas existen. Ahora bien, el concepto de calidad fue tomado de la economía, por los buenos resultados obtenidos en la industria, pero esta idea llegó a la cuestión escolar debido al informe presentado por W. S. Learned a la Fundación Carnegie para el Avance de la Enseñanza en 1927, bajo el título “Thequality of theeducationalprocesss in theUnitedStates and in Europe”. A partir de esta publicación, ha sido corriente utilizar esta idea asociada a costos y beneficios en los sistemas de educación. En la actualidad, también se incluyen los métodos para alcanzar los fines de la educación, los participantes en la educación escolarizada y a los funcionarios, responsables de tomar las decisiones en cuanto a política educativa se refiere, pues hablar de calidad educativa implica un proyecto sumamente ambicioso, incluso para los países altamente desarrollados. La calidad educativa no está determinada sólo por la calidad de las escuelas, pero aun así, “un centro educativo de calidad es aquel que potencia el desarrollo de las capacidades cognitivas, sociales, afectivas, estéticas y morales de los alumnos, contribuye a la participación y a la satisfacción de la comunidad educativa, promueve el desarrollo  profesional de los docentes e influye con su oferta educativa en su entorno social. Un centro educativo de calidad tiene en cuenta las características de sus alumnos y de su  medio social. Un sistema educativo de calidad favorece el funcionamiento de este tipo de centros y apoya especialmente a aquellos que escolarizan a alumnos con necesidades educativas especiales o están en zonas social o culturalmente desfavorecidas” (Marchesi y Martin).

Más adelante, el artículo 3° indica: “I. Garantizada por el articulo 24 la libertad de creencias, dicha educaciónserá laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”.Desde que el presidente Benito Juárez decretó para la educación las características de laica, gratuita y obligatoria hace 149 años, se puede decir que no ha habido ningún progreso verdaderamente significativo, debido a que esos ideales juaristas todavía no se cumplen, pues aun cuando están expresados en la Constitución General de la República nadie los respeta, ni la autoridad, que tiene el deber ineludible de cumplirla al pie de la letra. Pero abundan las escuelas donde no se respeta el laicismo, término que procede de laico, que a su vez se deriva del latín laicus y este del griego laiko, palabra que quiere decir lego (que no tiene órdenes clericales). De ella la Iglesia Católica derivó el término laicismo para designar a las personas que no forman parte ni del orden secular ni del orden regular.  Este vocablo se refiere tanto a la cultura laica como al estado. La primera comprende las corrientes del pensamiento que sostienen la emancipación de la filosofía y la moral respecto a la religión. Esta posición se sustentó fundamentalmente en el racionalismo que rechaza las verdades absolutas y definitivas, afirmando al contrario la libre búsqueda de las verdades relativas a través del examen crítico y la discusión libre.  El estado laico alude a un tipo de organización política opuesta al estado confesional, es decir, el estado que adopta como propia una determinada religión y concede privilegios a sus fieles.  El estado laico se identifica con las corrientes políticas que sostienen la autonomía de las instituciones públicas y de la sociedad civil respecto del magisterio eclesiástico, el régimen de separación jurídica entre estado e iglesia y la garantía de la libertad de los ciudadanos en relación con ambos poderes. En las décadas de los años 20’s y 30’s del siglo pasado, la lucha antirreligiosa de los gobiernos emanados de la Revolución como se hacían llamar, cuando surgió el movimiento cristero, el cual fue consecuencia de la política anticlerical impuesta por los presidentes Obregón y Calles, basándose en el artículo 130 Constitucional, cuyo Reglamento prohibía que en los colegios y escuelas particulares se enseñara religión alguna; se proscribieron las imágenes de santos en los mismos planteles; se abolió toda intervención docente de los sacerdotes; se reformó el Código Penal del Distrito y Territorios Federales, señalando severas penas a los infractores de tales disposiciones.

También el artículo 3° expone: “II. El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.” Probablemente nuestra educación se apegue en parte a los adelantos científicos, pero está muy lejos de combatir la ignorancia y sus efectos, pues el problema del analfabetismo no se ha resuelto. Hay varios millones de analfabetos, más los funcionales. Y, claro está, que no se combaten las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios. Durante la visita del Papa Francisco, casi toda la población mexicana se volcó en los lugares donde estuvo presente. Incluso nuestros políticos de izquierda, centro y derecha fueron a recibir sus bendiciones en Palacio Nacional. ¿No existe fanatismo? ¿Dónde quedó la influencia de la escuela?

Contiene otras disposiciones sobre los criterios que habrán de normar la educación. Entre otros, “a) serádemocrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimenpolítico, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”. Se acaba de dar el dedazo para designar desde ahora al nuevo presidente del PRI, lo cual retrata de cuerpo entero el sistema antidemocrático en que vivimos. Pero ese problema por desgracia no solamente prevalece en el PRI, sino también en los demás partidos políticos (PAN, PRD, MORENA, PT, PV, etc.) donde un grupo de bribones se reúnen para repartirse los cargos de elección popular, con el único y deliberado fin de enriquecerse a costas del pueblo. ¿Por qué tanto interés en lograr una diputación, una senaduría o una gubernatura? No es por su gran vocación de “servidores públicos”, como estúpidamente se autodefinen algunos politiquillos despreciables. En México la democracia no existe, ni ha existido como estructura jurídica ni régimen político, menos aún como un medio para mejorar la crítica situacióneconómica, social y cultural en que se debaten las grandes mayorías nacionales. En las votaciones ofrecen a los ciudadanos las boletas con tres o cuatro opciones, donde figuran los candidatos previamente seleccionados por las llamadas cúpulas partidistas, y no existe ninguna otra, porque si alguien vota por otra persona diferente el voto simplemente se anula. Sólo los candidatos designados por los partidos valen, pues incluso los llamados “independientes” se llenan de compromisos con grupos de la iniciativa privada o con la cáfila de sinvergüenzas –igual que ellos- que los rodea.

Los mexicanos, a lo largo de nuestra historia, hemos sido muy dados al autoengaño. Está bien que se tengan aspiraciones, pero al contrastar este sueño o anhelo colectivos con  la realidad salta a la vista que estamos muy lejos de alcanzar esos avances en el campo educativo.Una ley debe ser norma efectiva, no ilusión falsa para engañar al pueblo, con posturas frecuentemente demagógicas.

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