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El Dr. Salvador Ruiz Cancino

19 de julio, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Como consecuencia del crecimiento de las ciudades que las convierte en grandes urbes, ha surgido una tendencia a no valorar a los integrantes de la sociedad. Ese es el caso de la profesión médica, al igual que otras muchas, donde resulta casi imposible que haya un verdadero aprecio para quienes nos prestan esos servicios invaluables. Por ello los medios deben suplir esta indiferencia.

Recientemente, el doctor Salvador Ruiz Cancino logró algunas distinciones que han pasado inadvertidas para la sociedad moreliana, tales como haber posicionado su consultorio dentro del Consejo de la Judicatura Federal en segundo lugar nacional el año de 2013 y, al año siguiente, el primer lugar en la República.  Estas importantes demostraciones sobre sus valiosas tareas fueron consecuencia de toda una trayectoria de estudio y de trabajo.

Resultaría demasiado prolijo abundar en todas las actividades que le han requerido muchas horas de dedicación; motivo por el cual se expresan solamente los aspectos de mayor relevancia. Su formación educativa tuvo lugar en instituciones oficiales: primaria, secundaria, hasta ingresar al Primitivo y Nacional de San Nicolás de Hidalgo, plantel en el que concluyó los cursos de Bachillerato correspondientes al área de ciencias biológicas, para continuar en la Facultad de Medicina “Dr. Ignacio Chávez” de la Universidad Michoacana, donde obtuvo su título el año de 1981.

Inmediatamente inició su trabajo profesional en la recién fundada ciudad de Lázaro Cárdenas, como médico dentro de la estructura del Instituto de Seguridad  y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado. Su invariable vocación fue la razón esencial para ser promovido a un nombramiento de mayor significación en la capital del Estado: Coordinador de atención al derechohabiente.

Durante esa etapa de nueve años como médico general, su afán de superación lo llevaron a realizar algunos cursos, entre otros, los de Patología obstétrica, Hipertensión arterial, Actitud del servidor público, Urgencias médico-quirúrgicas, Actividades médico regionales  y Metodología de la investigación. No satisfecho con lo realizado hasta entonces, presentó su examen para realizar su especialización en Otorrinolaringología, la cual cursó con éxito en el  Hospital Regional “Lic. Adolfo López Mateos” ISSSTE de la ciudad de México, D. F., cuyo examen sustentó en 1993, el cual fue certificado por el Consejo Mexicano ese mismo año.

De inmediato inició su desempeño como especialista en su consultorio particular, además de hacer lo propio en el Hospital “Vasco de Quiroga”, establecido en Morelia, llegando a ser  Subdirector del propio establecimiento y, seis años después, Director (1996-2000). Hay un aspecto que debe mencionarse, el cual consistió en proporcionar oportunidades laborales a muchos médicos conocidos suyos, pero con apego a los requisitos y necesidades de la institución hospitalaria.

Esa actitud de comprensión era un fiel reflejo de su conducta como médico, pues a fin de cuentas el significado etimológico  de esta palabra es  el que ayuda, cuida y cura, además el vocablo remedio tiene la misma raíz “med”. Sus acciones solidarias y la disposición para el servicio a sus semejantes le permitieron acceder al cargo de Jefe de Atención Curativa y Rehabilitación en el Estado. Su trayectoria lo hizo acreedor al nombramiento de Subdelegado Médico del ISSSTE dentro del ámbito estatal.

Las puertas de su oficina siempre estuvieron abiertas y supo conducirse con sencillez y consideraciones especiales para todas las personas que acudían a plantearle sus problemas. Esto que se ha dicho en breves palabras, pero exigió de parte del doctor Ruiz Cancino un gran esfuerzo, pues no se puede servir a los demás sin sacrificar en cierta medida el tiempo que se destina a tareas de carácter familiar, social y de convivencia con familiares y amigos, incluso llegó a comprometer su propia salud, como les consta a sus compañeros.

Se ha dicho, con razón o sin ella, que el verdadero médico no es dueño de su tiempo, sino que este le pertenece a sus pacientes. Independientemente de esta aseveración que puede ser válida para algunos, no así para otros, el doctor Ruiz continuó su formación en diferentes cursos y congresos, tales como dos Congresos nacionales de otorrinolaringología, 1991 y 92; Actualización en otología, patrocinado por PEMEX, 1991; Cirugía en esa especialidad, impartido por la UNAM;  Aspectos farmacológicos en otología, 1993; Reunión nacional de regulación de servicios, 1998; Diplomado en gerencia de servicios de salud, 1998-99; Curso sobre responsabilidad ante  el OIC, 1999; Urgencias en traumatología, 1999; Congreso anual de infectología 1999; Congreso anual de antimicrobianos, 1999;  Reunión nacional sobre telesalud, 2000: Aspectos geriátricos, 2000; Congreso nacional de otorrinolaringología, 2000: Diplomado sobre tabaquismo, 2000; Reuniónnacional sobre VIH SIDA, 2000; Jornadas de normatividad institucional, 2000;Curso regional de ortopedia, 2001; Taller nacional sobre medicina del trabajo, 2003; Jornadas médicas del ISSSTE, 2004; Semana nacional de ciencia y tecnología, 2004; Foro de salud escolar (Congreso del Estado), 2004; Semana nacional de información en salud, 2005; Seminario internacional de los sistemas de salud, 2005; Jornadas estatales de oncología, 2005, etc.

Pertenece a diversas sociedades médicas, entre otras, las siguientes: Sociedad Mexicana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello; Consejo Mexicano de Otorrinolaringología; Colegio de Otorrinolaringólogos del Estado de Michoacán; Colegio de Médicos del Estado de Michoacán.

El año de 2007 dejó de trabajar en el ISSSTE para atender su consultorio particular y hacerse cargo a partir de 2009  de asesorías como perito médico especialista para la Dirección de Servicios Periciales de la Procuraduría de Justicia del Estado. En 2010, se incorporó como médico del Consejo de la Judicatura Federal.

El doctor Ruiz Cancino ha desarrollado algunas otras funciones, entre las cuales figuran: Representante de autoridad en la Bolsa de Trabajo y Escalafón del ISSSTE Michoacán (2000-2007), Vocal del Comité de Quejas y REEMBOLSOS DE LA Delegación del ISSSTE Michoacán (2000-2007) y Representante del ISSSTE Michoacán ante la Comisión de Arbitraje Médico (2002-2007).

Desde que se ingresa al consultorio del Dr. Ruiz Cancino puede sentirse una extraordinaria disposición para escuchar al paciente, siempre atento, amable, cordial y sin descuidar ningún detalle de la buena educación, observa cuidadosamente a la persona que acude en busca de ayuda. Lo hace con un espíritu humanista, tal vez nutrido en el pensamiento del eminente médico Ignacio Chávez.

Guardadas las proporciones de admiración y respeto al gran cardiólogo, resulta oportuno recordar algunas de sus ideas:“Medicina sin ciencia es sólo un oficio y el médico que se queda en ella no pasa de ser un simple artesano. El médico como ser capaz de salvar una vida, siendo semejante a los dioses, según el pensar de Hipócrates debe reunirse con el médico que es guía, consejero, árbitro, amigo, quien atiende, más allá de los males somáticos, sus repercusiones espirituales, incluida en ellas la interpretación delirante que puede hacer el enfermo de su mal, de la amenaza de morir, del temor y la esperanza [Chávez, 1977: 87].

La acción mecánica del médico que sabe, por mucho que sepa, no basta; de ninguna manera la medicina puede detenerse allí para cumplir con su objetivo. Es indispensable que el médico adquiera una gran dimensión humana, comenzando por el hecho de que el científico “pudiera llegar a un refinamiento de la cultura” para continuar con la búsqueda del ideal, del arquetipo del hombre universal [Chávez, 1977: 23-24]. Pero, para ser verdaderamente médico, se requiere además devoción y calor humano. El médico debe de ser “un hombre que se asoma sobre otro hombre, en un afán de ayuda, ofreciendo lo que tiene, un poco de ciencia y un mucho de comprensión y simpatía”, no concibiéndose cultura, menos todavía en términos de una cultura profesional y siendo inadmisible en una cultura médica, el mínimo desinterés a propósito de los problemas del hombre [Chávez, 1977: 21, 24].

La fragua del médico exige, pues, el cultivo de “los veneros de la comprensión y de la simpatía para el enfermo” al lado de la búsqueda infatigable del progreso, el del saber médico claro está, el cual “no puede detenerse porque la mente humana es insaciable y mira en el dominio de la naturaleza su gran reto” [Chávez, 1977: 434-435]. “Siendo el deber último del médico su responsabilidad para con el enfermo, deberá temperar sus ímpetus o bien por medio de la inteligencia que prevé, o bien robusteciendo la conciencia moral. “Protegida así, la medicina podrá seguir adelante en busca de la salud y el bienestar del hombre…con tal de que la medicina nueva no sacrifique nunca al interés de la ciencia el interés supremo del enfermo…” “…con tal que el médico, hombre de ciencia, siga siendo el médico–hombre y si puede, el médico- apóstol,” aquel que nunca estará carente de calor humano y viva siempre pleno de “interés solícito por el hombre que sufre” [Chávez, 1977: 435].

En una conferencia, el propio Dr. Chávez expuso: “Clínica fue la medicina al nacer y clínica será siempre. De otro modo no sería medicina. Porque la medicina clínica es eso, medicina clínica. Lo demás puede ser ciencia, pero sin clínica no es medicina. La consulta médica no significa sólo el deseo de acabar con la molestia orgánica, sino segar el temor escondido, la angustia inconfesable”.

El también médico Ruy Pérez  Tamayo, siguiendo la línea del pensamiento del gran cardiólogo de fama mundial Dr. Iganacio Chávez, definió el humanismo en la medicina, al expresar: “El Diccionario de la Real Academia define el término «humanismo» como: 1. Cultivo o conocimiento de las letras humanas. 2. Movimiento renacentista que propugna el retorno a la cultura grecolatina como medio de restaurar los valores humanos. 3. Doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos.

Desde luego, creo que esto no es lo que tenemos en mente cuando hablamos del humanismo en la medicina, sino más bien lo que significa el término «humanitario», que en el mismo Diccionario se define como: 1. Que mira o se refiere al bien del género humano. 2. Benigno, caritativo, benéfico. 3. Que tiene como finalidad aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que las padecen.

En otras palabras, no se trata de que los médicos, para cumplir de manera adecuada con sus funciones profesionales, deban ser expertos en literatura clásica y contemporánea, o cultivar el griego y el latín, o recitar a Petrarca y citar de memoria algunos cantos de la Divina Comedia, sino más bien que practiquen el bien, que sean benignos y caritativos, o que en vez de humanistas sean humanitarios.

Pero este último no era el punto de vista de uno de los médicos mexicanos más famosos y más justamente admirados en el siglo pasado, quien además insistió en forma reiterada sobre el tema, de modo que no hay duda sobre su postura y sobre sus ideas: me refiero al Maestro Ignacio Chávez.

En ocasión del III Congreso Mundial de Cardiología, celebrado en Bruselas en septiembre de 1958, el Maestro Ignacio Chávez pronunció un memorable discurso titulado: «Grandeza y miseria de la especialización médica. Aspiración a un nuevo humanismo». […]

El Maestro Ignacio Chávez hace un rápido bosquejo de los progresos de la medicina científica y de la especialización, y después dice: «… no hay peor forma de mutilación espiritual de un médico que la falta de cultura humanística.

Quien carezca de ella podrá ser un gran técnico en su oficio, podrá ser un sabio en su ciencia, pero en lo demás no pasará de un bárbaro, ayuno de lo que da la comprensión humana y de lo que fija los valores del mundo moral». ¿Y en qué consiste esa cultura humanística?

El Maestro Ignacio Chávez la describe, en distintos párrafos, como sigue: «… la raíz del humanismo actual debe ser el conocimiento de las lenguas vivas. A través de ellas podremos asomarnos al pensamiento de razas y países que no son los nuestros y beber la información de las fuentes mismas…

Siendo una aspiración eterna, la cultura no es una cosa universal y estática, sino que cambia y se modela según el tiempo y el lugar. De aquí que el conocimiento de la historia sea un requisito esencial del humanismo contemporáneo, historia amplia, de los pueblos, de la civilización y de los pensamientos del hombre.

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