IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 18 de enero de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

21.00

21.80

Feliz Año Nuevo

27 de diciembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

A esta frase la componen tres vocablos que implican el sustantivo año y los adjetivos feliz y nuevo. Si queremos entender el significado de dichos vocablos debemos recurrir a diferentes fuentes bibliográficas para comprenderlo en toda su dimensión al margen de los buenos deseos que generalmente involucra tal aspiración humana.
En primer término, tenemos el concepto de felicidad, la cual se define en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española con tres diferentes acepciones: (Del lat. felicĭtas, -ātis). 1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. 2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo. 3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad. En busca de una concepción filosófica, diríamos que para Aristóteles y la escuela griega consiste en: la llamada eudemonia como bien supremo del hombre que tiene relación directa con la realización del fin propio que le sobreviene al realizar la actividad más propia y de modo perfecto, y como en la naturaleza humana tiene mayor importancia el alma que el cuerpo, la felicidad se producirá más con la actividad del alma (intelecto y voluntad) que con la del cuerpo, la felicidad se logra a través del razonamiento por el cual se llega a la virtud, es decir, a Dios. Sin embargo, Aristóteles considera también necesaria una cantidad moderada de bienes exteriores y afectos humanos. En una posición contraria, las corrientes filosóficas cínica y estoica sostienen que para ser feliz es indispensable ser autosuficiente, valerse por sí mismo, sin depender de nada ni de nadie. Con otro enfoque, Epicuro defiende la idea de que para ser feliz es preciso experimentar placer intelectual y físico y evitar el sufrimiento.
Con una idea más actual, otros pensadores afirman que la felicidad radica en un estado de ánimo, consecuencia de haber alcanzado una meta deseada, el cual propicia paz interior, un enfoque positivo, al mismo tiempo que un estímulo para continuar en el logro de otras metas. Por ejemplo, los racionalistas como Leibniz postulan que la felicidad es una adecuación de la voluntad del hombre a su entorno físico y humano; los utilitaristas como John Stuart Mill conciben la felicidad por la satisfacción de los placeres superiores. Algunos autores más recientes asumen que la felicidad es ante todo una actitud mental y que el hombre puede tomar una decisión en tal sentido, argumentando que la gran mayoría de las personas buscan la felicidad por muchos medios, pero casi nunca la alcanzan. También se presume que el hombre puede tomar esta decisión al aceptar su condición, su pasado y, desde luego, la vida tal como se le presenta en ese momento y, si construye su vida a partir de estas ideas, el individuo es verdaderamente feliz. Con una postura pesimista, Nietzche dice que el hombre no ha venido al mundo a ser feliz, sino que está predestinado a sufrir. Para la filosofía oriental, la felicidad es resultado de la armonía interna que se siente como un bienestar que perdura en el tiempo y no como un estado de ánimo pasajero.
Casi todas las religiones establecen que la felicidad solamente se puede alcanzar a través del acercamiento al supremo creador de todos los seres, adoptando una conducta correcta, con base en principios o normas, según la interpretación de cada una.
Al parecer, la conclusión más lógica es que, independientemente de la posición socioeconómica que tenga la persona humana, educación, sexo, estado civil, raza, credo religioso, ideología política, etc., el ser humano nunca está satisfecho con lo que tiene, siempre está deseando obtener más en cualquier sentido, debido a que es parte de la naturaleza humana no estar nunca conforme. Por lo que la felicidad plena no puede existir como una realidad absoluta. Puede haber cierto grado de felicidad en una determinada etapa de la vida, pero es muy difícil encontrar una persona que se haya sentido plenamente feliz durante toda su existencia.
Ahora bien, por lo que se refiere al año, concepto temporal o cronológico, hay diferentes formas de entenderlo. El tiempo es una idea muy difícil de definir, tanto que se dice que el filósofo y sabio San Agustín de Hipona se preguntó. ¿Qué es el tiempo? Y él mismo se contestó: Si no me lo preguntaran, creo saber lo que es, pero si quisiera explicarlo no podría hacerlo.
El gran físico Isaac Newton afirma que el tiempo existe independientemente de la mente humana y los objetos materiales, que fluye por sí mismo. Sin embargo, el filósofo Emmanuel Kant considera que el tiempo es una invención del hombre.
A través de la historia, los pueblos han tenido sus propias culturas y estas han aportado diferentes formas para la medición del tiempo: los cuadrantes solares, las clepsidras y los relojes de todo tipo (de arena, agua, de sol, mecánicos, automáticos, eléctricos, electrónicos, atómicos, etc.).
Medir el tiempo ha sido una preocupación humana en todas las épocas, pues de ello depende el registro de los hechos más importantes para las sociedades, lo cual constituye la esencia de la historia, la vida de los hombres en el tiempo. Si no existiera esta medición, no habría coincidencia al asistir a las actividades económicas, sociales, políticas, educativas, etc., como sucedía antes de que se tuvieran criterios unificados.
Las primeras observaciones que le permitieron al ser humano tener una idea más o menos precisa del tiempo fueron con base en los cambios que presenta la luna durante 28 ó 29 días, fenómenos gracias a los cuales se estableció el mes lunar. Los agricultores necesitaban saber con alguna precisión la llegada de la temporada de lluvias, las nevadas, el calor, el frío y los cambios climáticos, aunque estos últimos están determinados más bien por el sol, en torno al cual gira la tierra dando origen a las estaciones. Debido a esto se crearon diferentes años:
El año sideral que comprende el tiempo necesario para que la tierra vuelva a pasar frente a una misma estrella desde un punto fijo.
El año tropical se refiere a dos pasos sucesivos de la tierra por cualquiera de los equinoccios, el cual arroja un cálculo de 365. 2422 días. Este tipo de año también llamado solar sirvió de fundamento para crear el calendario actual.
El año anomalístico se creó tomando como dato principal el tiempo que tarda la tierra en pasar dos veces por el perihelio.
Fueron los egipcios los primeros en adoptar el año solar hace 6000 años, pues sus astrónomos se percataron de que Sirio (Can Mayor) era la estrella brillaba más que las otras y esto acontecía cuando el río Nilo se desbordaba e inundaba las tierras. También tenían un obelisco, en cuya punta se podía ver la misma estrella Sirio y así señalaban el año nuevo.
El círculo de trilitos de Stonehenge (Salisbury PlainArea), Inglaterra, dos mil años antes de Cristo, permitía a los antiguos habitantes de la isla (anglos, sajones, jutos y druidas,) saber cuándo ocurrían los solsticios y algunos eclipses.
Julio César llevó a Roma el calendario egipcio que rigió la llamada civilización occidental durante 16 siglos, hasta que el Papa Gregorio XIII propuso una reforma muy importante en dicho calendario, el cual sigue teniendo vigencia hasta nuestros días (calendario gregoriano).
Los días de la semana tienen diferentes nombres de origen grecorromano y hebreo: Lunes, del latín “lunaedies”, día de la luna; Martes, día de Marte, el dios de la guerra; Miércoles, del latín “mercuridies”, día de Mercurio, dios de los comerciantes y viajeros; Jueves, “jovisdies”, día de Júpiter, dios asimilado a Zeus, dios del cielo y la luz; Viernes, del latín “venerisdies”, día de Venus, diosa de los huertos; Sábado, del hebreo “sabbath” que significa descanso; Domingo, “dominicusdies”, día del Señor. Los meses del año significan: Enero, del latín “Ianuarius, mes dedicado al dios Jano, personaje que tenía dos caras: una viendo hacia el pasado y otra hacia el futuro; Febrero, del latín “februarius”, mes que estaba dedicado a los difuntos en las fiestas denominadas “februaria”; Marzo, del latín “martius”, dedicado a Marte, dios de la Guerra; Abril, del latín “aprire” que significa abrir, durante este mes se abren las flores; Mayo, mes dedicado a la diosa Maya, una de las siete hijas de Atlas y Pleyone en la Mitología Romana; Junio, del latín “junius”, mes dedicado a la diosa Juno, venerada por las mujeres que iban a dar a luz; Julio, mes que dedicó el emperador Marco Antonio a Julio César; Agosto, mes dedicado al emperador César Augusto; Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre, derivados de las palabras latinas “septem”, “octo”, “nove” y “decem”, equivalentes al séptimo, octavo, noveno y décimo del primitivo calendario romano.
El tiempo es sin duda alguna resultado de una serie de fenómenos astronómicos y físicos muy complicados y ha sido objeto de estudio en todas las épocas, ya que los seres humanos vivimos en función de esta realidad que evoluciona constantemente. Llega incluso a causar ansiedad o stress en muchos seres humanos por no saber lo que nos depara el futuro.
Cuando concluye un año, la mayoría de las personas comprenden que es un año más y también un año menos en el curso de la existencia. Por eso es común formularse nuevos propósitos, entre otros, los siguientes: dejar de fumar o evitar la ingesta frecuente de bebidas embriagantes, bajar de peso, seguir una dieta menos saturada de grasas y hacer ejercicio físico, ahorrar dinero, ayudar a sus padres ancianos, buscar a los hijos abandonados con anterioridad, mejorar la situación laboral y económica, acercarse más a Dios, ser una persona más positiva, trabajar más y con resultados más efectivos, ser mejores padres, viajar para conocer otras ciudades, estudiar, en una palabra volverse más responsable. Desde luego que estas promesas o propósitos de Año Nuevo se las formula cada quien de acuerdo a su edad, profesión, status socioeconómico, nivel intelectual y otros factores vinculados a la vida de las personas.
Nuestros gobernantes expresan cada año un mensaje, el cual contiene en la mayoría de los casos, los mejores deseos para que el año que se inicia sea de salud y prosperidad, exhortando a la ciudadanía a reflexionar sobre la necesidad de mejorarnos como personas al lado de nuestras familias, vecinos, amigos y conciudadanos en general, ya que la superación personal es la base del progreso colectivo, a fin de alcanzar planos cada vez más altos en el desarrollo social y, no pocas veces, aluden a su compromiso de trabajar por el bienestar de todos los sectores de la sociedad mexicana.
Desafortunadamente, en la mayoría de los casos, se quedan en eso: Promesas que nunca se cumplen. Está bien que nos propongamos mejorar, pero tratando de ser objetivos y viendo nuestras posibilidades reales de cumplir nuestras buenas intenciones.
Es muy frecuente escuchar a las personas decir: “No tengo tiempo”, “El tiempo no me alcanza para nada” y otras expresiones parecidas. Lo pertinente es que procuremos dedicar más tiempo a comunicarnos con nuestros hijos y todos nuestros familiares, más tiempo a ser productivos, recordando que la vida se vive día tras día. Ojalá que todos logren sus aspiraciones e ideales en cualquier actividad que realicen. A continuación se incluyen algunos pensamientos que invitan a la reflexión sobre diferentes enfoques de ver la vida: No es verdad que las personas paran de perseguir sueños porque se hacen viejos, se hacen viejos porque paran de perseguir sus sueños-Gabriel García Márquez. La vida es muy simple pero insistimos en hacerla complicada-Confucio. La vida debe ser comprendida hacia atrás. Pero debe ser vivida hacia delante-Kierkegaard. No juzgamos a las personas que amamos-Jean-Paul Sartre. El hombre superior piensa siempre en virtud; el hombre común piensa siempre en comodidad-Confucio. El amor inmaduro dice: “te amo porque te necesito”. El maduro dice: “te necesito porque te amo”-Erich Fromm. Tiene más el que está más contento con menos-Diógenes. Cualquier religión o filosofía que no esté basada en el respeto por la vida no es una auténtica religión o filosofía.-Albert Schweitzer.

Comparte la nota

Publica un comentario