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José Luis Robledo Ávalos, maestro ejemplar

26 de junio, 2016

Christian Fuentes/La Voz de Michoacán

Por: Miguel Ángel Martínez Ruiz

La cultura clásica ha sido representada fundamentalmente por los valores heredados de la antigua Grecia. Los habitantes de la Hélade, después identificados como griegos por los romanos, utilizaban la palabra παιδεία (paideía  o paideia), es decir, educación de los niños, instrucción, cultura, lección, niñez, y  παιδευσις  (paideisis), equivalente a educación, instrucción de los niños, educación adquirida, instrucción, enseñanza, modelo, ejemplo, pero carecían de un vocablo que designara el concepto de cultura y  fueron los romanos quienes introdujeron la palabra cultura, pero concebida como cultivo personal (cultura, cultus, incultus) que originariamente tuvo significados diferentes, pues lo mismo se refería al cultivo de la tierra que al hecho de obtener la libertad, el espíritu crítico y los conocimientos y habilidades recibidas a través de la lectura de los libros, las artes y los buenos ejemplos.

Muchos siglos después, la UNESCO, en 1982, declaró: “…la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trasciende.” Definir qué se entiende por cultura es un problema muy complicado, pues su definición se encuentra sujeta a los diferentes enfoques, ya que el concepto sustentado por la filosofía en sus diversas corrientes difiere considerablemente del que se acepta en la antropología, la sociología y demás ciencias sociales, humanas o culturales.

Según José Herrero, las características universales de la cultura son: A) Compuesta por categorías;B) Siempre es un código simbólico;C) Es un sistema arbitral: cada cultura ostenta su propio modelo;D) Es aprendida, no es genética;E) Es compartida;F) Es todo un sistema integrado; G) Tiene gran capacidad de adaptabilidad;H) La cultura existe en diferentes niveles de conocimiento: implícito y explícito;I) La primera y principal función de la cultura es adaptarse al grupo. Conseguir la continuidad.

Al hablar de continuidad resulta imprescindible remitirnos a la educación, palabra que procede del latín educere que significa guiar, conducir, o del verbo también latino educare, el cual equivale a formar e instruir. Existe una gran cantidad de definiciones sobre educación. Todas ellas determinadas por las corrientes psicopedagógicas que las originaron o el contexto sociopolítico y económico en que se inscriben. La mayoría de tales intentos por explicar el concepto coinciden en señalar que es un fenómeno o proceso de carácter social con la finalidad  (consciente o inconsciente, formal, informal y no formal) de transmitir conocimientos, costumbres, tradiciones, instituciones, comprensión del mundo y la vida, además de formar hábitos, desarrollar habilidades y fomentar actitudes, en menos palabras, socializar los valores culturales en el sentido más amplio de su connotación. En suma, cualquier concepto de educación que se tenga, siempre incluirá las ideas de formación, desarrollo y valores, pues sin estos últimos no puede concebirse la educación, ya que la cultura está constituida por un sistema de valores, costumbres, ideas, tradiciones, instituciones, reglas de conducta, etc. esenciales para la socialización del niño.

Dentro de este contexto, la Escuela Normal Urbana Federal de Morelia ha formado profesionales de la educación que se han significado por la realización de una gran labor en este sentido. Uno de sus egresados es el maestro, cuyo nombre sirve de título a este breve artículo periodístico.

El maestro José Luis Robledo Ávalos nació en la ciudad de Morelia  el 4 de marzo de 1941. Sus padres fueron los señores José Robledo Murillo y Virginia Ávalos  Rosales. Inició su educación en el Jardín de Niños “Federico Froebel” de su ciudad natal.  En 1947, la familia se trasladó a la ciudad de México en busca de mejores oportunidades laborales. Esta circunstancia motivó que el niño Robledo fuera inscrito en el Internado No. 2 “Ejército Mexicano”, institución militarizada en la que permaneció los seis años de educación primaria, de 1948 a 1953. Con estos estudios procuró aprender algún oficio y fue ayudante en talleres de carpintería y mecánica, así como de albañilería. Al no encontrarse conforme en estas labores, vino a Morelia con la intención de visitar a sus tíos, el licenciado Alfonso Izquierdo Pantoja y Pola Robledo, quienes espontáneamente le ofrecieron la posibilidad de que continuara sus estudios en la institución de su preferencia, ya fuera el Seminario Tridentino de Morelia, la Universidad Michoacana o la Escuela Normal Urbana Federal, ubicada en el costado poniente del domicilio de la familia Izquierdo Robledo.

Sin meditarlo demasiado tomó la determinación firme de ingresar a la Escuela Normal, pues un tío suyo, el profesor Elías Robledo Murillo,  se había distinguido como maestro y director de la Escuela Normal Rural de Erongarícuaro.

Como alumno de la Normal Urbana se distinguió por ser un estudiante serio y muy responsable. Razón por la que fue elegido como integrante del Comité Ejecutivo de la Sociedad de Alumnos. Poseía un entusiasmo que contagiaba a sus compañeros en la realización de actividades artísticas y sociales en beneficio de la institución. Escribió algunos artículos para periódicos y revistas, en los que se advierte el uso escrupuloso del lenguaje, con propiedad y corrección, además de expresar conceptos bien sustentados.

Una vez concluida la carrera en 1961, al año siguiente, se incorporó al servicio educativo en la ciudad de Puruándiro, Michoacán, lugar que eligió con el afán de trabajar ejerciendo la docencia como profesor de primaria, adscrito a la Escuela Federal “Niños Héroes”.

Sus deseos de alcanzar una cultura más amplia lo condujeron a inscribirse en la Escuela Normal Superior de la Ciudad de México, donde cursó la especialidad de Pedagogía, asistiendo a cursos intensivos de invierno durante cinco años consecutivos. Estos estudios le permitieron acceder al nombramiento de profesor de español y biología en la Escuela Secundaria Federal  “Dámaso Cárdenas” de Puruándiro. Las exigencias del servicio requirieron que continuara su formación en la especialidad de Lengua y Literatura Españolas en la misma institución de enseñanza normal superior.

Un aspecto de su vida personal fue  el hecho de que  contrajera nupcias el 29 de enero de 1966 con la señorita profesora Laura Silva López, de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos: Laura, María Eugenia, José Luis, Mariela y Clara del Carmen.

El acervo cultural adquirido en las aulas normalistas, además de su desempeño profesional,fuereconocido y  lo designaron subdirector de la Escuela Preparatoria, la cual había sido  clausurada en 1964 por diversas causas. Desde 1968, después de conflictos muy graves, el profesor Robledo se dedicó a dirigir la Escuela Preparatoria que era un mero proyecto, sin recursos económicos para resolver los problemas más urgentes. Contra todas las dificultades, emprendió una campaña pro-construcción del edificio. El presidente Municipal les concedió un terreno, donde maestros, padres de familia y alumnos trabajaron como albañiles. Desafortunadamente no se levantó el acta de cabildo correspondiente, en la cual se especificara la donación o cesión del terreno para la escuela. Pero, como ya se habían realizado una serie de actos de posesión, jurídicamente resultaría improcedente la reclamación del inmueble que se había destinado a fines de utilidad pública. Con un plano elaborado por arquitectos, más la asesoría de varios  ingenieros se continuó la obra, aun cuando seguía existiendo la falta de financiamiento, pues el dinero reunido mediante diversas actividades culturales como funciones de teatro, recitales de poesía, conciertos, discos, venta de libros, rifas, etc., no era suficiente. Al asumir la gubernatura del Estado el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas se le solicitó su apoyo, el cual consistió en un millón de pesos, cantidad mínima si se toma en cuenta que el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE) estimaba el costo de un aula en un millón trescientos mil pesos. Con el dinero aportado por el gobierno estatal fue posible construir dos aulas y dos laboratorios, dado que el trabajo fue realizado por los maestros, padres de familia y alumnos. Algunos profesionistas originarios de Puruándiro, deseosos de contribuir al progreso educativo de su región, hicieron aportaciones significativas, entre las cuales destaca la del Ing. Hugo Arreguín, quien desempeñaba un cargo muy importante en la Comisión Federal de Electricidad, cuando esta dependencia se encontraba construyendo la Presa de Chicoasén, importante obra hidroeléctrica que se realizó sobre el río Grijalva en el Estado de Chiapas. Muchos puruandireses que fueron a trabajar con el ingeniero Arreguín hicieron donaciones para continuar con la construcción del edificio, incluso el propio ingeniero donó los reflectores para la iluminación.

Tomando en cuenta la aceptación que logró el profesor Robledo Ávalos, los presidentes de los partidos políticos llegaron al acuerdo de postular un candidato de unidad para el cargo de Presidente Municipal durante el periodo de 1993  a 1995. Esta posición política no despertó en él intenciones de continuar por ese derrotero. Cumplió su gestión y volvió a sus tareas cotidianas. Se le invitó en varias ocasiones para que se incorporara como funcionario de la Secretaría de Educación Pública, pero siempre se negó. Tenía un compromiso con la población de Puruándiro, pero más aún consigo mismo.

El edificio consta de 17 aulas, 2 laboratorios triples, oficinas, sanitarios, biblioteca y demás anexos escolares. En sus aulas se iniciaron el Instituto Tecnológico y la Universidad Vasco de Quiroga.

Al reconocer la labor del maestro José Luis Robledo Ávalos, se recuerdan algunos requisitos del buen educador: La vocación, pues si se carece de ese deseo interno de dedicar todos los días de su vida a la enseñanza los resultados no pueden ser positivos. Nunca olvidar que, desde el momento de optar por el ejercicio de esa profesión, empieza a profesar ciertas normas como la puntualidad, el aseo personal, la presentación decorosa, uso de un lenguaje correcto y apropiado, gran capacidad de comprensión humana, amor al trabajo docente, estar actualizado en sus estudios (cada día hay conocimientos nuevos que aprender), ser honesto en su vida privada y pública,  vivir una existencia ordenada, conocer la psicología de sus alumnos, entre otros requisitos, ya que es el ejemplo lo que mejor educa. Si México tuviera maestros y políticos honestos, preparados responsables, trabajadores e inteligentes como el maestro José Luis Robledo Ávalos, no estaríamos hundidos en este desastre, causado principalmente por la corrupción y la impunidad.

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