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La independencia de México, ¿ficción o realidad?

18 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Miguel Ángel Martínez Ruiz

Los economistas más reconocidos han expresado su preocupación por el incremento de la deuda externa y no les falta razón, pues el gobierno ha gastado en los últimos ocho años mucho más  recursos económicos que los ingresados a la hacienda pública. Dicha deuda asciende a más del 50% de PIB (Producto Interno Bruto), que es el conjunto de todos los bienes y servicios producidos en el país durante un año. Al finalizar el sexenio del presidente Felipe Calderón Hinojosa la deuda ascendió al 37.7 % del PIB, y la inversión en infraestructura (carreteras, escuelas, hospitales, sistemas de agua, electrificación, etc.) fue del 4.6%, lo demás se aplicó a gasto corriente; en cambio, ahora la deuda se incrementó al 50.5 %, y solo se ha aplicado a bienes de capital el 3%. Estos últimos consisten en los recursos que se  utilizan para la producción de otros bienes. Por consiguiente, no deben ser para el consumo inmediato. Este descontrol en el manejo de las finanzas nos ha conducido a una pendiente: mayor deuda,  intereses más elevados  y menos inversión. De ahí los recortes que el año próximo, según se ha dicho en el nuevo presupuesto recientemente presentado por el secretario de hacienda, tendrá que ser de 239.7 mil millones de pesos. Ante esta realidad, ¿cómo hablar de independencia?, pues ya lo decía el médico, psiquiatra, psicólogo, criminólogo, farmacéutico, sociólogo, filósofo, masón, teósofo, escritor y profesor argentino José Ingenieros, “El peligro comienza en la hipoteca progresiva de la independencia nacional mediante empréstitos destinados a renovarse y aumentar sin cesar, en condiciones cada vez más deprimentes para los aceptantes”. En el mismo sentido se pronunció el escritor cubano José Enrique Verona cuando expresó: “¡Guardémonos de que la cooperación de amigos poderos pueda transformarse en un protectorado que sea un puente hacia la servidumbre!”.El eminente médico Ignacio Chávez, en una solemne ceremonia para celebrar el bicentenario del natalicio del Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo y Costilla, dijo: “Si tú volvieras, Padre, al viejo Colegio que fue tuyo y reclinado, como solías, en el barandal frontero a tu regencia, volviéndote a nosotros nos preguntaras hoy: ¿Qué habéis hecho del México que yo os dejé, mitad sueño y mitad desgarramiento, ansia y dolor al mismo tiempo? ¿Qué habéis hecho vosotros de mi grito y de mi sangre?”¿Tendrían nuestros exgobernantes y los actuales el valor de contestar valientemente a este cuestionamiento? Si lo tienen, háganlo con toda la honestidad y su respuesta tendría que ser de vergüenza por el desastre en que se ha convertido nuestro México. Otro hombre no menos inteligente, el escritor, poeta y excepcional funcionario Jaime Torres Bodet, en el discurso que pronunció con motivo del sesquicentenario de la independencia nacional manifestó: “A ciento cincuenta años del día en que Hidalgo llamó a los fieles de su parroquia a fin de anunciarles la libertad, nos aproximamos –persuadidos y reverentes- a la columna erigida para simbolizar nuestra independencia. Y, con palabras o en silencio, nos preguntamos si hemos cumplido el deber ingente que el holocausto del padre de nuestra patria señaló por igual a todos los mexicanos.” La respuesta, si es apegada al momento que vivimos, tendría que señalar nuestra falta de honradez, la deslealtad, la dirección errónea que se le ha dado a las funciones públicas. La nación que heredamos de nuestros mayores se encuentra en condiciones lamentables, pues a mayor deuda, más intereses y menos recursos para el desarrollo, comprometiendo la autonomía en la toma de decisiones, pero sobre todo el bienestar social, el cual abarca  todos los servicios de salud, educación, vivienda, más y mejores empleos, comunicaciones, cuidado del ambiente, etc.  Ciertamente, los sistemas de bienestar son diferentes de un país a otro. Sin embargo, todos coinciden en auxiliar a las personas desempleadas, enfermos, discapacitados, ancianos, combate a la pobreza, seguridad pública, etc.

Las necesidades de nuestra población, especialmente las clases más desprotegidas, sufren por la falta de alimentación nutritiva y agua potable, viviendas muy endebles y antihigiénicas, prendas de vestir impropias e insuficientes, carencia de atención médica, educación poco significativa, rezago cultural, no tienen luz eléctrica, drenaje, medios de transporte, teléfono, internet, etc. Somos un país tercermundista, económicamente dependiente del extranjero, especialmente del vecino del norte, que es el destinatario de la mayor parte de nuestras exportaciones. Por eso, la probable llegada del señor Trump a la presidencia de esa nación preocupa tanto a los gobernantes en turno, después de la absurda invitación que se le formuló, sin condicionar su asistencia a la aceptación de la candidata demócrata Hillary Clinton, pero lo más grave fue que este individuo de marras vino a restregarnos en nuestra propia casa su discurso antimexicano, xenofóbico y racista, trayendo consigo su mensaje de construir un muro para evitar el tránsito de mexicanos hacia su país, además de advertirnos su intención de revisar el Tratado de Libre Comercio, porque, según su criterio, está beneficiando más a México que a los Estados Unidos. Tal juicio nos recuera la expresión del secretario de estado norteamericano John Foster Dulles: “Los Estados Unidos no tienen amigos, sino intereses”. Don Benito Juárez nos lo advirtió: “Todo lo que México no haga por sí mismo para ser libre, no debe esperar, ni conviene que espere que otros gobiernos u otras naciones lo hagan por él.”

Hace algunos años un viejo maestro universitario declaró: “Hemos sido víctimas del imperialismo norteamericano por estúpidos y apátridas.” Esta afirmación tan categórica mueve a la reflexión. Efectivamente, también los mexicanos somos culpables de tantas agresiones y abusos. Aunque resulte muy doloroso reconocerlo, debemos estar conscientes de que somos un pueblo de hambrientos e ignorantes. Algunas de nuestras características son: impuntuales, perezosos, irresponsables, patrioteros, indolentes, simuladores, malinchistas, imprevisores, etc. Debido a estas deficiencias, muy humanas, pero poco beneficiosas para nuestro progreso individual y colectivo, nos encontramos en la actual crisis. Han contribuido de manera determinante los políticos histriones e irresponsables que, a través de toda la historia de México, han tomado decisiones erróneas. A ellos solo les interesa beneficiarse en los cargos públicos, el bienestar del pueblo no les importa en lo absoluto. Ahora los senadores y diputados tuvieron la iniciativa de rechazar los recortes a los presupuestos que les fueron asignados para ambas cámaras. ¿Por qué no prescinden de sus elevadas dietas o sueldos que no devengan, de sus choferes, teléfonos celulares, asesores, secretarios particulares, seguro de gastos médicos sin límites, etc.? Son quienes más comisiones tienen en todo el mundo, comisiones que no desempeñan a cabalidad, pues sabemos que son parásitos del sistema corrupto. Por eso ellos jamás aprobarán las leyes anticorrupción como deben ser: medidas drásticas para eliminar los moches, el tráfico de influencias, malversación, peculado, etc. Si tuvieran vergüenza se pondrían a revisar la Constitución General de la República que adolece de muchísimos errores. Por ejemplo, el artículo 73, que alude a las facultades del Congreso, en su fracción XXV dice: “Para establecer el Servicio Profesional docente en términos del artículo 3o. de esta Constitución; establecer, organizar y sostener en toda la República escuelas rurales, elementales, superiores, secundarias y profesionales; de investigación científica, de bellas artes y de enseñanza técnica, escuelas prácticas de agricultura y de minería, de artes y oficios, museos, bibliotecas, observatorios y demás institutos concernientes a la cultura general de los habitantes de la nación y legislar en todo lo que se refiere a dichas instituciones; para legislar sobre vestigios o restos fósiles y sobre monumentos arqueológicos, artísticos e históricos, cuya conservación sea de interés nacional; así como para dictar las leyes encaminadas a distribuir convenientemente entre la Federación, los Estados y los Municipios el ejercicio de la función educativa y las aportaciones económicas correspondientes a ese servicio público, buscando unificar y coordinar la educación en toda la República, y para asegurar el cumplimiento de los fines de la educación y su mejora continua en un marco de inclusión y diversidad. Los Títulos que se expidan por los establecimientos de que se trata surtirán sus efectos en toda la República. Para legislar en materia de derechos de autor y otras figuras de la propiedad intelectual relacionadas con la misma; (Fracción reformada DOF 08-07-1921. Recorrida (antes fracción XXVII) por derogación de fracciones XXV y XXVI DOF 20-08-1928. Reformada DOF 13-12-1934, 13-01-1966, 21-09-2000, 30-04-2009, 26-02-2013).” Hasta la fecha nunca el Congreso ha establecido ni sostenido ninguna escuela, ni museos, observatorios, investigación científica, etc. Esta es una demostración de que hay en nuestra ley fundamental errores garrafales.

Si la Constitución está así, ¿cómo estarán las de los estados? Pero ya se están preparando para celebrar con pompa el centenario de la Constitución de 1917 el próximo 5 de febrero.

Se ha dicho en reiteradas ocasiones que el resultado más importante de la Revolución Mexicana fue la Constitución de 1917, probablemente sea válida esta opinión, pero en la coyuntura actual, este documento esencial para la nación se encuentra sumamente alterado de la versión original. Claro que se debe adaptar a las circunstancias, de acuerdo al paso del tiempo. Sin embargo, es preciso señalar que en varios aspectos es un conjunto de buenas intenciones. En efecto, lo más importante para una república son sus leyes, si se desea tener principios que normen la vida individual y colectiva, ya que de no haberlas se cae en la anarquía. Se anuncia con frecuencia en los medios: “La Suprema Corte de Justicia de la Nación, salvaguarda de tus derechos”, la Cámara de Diputados hace también su publicidad con un spot que dice: “Con una nueva esperanza, con nuevos bríos, con nuevas y mejores ideas, porque estamos comprometidos con un  México nuevo trabajamos con mayor transparencia para combatir la corrupción, darte más seguridad y mejorar tu salario.” ¡Es el colmo del cinismo! ¿A quién pretenden engañar con su demagogia torpe, barata y repetitiva? Nadie les cree.

Por su parte, los senadores exhibían hasta hace pocos días un video donde un hombre que busca trabajo y una mujer que lleva al hospital a un niño en brazos, aparentemente enfermo, gritan con un altavoz ‘Que alguien me escuche’… Posteriormente, se dice: es la Cámara de Senadores la que da solución a sus problemas, añadiendo que ellos son los que escuchan a la ciudadanía.

El titular del Ejecutivo, Enrique Peña Nieto, con motivo de su IV Informe de Gobierno, inició una serie de spots publicitarios que enfatizan: “Es cierto, en México enfrentamos retos complejos y difíciles, desde luego tenemos que atender lo que no está bien y seguir siendo críticos, es parte de nuestra democracia.”

“De la crítica se aprende y se corrige, lo que no podemos ser es derrotistas, los mexicanos somos alegres, unidos y luchones y vemos la vida con actitud echados pa’ adelante y siempre listos para lo que venga”, expresa.

“…Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho.” Y lo malo tampoco es tomado en cuenta por las autoridades y cuenta más para las personas a quienes afecta—podría agregarse.

Le hace falta decir cuáles son las medidas que se adoptarán en el futuro para resolver los ingentes problemas del pueblo mexicano. No es el momento de asumir posturas cómodas, es hora del análisis profundo, cuidadoso y autocrítico, además de la formulación de políticas públicas acordes al momento que estamos viviendo.

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