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Los primeros siglos del Cristianismo

14 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Como es lógico, el Cristianismo surge a partir de Jesús de Nazaret, cuya presencia histórica se significó por sus enseñanzas, el hecho de morir crucificado injustamente y su posterior resurrección. Jesús era judío, lo mismo que los apóstoles. De ahí que no se deba descontextualizar el cristianismo de la religión judaica basada en la Biblia. Sin embargo, los judíos manifestaron una abierta oposición en contra de Jesús como Cristo, es decir, el  Mesías  ehijo de Dios, conforme a las promesas formuladas por Yahvé a Abraham, Isaac y Jacob. La vida de Jesucristo solamente es posible conocerla a través de los evangelios elaborados por Mateo, Juan, Lucas y Marcos, quienes no conocieron a Jesús. La palabra evangelio procede del griego εὐαγγέλιον (evangelion), que significa mensaje feliz, albricias, don o sacrificio con motivo de una buena nueva. Este vocablo lo forman dos elementos:εὖ (ev), bien y ἂγγελος (angelos), mensajero; enviado, nuncio; ángel, es decir, el que trae una buena nueva.Algunos textos de los cuatro evangelios se encuentran en la Biblioteca Rylands y están escritos en griego que era la lengua más culta e importante al iniciarse la Era Cristiana. Muchos especialistas consideran que fueron redactados en esta lengua durante el siglo I d. de C. Sin embargo, algunos otros afirman que se escribieron en arameo, lengua materna de Jesús, o en hebreo, para después ser traducidas al griego y, posteriormente, al latín. Los evangelios que llegaron hasta nuestros días fueron traducidos de  documentos escritos en los siglos I y  II, otros corresponden al siglo IV d. de C. Los evangelios tienen muchas referencias comunes, especialmente los de Lucas, Marcos y Mateo; razón por la que han sido analizados palabra por palabra y párrafo por párrafo en tres columnas. Debido a esto se les conoce como evangelios sinópticos, ya que se pueden examinar juntos para compararlos. El cuarto evangelio que escribió Juan tiene una perspectiva teológica diferente, puesto que fue escrito muchos años después. Ninguno de los evangelistas fue discípulo de Jesús, pero tuvieron algunas experiencias y conocimientos a través de la tradición oral de quienes sí tuvieron el privilegio de asistir a los milagros, las prédicas, actos de fe, etc. Tras el fallecimiento de Cristo, sus discípulos fueron a las sinagogas a propagar la nueva religión, pero casi siempre se les rechazó, después se trasladaron a Roma, donde también fueron perseguidos, pues los adeptos al emperador en una actitud xenofóbica no aceptaban una doctrina que consideraba el arrepentimiento como base de la superación para no incidir en los mismos pecados y vivieran como si fuera el último día de su existencia, también que amaran a sus enemigos, rechazaba el adulterio, el odio,  el asesinato, el robo, la lascivia, la codicia y otras formas de conducta indebidas a la luz de una concepción moral con valores distintos. Asimismo condenaba la violencia de cualquier tipo, la ansiedad por la riqueza y la condición social. Llamaba “bienaventurados” a los pobres, los humildes y los perseguidos, jamás a los triunfadores. No discriminaba a los enfermos ni a las mujeres como sí llegó a suceder con otros maestros judíos. Al principio  los romanos no entendían bien de que se trataba, pues confundían a judíos y cristianos  y muchos consideraron que era una secta practicante de actos mágicos, especialmente por la eucaristía. Es muy conocido el hecho de que Pedro fue el primero que predicó la religión cristiana, le siguió Pablo de Tarso durante el reinado de Calígula o Claudio. La nueva concepción religiosa empezó a tener cierto ascendiente entre los sectores más humildes de la sociedad, ya que postulaba el principio de la igualdad de los hombres, establecido por Jesús que lo hizo ser conceptuado posteriormente como un socialista o comunista utópico. Esto creó cierto malestar en la clase gobernante que utilizaba las ideas religiosas como instrumento de control político y enajenación. Muchos cristianos fueron martirizados en la época de Nerón, particularmente después del incendio que devastó Roma en el año 64 y los cristianos sufrieron acciones represivas. A Pedro y Pablo se les condenó a muerte. No obstante estos deplorables hechos, la semilla ya había sido sembrada. Sin embargo, a los cristianos se les siguió viendo como conspiradores por no obedecer las disposiciones de la religión oficial ni participar en las festividades paganas. A pesar de todas estas circunstancias adversas a la fe cristiana, el pueblo y algunos grupos  aristócratas empezaron a admirar la unión fraternal que existía entre los cristianos estrechamente vinculados por el amor.Los romanos rendían culto al sol invicto y a la piedra cónica negra. Al astro rey se le consideraba el vencedor de las tinieblas. En esa época el pensamiento filosófico se orientaba hacia el estoicismo a través de la obra de Epicteto, El manual, en la que se vinculan elementos estoicos y cínicos: la indiferencia frente al dolor, la enfermedad y la muerte y el ejercicio de la virtud. Estas ideas influyeron sobre el emperador Marco Aurelio, autor del libro A sí mismo (pensamientos), en el que exalta la vida como una lucha por alcanzar la ataraxia, esto es, la liberación de las pasiones, con un profundo sentido del deber y un gran respeto hacia todos los hombres mediante el amor a lo verdadero y lo justo. Entre 178  y 180 el filósofo romano Celso publica su obra Discurso verdadero dirigida en contra de los cristianos que fue refutada por el también filósofo cristiano Orígenes algunas décadas después. En el siglo III d. de C., vive y enseña en Roma el filósofo de origen egipcio Plotino que rescata algunas ideas del pensamiento platónico y pitagórico, además de conceptos de Aristóteles y algunos estoicos, desarrollando una visión del mundo y de la vida imbuida de espiritualidad y misticismo que influyó poderosamente sobre el emperador Galieno. Plotino utiliza las ideas platónicas para desvirtuar algunas ideas cristianas. Por ejemplo, afirma que no se requiere ninguna redención divina para lograr la salvación, ya que el alma posee por sí misma la capacidad de redimirse. Su discípulo Porfirio fue todavía más drástico y sostuvo que los cristianos eran enemigos a los que se debía combatir. Estos prejuicios y odios desencadenan las persecuciones masivas de cristianos durante el siglo III, en que se ordena la destrucción de los templos, la confiscación de sus bienes y el arresto de los integrantes del clero cristiano.

La religión cristiana viene a liberarse hasta la emisión del Edicto de Milán del año 313, firmado por Constantino, a través del cual se reconoce la legitimidad del cristianismo. Entonces hubo una adhesión masiva y el propio emperador adoptó el título de obispo exterior al inaugurarse lo que se llamó el cesaro-papismo. Se afirma que esta decisión fue una medida política estratégica para restablecer el maltrecho imperio romano. Por ese motivo trasladó la sede  religiosa a Bizancio, ciudad que después adoptó el nombre de Constantinopla. El propio Constantino convocó al Concilio de Nicea el año de 325 para evitar la ruptura entre los diferentes grupos cristianos por razones de carácter ideológico. El cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio romano con el Edicto de Teodosio que abolió el paganismo.

La ideología cristiana se nutrió del pensamiento de filósofos griegos y latinos. De ahí que los apologistas de esta corriente religiosa siguieran a las ideas de Sócrates, Platón y Aristóteles, principalmente. Entre los defensores de la fe cristiana destacan:Arístides de Atenas, Aristón de Pella y San Justino Mártir; Ticiano el Sirio, Milcíades, Apolinar, Atenágoras de Atenas, Teófilo de Antioquía, Melitón de Sardes y Hermías. Ellos contribuyeron a configurar la nueva religión con aportaciones teológicas, filosóficas y litúrgicas. Posteriormente vinieron los llamados Padres de la Iglesia, entre otros, San Ambrosio, San Agustín, San Jerónimo y San Gregorio Magno. Más tarde los Padres latinos, que fueron: San Hilario de Poitiers, San Pedro Crisólogo, San León Magno y San Isidoro de Sevilla. En la Iglesia de Oriente les fue atribuido este título a: San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. A esto se añadió después San Atanasio, formando así el grupo de los cuatro grandes Padres de la Iglesia oriental. En 1883 y 1890, el Papa León XIII declaró Doctores de la Iglesia a otros Padres Orientales: San Cirilo de Jerusalén, San Cirilo de Alejandría y San Juan Damasceno.

El título de Doctor de la Iglesia no se da sólo a los Padres, sino también se ha otorgado a escritores eclesiásticos de todos los tiempos, distinguidos por su vida ejemplar y su eminente erudición. Algunos han sido: San Beda el Venerable, San Pedro Damián, San Anselmo, San Bernardo de Claraval, Santo Tomás de Aquino, San Buenaventura, San Antonio de Padua, San Alberto Magno, San Pedro Canisio, San Roberto Belarmino, San Lorenzo de Brindisi, San Francisco de Sales, San Alfonso María de Ligorio, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz y Santa Teresita del Niño Jesús.

El propósito de este artículo ha sido exponer solamente algunos aspectos sobre el  los orígenes del  cristianismo, pues sería imposible abordar en este espacio todo el desarrollo de esta religión que es profesada por una tercera parte de la humanidad. Se debe tener en cuenta que el cristianismo comprende también a las religiones ortodoxas y  protestantes, estas últimas resultantes de la Reforma emprendida por Martín Lutero y Juan Calvino, debido a los abusos cometidos por el clero de ese tiempo.

Cuando visitó por vez primera el Papa Juan Pablo II, el entonces Secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, autor del libro El liberalismo mexicano, se opuso abiertamente a la decisión del presidente López Portillo, y le dijo: “Gobernar no es condescender”. Su actitud fue motivo para que se le pidiera su dimisión del cargo, y fue sustituido por el profesor Enrique Olivares Santana, quien se había destacado como dirigente de la masonería. Con este nombramiento se pretendió dar la impresión de que el gobierno seguía su ruta de liberalismo y laicismo.

Ahora sorprende que los políticos en su mayoría se hayan vuelto más papistas que el Papa, pues deseaban con inusitado fervor que la máxima autoridad de la Iglesia Católica acudiera a las Cámaras de los Diputados y Senadores. Los que se hacen llamar de izquierda también se han pronunciado por rendir homenajes al Papa Francisco. Todos con una actitud que viene desde la presidencia de la República bajo el argumento de que se recibe a un jefe de Estado. No es válida tanta hipocresía.

Se exaltan las virtudes de los mártires religiosos y se han olvidado de los grandes prohombres mexicanos que por defender a la Patria murieron acusados de herejía. Hidalgo y Morelos fueron excomulgados. Melchor Ocampo fue fusilado injustamente por los enemigos del progreso coludidos con la Iglesia Católica, y traidores a los más puros y nobles ideales del México independiente que estaba buscando derroteros de dignidad y justicia para todos los mexicanos. Debemos tener una idea bien clara de que la Iglesia es una y la práctica de la religión otra. El verdadero cristianismo no es únicamente un conjunto de actitudes devotas, sino más bien una praxis cotidiana acorde a los principios por los cuales Jesucristo se convirtió en ejemplo y guía del género humano.

 

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