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Morelia, Michoacán a 20 de julio de 2017
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Martín de la Torre Vega ‘Martorrev’

3 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Es obvio que el hombre logró representar algunas personas y animales sobre las paredes de sus cuevas por medio de las pinturas rupestres antes de conocer la escritura, pues las más antiguas datan de más de 40,000 años a. de C. Estas creaciones pictóricas se encuentran en todos los continentes, desde luego algunas son más recientes que otras. Cuando el ser humano alcanzó un nivel cultural elevado pudo realizar murales en Egipto, Creta (cultura minoica), la China antigua, el mundo árabe, la India,  Italia (civilización etrusca), Grecia (cultura helenística), Roma, Bizancio, los países latinoamericanos de la época prehispánica, etc. Posteriormente vinieron los murales con estilos: románico, gótico y renacentista, barroco, rococó, neoclásico, romántico, etc., hasta llegar al muralismo mexicano, movimiento sumamente importante que se inició a partir de la publicación del Manifiesto muralista que firmaron Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y otros, el cual fue editado en la revista El Machete el año de 1922. Dentro de este movimiento que trascendió las fronteras de nuestro país cabe mencionar a pintores como el Dr. Atl (agua en náhuatl) Gerardo Murillo, a quien se le considera padre del muralismo mexicano, Roberto Montenegro, Feliciano Peña, Rufino Tamayo, Juan O’Gorman, Ramón Alva de la Canal, Gustavo Montoya, Ignacio A. Rosas, Raúl Uribe Castillo ,Luis Nishizawa, Jean Charlot, Xavier Guerrero, Ramón Alva Guadarrama, Armando de la Cueva, Raúl Anguiano,  José Chávez Morado, Leopoldo Méndez, Manuel Rodríguez Lazcano, José Reyes Meza, Juan de M. Pacheco, Olga Costa, Luis Covarrubias, Pablo O’Higgins, Celia Calderón, Jesús Guerrero Galván, Carlos Orozco, Agustín Lazo, Jorge González Camarena, Frida Kahlo, Alfredo Zalce, Federico Cantú y Ángel Zárraga, María Izquierdo y muchísimos más que resultaría imposible tan solo mencionar sus nombres.

Entre los pintores, escultores, poetas y escritores michoacanos destaca el maestro cuyo nombre sirve de título al presente artículo. Este prestigiado artista en todo el alcance connotativo del término nació en la ciudad de Morelia, Michoacán, el 27 de octubre de 1944, siendo hijo del prestigiado pintor y escultor Nicolás de la Torre Calderón y la señora Teresa Vega Rodríguez. Cursó la educación preescolar, primaria y secundaria en instituciones de su ciudad natal, para ingresar posteriormente al Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo, donde estudió la preparatoria en Derecho y Filosofía. Desde muy joven se manifestaron sus grandes aptitudes como dibujante, iniciándose en las artes plásticas al lado de su progenitor. Además poseía una voz privilegiada que lo llevó a aprender canto y solfeo en el Conservatorio de las Rosas de Morelia. Al mismo tiempo se incorporó a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana, institución en la que concluyó su carrera con notables calificaciones. No obstante que recibía clases en su propio hogar, también asistió al Instituto Michoacano de Arte. Su deseo de superación lo llevó a trasladarse a Guadalajara, Jalisco, en busca de nuevos horizontes, anhelante de encontrar mejores oportunidades tanto educativas como de autorrealización en los campos de su preferencia. Con esa mentalidad cursó la Licenciatura en Psicología en la Escuela Superior “Nueva Galicia” de la Perla de Occidente, refrendados con un posgrado dentro de la misma disciplina. Breve tiempo después, con la modestia y sencillez que le son características, se inscribió en la Universidad de Guadalajara para estudiar Pintura Mexicana y Pintura Mural, Teoría Estético-Pedagógica de la Benhaus en el Instituto Alemán. Sus inquietudes por las letras fueron motivos que lo estimularon para asistir a varios talleres bajo la dirección de José Villaseñor en Arca, A. C. de Morelia y con el afamado poeta Carlos Pellicer en la Universidad de Guadalajara, lo mismo con Alberto Contreras García y Luis Girarte. Asistió con bastante éxito al Diplomado en literatura que impartió Patricia Medina.

Como heredero de una tradición familiar en la docencia laboró como maestro de Grupo de dibujo y pintura en 5º y 6º en la Primaria “Mariano Elízaga”, maestro en el programa de alfabetización para adultos, Tenencia Morelos del municipio de Morelia, catedrático de Artes Plásticas en 1º, 2º y 3º en la Secundaria “Mariano Elízaga” en Morelia, Mich., catedrático de Artes Plásticas en 3º en la Secundaria “Colegio Motolinía”. Morelia, Mich., catedrático de la carrera  de Artes Plásticas en 1º en el Instituto Michoacano de Arte, catedrático de Artes Plásticas en Escuela Normal Rural en Atequiza, Jal. En  1969, creó su propia concepción artística denominada Estructuralismo Plástico Mexicano. Su experiencia como maestro le permitió acceder al cargo de catedrático de Historia de las ideas  estéticas en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Guadalajara. Su interés por la educación en nuestro país lo impulsó a establecer la Escuela para Padres en la Secundaria General 29 de Tlaquepaque, Jal., y el 1er. taller de Cine experimental en la Secundaria Gral. 10 de Guadalajara, Jal. Su obra pictórica de caballete había sido muy amplia, sin menoscabo de una gran calidad. Méritos que le valieron para ser seleccionado para crear obra artística en la Sección 16 Del SNTE en Guadalajara, Jal. Desde  1966 destacó al obtener el Primer Lugar y Mención Honorífica en el “Concurso  de Pintura y Cartel” celebrado en Morelia, Mich., en 1970 fue distinguido con el  Primer Lugar en Pintura Juegos Florales de Sahuayo, Mich.  El año de 1987, fue especialmente Invitado como Expositor al 3er. Congreso de Exploradores del Espacio “Humanidad Cósmica, Humanidad de Luz” en la ciudad de México, D.F. Como reconocimiento a la labor desarrollada, en 1994 se inauguró la calle Martín de la Torre Vega “Martorrev” en el Fraccionamiento Educadores Jaliscienses en Tonalá, Jal. El año de 1998, recibe la Medalla al Mérito “Rafael Ramírez” en el Teatro Degollado de Guadalajara, Jal.  En 2008, fue Incluido en el libro Índice de artistas plásticos en Jalisco de Carlos  Navarro  y Elia García. También se le concedió la  Presea FIGLOSNTE  por su trayectoria en el arte, Guadalajara, Jalisco, además de la  Medalla Ignacio Altamirano por 42 años al servicio de la educación nacional.

Martín de la Torre Vega “Martorrev”, aparte de su vasta obra pictórica de caballete, que contiene cuadros en los que se advierte un manejo admirable de diversos elementos composicionales: perspectiva, equilibrio, dimensión, proporciones, además de un colorido muy bien logrado, que le ha permitido hacer creaciones sorprendentes como un lienzo en el que aparece un niño indígena sentando en cuclillas ante un ojo de agua cristalina, bebiendo agua de sus manos y el líquido vital cae de sus dedos. Se puede apreciar el dominio técnico llevado al máximo, pues se observa una reproducción casi fotográfica. Tal dominio nos revela una gran disciplina, pero sobre todo un talento poco frecuente. A partir del realismo, Martín de la Torre se incorpora a otras corrientes más recientes y logra crear su propia cosmovisión, la cual ha quedado plasmada en miles de pinturas que han sido expuestas por todos los rumbos de México y algunos otros países.

Este notable pintor ha realizado cerca de 300 murales, con lo cual se convierte en el artista que más murales ha plasmado, tal vez a nivel mundial, siempre con un sello muy original, en muchas ciudades de la República Mexicana. Sería impropio mencionar todos estos murales, pero resulta interesante aludir a los más representativos de su extraordinaria labor.

Desde que pintó  el mural denominado “El hombre y la agricultura” se pudo advertir la gran sensibilidad que posee este autor desde sus años juveniles, hasta los de su edad madura, trabajos que reflejan los problemas humanos con la constante preocupación por descubrir el sentido de la vida, la lucha del ser humano hacia la conquista de planos más altos en su desarrollo intelectual ante circunstancias múltiples, dentro de la complejidad que plantea la existencia, es decir, las incógnitas permanentes y el anhelo perenne de encontrar explicaciones racionales a los fenómenos físicos y sociales de diferentes épocas. Ya no es el muralista que se circunscribe a episodios de la vida nacional, sino el hombre que vive intensamente la realidad crítica del momento actual. A veces juega con las imágenes y formula las contradicciones más lacerantes para la humanidad, pues coloca a la paloma de la paz en medio de una explosión de colores, predominantemente rojos que recuerda al espectador la sangre vertida en tantas guerras.

Sorprende la facilidad con la que traza las figuras humanas en diferentes escenarios, algunos de los cuales son verdaderas abstracciones, resultantes de una imaginación iridiscente que nos traslada a realidades inexistentes. Ahí aflora la creatividad y el talento de este gran pintor, cuya obra aún no ha sido valorada en toda su dimensión. Como ha ocurrido con otros grandes artistas, después de mucho tiempo, la sociedad recapacita y descubre las grandes aportaciones a la cultura universal.

Una de las características presentes en la mayoría de los murales es el estatismo de las imágenes, que casi siempre aparecen inmóviles; en varios de los trabajos del maestro De la Torre puede apreciarse el movimiento de las figuras, algunas de ellas tan bien logradas en cuanto a luces y claroscuros que casi se salen de las paredes como si fuesen tridimensionales.

Además, en la escultura ha realizado obras de tamaño normal, pero varias verdaderamente monumentales como una estatua de Emiliano Zapata que mide seis metros de altura.

En el aspecto literario ha escrito varios libros, entre los que destacan: Poema gráfico «Y diez mil gotas de sangre Fueron”, Poemas y cuentos en la revista “Literarte”, “Habitat”, 1a. Cumbre Iberoamericana, “Cuentos de Viaje”, la novela “René-Rená” Jamer Editores. Guadalajara, Jal., “Instancias del Ser”, Más Allá de mis Ojos, La fuerza de la palabra,  Pintando cine, etc.

Martín de la Torre Vega ha creado su propia interpretación de la plástica que ha definido en los siguientes términos: “Para comprender el fenómeno de la plástica mundial en estos cien años que nos anteceden, es necesario ver retrospectivamente el proceso histórico de este acontecimiento. Se ha dicho repetidas veces que el arte de nuestro tiempo ha llegado a un callejón sin salida y que nuestros artistas ya no saben qué hacer ni qué inventar, devaluando la validez existencial del artista. Y la verdad es que la gran cantidad de ismos produce confusión, porque aparecieron en una tentativa de definición y alternativas, sin darse cuenta, que eran parte de un proceso científico de evolución. Todo comenzó, cuando la manifestación artística había completado sus ciclos preliminares de técnica rudimentaria e imitación y que necesitaba descorrer el velo de la creatividad expresiva y estética, de tal manera que sin un plan  determinado, caminando relativamente a ciegas y cada quien por su lado, se abrieron un sin fin de posibilidades que  terminaron por convertirse en eso que ahora llamamos  “actividad estructuralista”. El fin de esta actividad estructuralista en la plástica es la comprensión de nuestro arte y de nuestro hombre como una totalidad concreta plena, verdadera y auténtica, que en su  evolución se enriquecerá para constituirse en lo que “realmente debe ser”.

Y lo fundamenta al decir: “Independientemente de las diferentes escuelas e ismos que se han establecido para hacer una historia del fenómeno artístico-plástico, que conlleva un anhelo de comunicación con los demás hombres que no tienen relativamente ningún nexo con el quehacer artístico, propongo la siguiente terminología que con base en el esquema de la actividad estructuralista y al estudio del fenómeno histórico plástico de los últimos 100 años dio como resultado. La finalidad del siguiente código constitutivo del proceso de la actividad estructuralista en la pintura y la escultura, consiste en establecer la posición que cada uno de los artistas conscientes de su compromiso con su generación guarda, y que al darse cuenta, puedan con claridad de propósito decidir la integración de un nuevo y más completo (por su complejidad estructural) arte que indique y represente a su generación existencial.

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