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¿Mexicanitos?

21 de junio, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Hace algunas décadas, llegó a Morelia un filósofo y antropólogo de origen alemán, con la finalidad de llevar a cabo algunas investigaciones, becado por una compañía estadounidense. Era sumamente cordial, hablaba con fluidez el español y sus opiniones tenían consistencia, pues revelaba profundos conocimientos en las disciplinas de sus especialidades, además de una cultura amplia. Lo que nunca nos agradó a sus amigos mexicanos, eran algunas frases agresivas que no dejaban de caer en la imprudencia. Solía decirnos: “Ustedes, los mexicanos, son incapaces de hacer aportaciones verdaderamente significativas a la cultura universal.” Los alemanes dieron al mundo a Gustavo Adolfo Hilter y el nazismo-le dijimos como un recurso para defendernos. “Sí, pero eso no es lo relevante de mi país”-contestó. En cambio nos replicó: “¿Qué han hecho los mexicanos?  ¿Dónde están los filósofos que hayan trascendido más allá de estas fronteras?  Mencionen uno  de la talla  de  Georg Wilhelm Fiedrich Hegel, Max Scheler, Arthur Schopenhauer, William Spengler, Gotfried Leibniz,  Immanuel Kant, Karl Marx, Friedrick Nietzsche, etc.” Ante nuestro silencio, volvía a cuestionarnos: “Díganme el nombre de un científico mexicano que haya dado al mundo algún descubrimiento esencial en la historia de la humanidad, además del ingeniero González Camarena que inventó la televisión a colores?  Alemanes ha habido muchos, por ejemplo, Alexander von Humboldt, Johannes Kepler, Richard Kuhn, Georg SImon Ohm, Daniel GrabrilFaharenheit, Wernher von Braun, Herbert Marcuse, etc.” No teníamos qué contestarle. Y continuaba: “Bueno, a ustedes que tanto les gusta la fiesta, digan el nombre de un músico como Johann Sebastian  Bach, Ludwig Van Beethoven, Clara Schumann, Siegfried Wagner, etc”. No sabemos que haya ninguno de ese nivel y de tanta fama, era nuestra respuesta ineludible. “Bien, nos decía, entonces algún pintor como Alberto Durero, Hans Hobein, Max Ernst, Paul Klee, etc.” A ese respecto, le mencionamos a Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco,  Frida Kalho, Raúl Anguiano, José Chávez Morado y Rufino Tamayo y otros  más que constituyeron una gran época en la historia de la pintura mexicana y del mundo. “Bueno, se las paso, solo porque allí aparece una pintora de ascendencia alemana.” “Ahora, señalen otra aportación significativa en la psicología como Karl Bühler, Ludwig Klanges, Erich Fromm, Carl Strumpf, Wilhelm Wundt, etc.” No había respuesta posible. Uno de los presentes le dijo: Los mayas concibieron el cero mucho antes que los europeos tuvieran siquiera esa noción matemática. “Cierto—contestó, pero los pueblos prehispánicos fueron otros, no son ustedes, descendientes de aborígenes y de españoles, del mestizaje. Los mexicanos son resultado de una mezcla entre europeos y de los que indebidamente se les ha llamado indios, porque los europeos de los siglos XV y XVI creían que hacia el occidente se encontraban Las Indias.” Aquella conversación tan poco grata para nosotros, concluyó con una aseveración aventurada, desde nuestro punto de vista: “Ustedes no son mexicanos, son mexicanitos, porque son pequeños ante sus problemas, no saben cómo resolverlos, ni plantearlos adecuadamente. No sirven ni para los deportes. Tienen gobiernos de individuos corruptos, improvisados, cuya capacidad política es muy cuestionable, ya no digamos su preparación intelectual. No saben planear a largo plazo, solo por sexenios. Tuvieron un hombre muy inteligente que aspiró a la presidencia de México, José Vasconcelos, pero él era demasiado presidente para este país. Los mexicanitos son incapaces de cumplir con sus obligaciones: no se levantan temprano, llegan tarde, improvisan todo, nunca se preocupan por el desarrollo, son perezosos, hasta irresponsables y, cuando se les presenta alguna crisis económica, quieren resolverla cada uno poniendo un puesto de tacos. Deben cambiar de mentalidad si quieren alcanzar el progreso.” Han pasado los años y cuando se ven los diferentes grupos de inconformes que quieren resolver sus problemas afectando a quien sea, sin importarles los perjuicios que ocasionan mediante marchas, tomas de oficinas, quemas de vehículos automotores, destrucción de lo poco que hay, resulta verdaderamente difícil no concederle la razón al antropólogo y filósofo alemán. Somos un pueblo que, desde antes de la colonización, estuvimos acostumbrados a pagar tributos. El imperio azteca tenía avasallados a todos los pueblos de otras etnias para que estos le pagaran una cierta cantidad de productos si no querían ser víctimas de la guerra. Al llegar los españoles e imponernos su voluntad y crear las encomiendas, seguimos pagando tributos. Los españoles no trajeron mujeres y se mezclaron con las mujeres oriundas de estas tierras, de cuya unión nacieron los mexicanos, o sea, nosotros.

Varios teóricos han tratado de explicar el porqué de las reacciones del mexicano ante su realidad sin haberlo logrado del todo. Antonio Caso, José Vasconcelos Calderón, Félix Fulgencio Palavicini, Martín Luis Guzmán, Samuel Ramos, Octavio Paz, Santiago Ramírez, Francisco González Pineda, Aniceto Armoni, Alfonso Reyes, Alfredo Ramos Espinoza, Luis Spota, etc., etc. Incluso Carlos Fuentes llegó a decir que los mexicanos llevamos juntos a Cortés y La Maliche; a Cuauhtémoc y a Moctezuma; a Juárez y Miramón; a Zapata y Carranza. Al mexicano se le ha visto como el resultado de una futura raza cósmica (Vasconcelos); un individuo hundido en la tragedia (Estética de la tragedia del mexicano: Palavicini); víctima del complejo de inferioridad (Samuel Ramos); sumergido en la soledad (Octavio Paz); paciente de una penuria espiritual (Martín Luis Guzmán: La querella de México); poseedor de violencia y ferocidad, fijación y regresión, intemporalidad psíquica y  atavismos (Julio Guerrero y otros).

Se ha construido un mito en torno a la personalidad del mexicano, pues no se puede generalizar. Existen, ciertamente, muchos mexicanos con algunas de esas características, pero en la actualidad es tan grande la gama de personas que pertenecen a la nacionalidad mexicana; razón por la cual no es posible hablar de un tipo de mexicano, más bien de un mito, al cual se han acercado algunos psicólogos, sociólogos, psicoanalistas, escritores, periodistas, etc. Todos hacen sus reflexiones, con razón o sin ella, pero ahí está el tema del mexicano con su personalidad compleja y difícil de abordar.

La realidad política nos presenta un aspecto muy interesante que es la respuesta presentada en las recientes elecciones, las cuales reflejaron cierta inconformidad en contra de los partidos políticos, derrotados a través de las llamadas candidaturas ciudadanas o  independientes, (tal vez ambas características a la vez). Esto merece un análisis porque se puede observar el atraso social en el que se debaten millones de mexicanos, cuyas condiciones de pobreza extrema nos llevan a considerar que la Revolución Mexicana fue incapaz de propiciar el desarrollo indispensable para crear condiciones de vida dignas para esos mexicanos. A propósito de los partidos, Carlos Rivas Larrauri escribió un poema intitulado “Una cosa es el comunismo y otra… las enchiladas”, con marcada inclinación a  la llamada poesía vernácula. Ese texto habla de un individuo que se ha incorporado al partido comunista, lo cual le informa a la dueña de un puesto de enchiladas, quien se convence de que eso de la igualdad económica está muy bien y le pide que la lleve a las oficinas a fin de inscribirse en ese partido. Después de un buen rato que dura la conversación, él se come cinco  enchiladas y cinco chalupas más algunos pedazos de tripas fritas. Al final él se compromete a regresar para llevar a la señora al partido, pero ella repara en que no le ha pagado lo que consumió y le cobra. El comunista se molesta y le dice que debe fiarle, pues a fin de cuentas son del mismo partido. Ella se niega, pero él le insiste. Finalmente, la señora le dice que una cosa es el comunismo y otra muy diferente las enchiladas.

En esta composición se puede ver un retrato de lo que han sido nuestros políticos: engañan a los ciudadanos con teorías, promesas y muchos embustes a cambio de que ejerzan su voto en favor de sus partidos. Cuando han sufragado, no se vuelven a acordar de ellos, ni de los problemas que les afectan. Regresan con el mismo discurso de siempre. Ahora que ganaron varios ciudadanos sin partido, inmediatamente hubo voces de los dirigentes: El sistema de partidos no puede desaparecer, sería un grave error para la democracia mexicana. Tienen que defender la fuente que los provee de muchísimo dinero, pues se evidenció la posibilidad de triunfar en las urnas sin necesidad de tantos gastos superfluos en propaganda superflua, costosísima, la cual se convierte en basura.

Hubo una corrida en la Plaza México con un cartel de lo mejor, y, casi al final, salió un toro enorme, cuyo peso excedía los seiscientos kilos. Al verlo el matador Silverio Pérez, le dijo al empresario: “Yo no toreo ese animalazo, me puede matar”. Ante esta negativa, se le preguntó al gran lidiador: “¿Qué le podemos decir al público para justificarlo? Simplemente, díganle que recibí un golpe accidental en la cabeza y, como consecuencia, veo doble, es decir, dos toros en lugar de uno.”  La mayoría del respetable aceptó la explicación, pero muchos arrojaron los cojines al ruedo y silbaron en señal de protesta. Algún tiempo después, se reunieron en Texcoco varios amigos de Silverio, entre ellos el cómico Mario Moreno “Cantinflas”. Tanto Silverio como Cantinflas estaban disfrutando de algunas bebidas espirituosas y de unas enchiladas. Quedaba la última y Mario Moreno le dijo a Silverio: “Compadre, yo me como esta, al fin que usted ve doble y se puede comer la otra.” Algo semejante sucede con nuestros políticos: se comen la enchilada, y al pueblo le dejan la que no existe. En otras palabras: se enriquecen escandalosamente, mientras nuestra gente sigue esperando que lleguen al poder personas honestas.

Es tanta la ambición de poder que ya se lanzaron a la lucha Andrés Manuel López Obrador, Margarita Zavala y Miguel Ángel Mancera. Apenas nos estamos reponiendo de millones de spots y ya nos amenazaron con la historia de siempre: el engaño y la demagogia. No se dan cuenta o no quieren enterarse de que nadie les cree sus mentiras. Deberían empezar por ejercer una autocrítica profunda y seria al interior de sus partidos.

Desde otra perspectiva muy diferente, se observa que ante la ausencia de verdaderos valores que nos mantengan vinculados más estrechamente como nación, una gran cantidad de mexicanos se unen apasionadamente para vitorear, animar, lazar vivas, cantar, disfrazarse, etc., etc., con el propósito de que nuestra selección llegue algún día a obtener la llamada Copa del Mundo. Tanta emoción experimentan los aficionados a este deporte que, cuando pierde el TRI, lo sienten como si se tratara de una tragedia nacional. No es para tanto. Si analizamos la historia del balompié en México, nos encontramos que la mayoría de las veces hemos estado a punto de llegar al éxito. Una sola vez nuestro país o, mejor dicho, la llamada selección nacional ha logrado ser campeona del mundo, y esto fue en los últimos Juegos Olímpicos cuando nuestro equipo pudo imponerse a su similar de Brasil para levantar el máximo trofeo en esa contienda mundial, bajo la dirección de un entrenador muy discreto y serio, como lo es Luis Fernando Tena Garduño. Anteayer nuestro equipo nacional resultó derrotado nuevamente por la falta de una dirección adecuada, ya que el técnico Miguel Herrera a todo se ha dedicado menos a desempeñar con responsabilidad su función. Es promotor de toda clase de propaganda y realiza viajes frecuentes, gana muchísimo dinero que jamás se le pagará a ningún maestro de la UNAM, pero así es en México, no existe un criterio correcto para retribuir justamente a las personas que más valen.

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