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Moderar la opulencia: José María Morelos y Pavón

25 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Miguel Ángel Martínez Ruiz

Los derechos, de los que el propio ser humano es sujeto y objeto, conforme a la tradición occidental, cuyos antecedentes más remotos se localizan en la Grecia clásica, donde los ciudadanos gozaban de la isegoria, de ισος (isos = todos) y αγορα (agora=asamblea) y significa un sistema en el que todos hacen uso de la palabra sin distingos; también disfrutaban de la garantía denominada isonomia que viene del griego ἰσονομία (“isonomía”) que significó: “repartición equitativa y en la época clásica igualdad jurídica, igualdad de derechos ciudadanos, lo cual remite al hecho de que las leyes son iguales para todos.” El vocablo procede de las raíces ἴσος (“isos”, igual) y νόμος (“nomos”, uso, ley, norma, costumbre), además tenían como norma la  isocracía (igualdad de condiciones de acceso a los cargos de poder).

La idea de la igualdad jurídica aparece también en el derecho romano, expresada a través de  una prohibición en las Leyes de las XII Tablas (450 a.C.), la cual expresa: Privilegia neinrogantur (ley de las XII Tablas, IX, 1), es decir: “Queda prohibido proponer leyes dirigidas a sectores particulares”. En otras palabras, la ley debe ser entendida como rectora de todos, ya que nadie queda exento de respetarla, y se consideraba  bárbaro a todo aquel que se sometía a la voluntad déspota de los tiranos, y  era civilizado quien aceptaba el imperio de la ley. Los romanos afirmaban: Omnes servilegumsumus ut liberiessepossimus, (Todos somos esclavos de las leyes para poder ser libres).

En el siglo XVII, el filósofo John Locke señaló que los hombres viven en su entorno natural, con libertades plenas, fuertes e iguales, guiados solamente por la razón. Nacen en libertad para ocupar los lugares que desean, recolectan los frutos de su agrado y cazan los animales para alimentarse, sin más impedimento que su propia fuerza. Pero, con el propósito de evitar abusos, los hombres  han realizado una convención, cuya finalidad es instaurar el gobierno o estado  para proteger sus intereses individuales. Esta tesis tuvo la intención de construir una barrera contra el absolutismo monárquico prevaleciente. Con ideas análogas, Juan Jacobo Rousseau, principal ideólogo de la Revolución Francesa, escribió El contrato social, y ahí expone que el hombre pierde su libertad natural a cambio de las libertades civiles, delimitadas por la voluntad general, y que son un derecho esencial a su condición humana, socialmente imprescindible e imprescriptible en toda comunidad política. Mediante este libro Rousseau condena la esclavitud, la servidumbre y, por lo tanto, la tiranía. Estas ideas influyen poderosamente en la ideología liberal que trasciende las fronteras de Europa y llega al continente americano. Aportaron su pensamiento personajes de la talla de Montesquieu, Voltaire, Diderot, Hobbes,  Hume, Descartes, Diderot, D’Alembert, Condorcet, etc. En pleno proceso revolucionario fue sancionada la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano el 26 de agosto de 1789. En este documento se entiende la idea de libertad como “la ausencia de restricción en hacer todo aquello  que no interfiera con la libertad de los demás.”  Tan significativa corriente filosófica tuvo repercusiones en México. Los principales héroes de la Independencia Mexicana asimilaron estas concepciones políticas y sociales. Algunos años antes de la Revolución Francesa, en Virginia el año de 1776, se da la primera Declaración de Derechos en los Estados Unidos de Norteamérica, en ella se dice que “todos los hombres son por naturaleza igualmente libres  e independientes, y tienen ciertos derechos inherentes, de los cuales cuando entran en estado de sociedad no pueden, por ningún contrato, privar o despojar a su posteridad; especialmente el goce de la vida y de la libertad, con los medios de adquirir y de poseer la propiedad y de perseguir y obtener la felicidad y la seguridad.” Posteriormente,  la Constitución estadounidense de 1778 establece como derechos la libertad de palabra y de prensa, el derecho del pueblo a la seguridad de sus personas, hogares, documentos y efectos frente a registros y confiscaciones irracionales, el derecho de todo acusado a un juicio rápido y público por un jurado imparcial del Estado, y el derecho al libre ejercicio de la religión; se declara, en una enmienda, ilegal la esclavitud y se afirma el derecho a votar, el cual no se negará ni se restringirá por motivos de raza, color o condición servil anterior, ni los Estados Unidos ni ningún Estado.

                En este contexto histórico se desarrolló la vida del gran Morelos, quien conoció el ideario político de la ilustración. No se limitó a los estudios propios de su formación eclesiástica, sino que adquirió conocimientos en libros escritos por varios autores de moral, filosofía y teología dogmática. Después surgió  su interés por la lectura de periódicos y publicaciones como Concisos, Gacetas, en las que escribían regularmente liberales convencidos como Grosin, Echarri, Benjumea, Montenegro, además de asimilar las ideas más avanzadas de su tiempo, las cuales eran expuestas por Isidro de Antillón, García Malo, Julián Negrete, Pérez Villamil, Romero Alpuente, Valentín Foronda y Canga Argüelles. Analizó cuidadosamente la Constitución de Cádiz y algunos números de El Espectador Sevillano, la Gazeta (sic) del Gobierno de México, y las publicaciones de la Junta Gubernativa: El Ilustrador Americano, el Semanario Patriótico Americano y la Gazeta del Gobierno Americano en el Departamento del Norte, cuyos redactores fueron José María Cos, Ignacio López Rayón, Andrés Quintana Roo, Lorenzo de Velazco y José María Liceaga. Es de esta manera como se explica el que un modesto sacerdote de pueblo pudiese llegar a ser el generalísimo de las armas insurgentes.

                Fue grande como militar, pero no lo fue menos como defensor de los derechos del pueblo, lo que después se llamó garantías individuales o derechos humanos. El legado de don José María Morelos y Pavón fue su ejemplo, pensamiento y acción patrióticos, escritos en los Sentimientos de la Nación, cuyo texto es un conjunto de directrices para establecer un estado de derecho. Por ello, dicen algunas de sus propuestas: “Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía, y que así se sancione dando al mundo las razones.││ Que la Soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que sólo quiere depositarla en el Supremo Congreso Nacional Americano, compuesto de representantes de las provincias en igualdad de números.││ Que los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial estén divididos en los cuerpos compatibles para ejercerlos. ││ Que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados; y que éstos sólo lo sean en cuanto al uso de su ministerio. ││ Que para dictar una ley se haga junta de sabios en el número posible, para que proceda con más acierto y exonere de algunos cargos que pudieran resultarles.││ Que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud. ││Que a cada uno se le guarden sus propiedades y respete en su casa como en un asilo sagrado, señalando penas a los infractores. ││ Que en la nueva legislación no se admita la tortura.││ Que se quite la infinidad de tributos, pechos e imposiciones que nos agobian y se señale a cada individuo un cinco por ciento de semillas y demás efectos o (sic) otra carga igual, ligera, que no oprima tanto, como la Alcabala, el Estanco, el Tributo y otros; pues con esta ligera contribución y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo, podrá llevarse el peso de la guerra y honorarios de empleados.”

                Estos postulados y las leyes establecidas en el Decreto para la Libertad de la América Mexicana, mejor conocido como Constitución de Apatzingán, sentaron las bases de la república que concibió el señor Morelos.

Han transcurrido muchos años desde que el insigne adalid de nuestras libertades luchó con denuedo por darnos la patria que hoy  tenemos. Han sucedido diversos acontecimientos, nuevas instituciones, otras ideologías, cambios en la vida política, etc. Sin embargo, el pensamiento de Morelos sigue vigente.

El caudillo más importante de la causa independentista declaró en sus Sentimientos de la Nación: “Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto.” Este mensaje tan directo debe ser norma invariable de nuestros políticos, grandes empresarios y prestanombres, pues en la realidad actual se puede observar que gobernadores como Duarte en Veracruz, Borge Angulo en Quintana Roo, Marcelo Evrard como jefe de gobierno del Distrito Federal, Moreira en Coahuila, César Duarte en Chihuahua, Andrés Granier Melo en Tabasco, Guillermo Padrés en Sonora y Rodrigo Medina en Nuevo León, entre muchos otros. No alcanzarían las páginas de este diario para enunciar solamente los nombres de todos los individuos corruptos que se han enriquecido mediante el uso indebido de sus funciones, y tienen sumas milmillonarias en diferentes inversiones.  Ese dinero constituye un robo descarado en perjuicio de nuestro pueblo, pues esas sumas de dinero bien pudieron utilizarse para construir hospitales, escuelas, carreteras, sistemas de agua potable, etc. Pero no, la mayoría de nuestros políticos no desaprovechan ninguna de estas oportunidades para enriquecerse. Eso los gobernadores, y los secretarios de estado ¿qué?, los líderes charros de los sindicatos nacionales, líderes de partidos políticos, diputados y senadores, incluso presidentes municipales. Con esta clase de individuos sin principios humanos, ni éticos, México nunca pasará de ser un país del tercer mundo, hundido en la miseria, con índices de pobreza y marginación que mantienen a la mitad de los mexicanos excluidos por completo de los beneficios que dan los bienes materiales y culturales. El mejor homenaje al héroe epónimo de Morelia sería castigar severamente a estos bribones y legislar con medidas drásticas a quienes hurten los bienes que pertenecen a los diferentes conglomerados humanos en las entidades de la República. Y los integrantes de la llamada iniciativa privada, multimillonarios, al ver que se empieza a tambalear la economía nacional, de inmediato se llevan sus capitales a otros países para evitar ser víctimas de la debacle. Estas conductas, de unos y otros, deberían ser elevadas a la categoría de traición a la Patria, porque cuando la opulencia es producto de la miseria del pueblo, la opulencia se convierte en una opulencia miserable. Pero, lo más grave del problema es que a todos los niveles burocráticos, funcionarios y empleados judiciales, incluyendo algunas policías, existen personas de esta calaña. Afortunadamente también hay mujeres y hombres probos que desempeñan su trabajo velando por los intereses del pueblo.

                México requiere urgentemente una verdadera reestructuración, un nuevo derrotero. Esa debe ser nuestra principal preocupación, pues de lo contrario la Patria que construyeron nuestros grandes prohombres con tantos sacrificios estará en peligro, como lo estamos en la actualidad la gran mayoría de los ciudadanos, sin lo indispensable para vivir, carentes de buena educación, pero sobre todo de seguridad. De donde se deduce una ausencia total de capacidad del Estado mexicano para cumplir con su principal obligación: Garantizar la vida de las personas. Y si no pueden, como dijera el señor Alejandro Martí, dirigiéndose a las autoridades en Palacio Nacional: “¡Renuncien!”.

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