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Natalicio de don Melchor Ocampo

3 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Existe una polémica en relación con el lugar y fecha de nacimiento del ilustre patricio, pues existen dos actas bautismales: la primera dice textualmente: “En el año del señor de 1810, a siete de enero, yo el B. Don Fernando Ruiz, teniente de cura, bauticé solemnemente en esta parroquia, puse óleo, crisma, y por nombre José Telésforo Melchor de los Reyes, a un infante de tres días de nacido, hijo de José María Mosquecho indio y de María Bernarda mulata, vecinos de Pateo. Padrinos José Antonio de la Luz López y María Bartola Barajas su mujer, a quienes advertí su obligación. Fernando Ruiz. Rúbrica. La segunda dice que el  5 de enero de 1914,  en la ciudad de México, nació un niño al que se bautizó con los nombres de José, Telésforo, Juan Nepomuceno, Melchor, de la Santísima Trinidad, hijo de padres desconocidos, y presentado por su madrina María Josefa González de Tapia, persona que dijo vivir en la casa número 10 de la calle Alfaro, y por tanto vecina de la parroquia de San Miguel Arcángel en que se llevó a cabo dicho bautismo. Esta última acta fue localizada por el Dr. Nicolás León, y se encuentra en el libro número 4 de Bautismos de Expósitos y de Hijos de Padres  no Conocidos, de todas calidades, de la Parroquia de Señor San Miguel Arcángel en el Distrito Federal. Si nació en la hacienda de Pateo, actual municipio de Maravatío, en 1810 o en la ciudad de México en 1914 da lugar a una discusión protagonizada por los historiadores, entre quienes destacan Eduardo Ruiz, Ángel Pola, José C. Valadés, Raúl Arreola Cortés, Álvaro Ochoa Serrano, etc. La vedad es que el propio Melchor Ocampo celebraba su cumpleaños el día 6 de enero. Respecto a él, Justo Sierra en uno de sus trabajos mencionó: Se conoce el origen “irregular, pero encumbrado de Ocampo”.

Al margen de este aspecto poco relevante, la importancia de este personaje radica en que fue uno de  los grandes constructores del México actual. Sin su presencia histórica difícilmente se explicarían muchos de los cambios esenciales que llevó a cabo su generación en el siglo XIX. Era un ser humano fuera de lo común, no solo por su excepcional inteligencia, sino por múltiples cualidades que lo distinguían: bien educado, estudioso, altruista, comprensivo, tolerante, curioso, buen amigo, muy modesto, ciudadano ejemplar, político rectilíneo, brillante orador, jurista,  gobernante honesto, traductor, le gustaba convivir con el pueblo, extraordinario conversador, valiente ante la adversidad, viajero incansable, lector de miles de obras, polemista, lingüista,  geógrafo, físico, geólogo, botánico, zoólogo, astrónomo, poeta, etc., etc. No alcanzaría esta plana para señalar todas sus virtudes. Lo esencial de este insigne patriota fue su obra. Es por ello que se reúnen algunos de sus pensamientos para dar una idea, aunque sea somera, de la profundidad de su visión del mundo y de la vida. He aquí algunas de sus reflexiones:

“¿Qué es la verdad? La realidad bien conocida. ¿El amor? Un sentimiento que nos arrastra a lo que nos atrae, o a lo que se nos asemeja. ¿La industria? La aplicación de nuestros conocimientos. La continuación de la creación. El aprovechamiento de las leyes necesarias o fatales de la naturaleza.”

“Conocida una verdad por el entendimiento ¿se sigue siempre por la voluntad? No; en esto puntualmente consiste la prerrogativa llamada libertad. Veo lo mejor y lo apruebo; sigo lo peor, sin embargo. Es la honra y la desdicha del hombre. Siguiendo invariablemente la verdad, no hay libertad.”

“¿Qué es lo que forma al poeta? Una ardiente imaginación y una exquisita sensibilidad.”

El pensamiento de don Melchor Ocampo corresponde al de un filósofo en la búsqueda permanente de la verdad mediante el estudio acucioso del mundo, la vida y el universo.

“La presidencia no debe considerarse como una recompensa de estos o aquellos servicios, sino como magistratura que requiere inteligencia y moralidad.”

Esto deberían tomarlo en cuenta todos aquellos que aspiran (o desempeñan) a la Presidencia de la República.

“Sin negar que en las dos administraciones que han seguido a nuestra guerra con el Norte se han cometido muy graves faltas, sostendré siempre que no son las vías de hecho las que mejorarán nuestra situación, y que una vez vueltos a la fatal senda de los motines y el argumento de las bayonetas, México caerá en la servidumbre extranjera a fuerza de debilitarse y corromperse.”

“Las personas sinceras y serias de todas las religiones pretenden que la suya es la buena, puesto que en ella han visto vivir y morir honrada y piadosamente a los más respetables de sus mayores. ¿Son, pues, buenas todas las religiones? Rigurosamente sí, por lo menos, en lo que concierne a la vida social, puesto que todas han conseguido más o menos, hacer hombres de bien en todos los tiempos y en todos los países.”

“Es, sin embargo, el amor a todos los hombres uno de los dos únicos fundamentos de todas las religiones, y tal amor acaba   donde comienza o la persecución o el desprecio, o la simple distinción entre aprobos (sic) y réprobos. Este amor a todos, según el expreso mandato de Jesucristo, debe extenderse hasta los enemigos. Y nótese que al inculcar Jesucristo esta máxima a sus discípulos, fue cuando únicamente se jactó de enseñarles un precepto nuevo: “Amad a vuestros enemigos”.”

“Los hombres, bajo la consideración sola de su conducta, no pueden clasificarse sino en las cuatro categorías que resulta de la división y subdivisión siguiente: O creen o no creen y en ambos casos obran o no, conforme a la moral. Parece así, que no puede haber sino las bases siguientes: 1ª. Lo hombres que creen y obran conforme a la moral, 2ª. Los hombres que creen y obran conforme a su pasión, 3ª. Los hombres que no creen y obran a su antojo, y 4ª. Los hombres que no creen y obran conforme a la moral.”

Cuando habla de creer se refiere a la religión.

“Uno de los problemas que más preocuparon a los políticos del México independiente fue el de la educación pública. Para cualquier observador superficial era evidente el atraso que en esta materia tenía el país, como consecuencia de la marginación de las grandes masas de hombres dedicados a las tareas agrícolas o a los trabajos más duros, sin oportunidad de ninguna luz o destello siquiera de la enseñanza.”

Después de más de un siglo y medio en que escribió esta última reflexión, nuestro país sigue en igualdad de condiciones. ¿Ha progresado la educación? Muy poco, si consideramos los mandatos constitucionales y las diversas administraciones públicas que han invertido muchísimos millones de pesos en esta tarea, pero se carece de un plan o programa consistente, elaborado por expertos, con vasta experiencia y conocimiento de la realidad socioeconómica de nuestro pueblo. De lo contrario, todo lo que se haga bajo el nombre de la desprestigiada palabra “Reforma educativa” será en vano, pues cuando lleguen las autoridades que habrán de suceder a las actuales, ellos tendrán una “Reforma” diferente, con una percepción totalmente distinta de los problemas educativos.

El Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo, nombre que le impuso el señor Ocampo, siendo Gobernador del Estado, cuando lo rescató de manos de la Junta Subdirectora de Estudios y de los miembros del Cabildo Eclesiástico, y pudo reabrirlo  el 17 de enero de 1847.

En 1852, Ocampo fue reelecto gobernador del Estado y al tomar posesión del cargo, quiso hacer su plan de gobierno en el aula principal del Colegio de San Nicolás. Se presentó a la Casa de Estudios y habló de los altos valores del espíritu a través de los siglos, y de su fe en el futuro de la humanidad, según citan los historiadores Ángel Pola y Raúl Arreola Cortés; el segundo agrega: “Presentó los problemas del Estado y las soluciones prácticas que ameritaban; y destacó el papel que los maestros y alumnos nicolaitas tendrían en la lucha por la superación material y moral de Michoacán. En el aspecto político, una cerrada defensa del federalismo, con auténtica soberanía de los Estados formadores de la Federación; fortalecimiento del municipio libre, como base del desarrollo; la atracción de técnicos y trabajadores extranjeros de los cuales pudiéramos aprender; y la instrucción de la juventud, como garantía de progreso. En esos planes de gobierno, para su realización, contaba con el Colegio: “nuestro cuidado preferente será San Nicolás, -dijo-, y ojalá que consigamos levantar su fama al nivel de la del hombre benéfico que lo fundó, y de la del héroe a cuya memoria se ha dedicado.”

Como poeta, don Melchor Ocampo escribió varias composiciones, como la siguiente de una intitulada “El Destierro” que dice: “Ya me voy, pues me lleva el destino/como la hoja que el viento arrebata, /de una patria, aunque a veces ingrata, / bien querida por mi corazón./ Ya me voy a una tierra distante,/ a un lugar donde nadie me espera,/ donde no sentirán que me muera/ ni tampoco por mí llorarán./ ¡Ay! qué grata, que dulce es la creencia;/ que a este mundo sigue otro más puro, / a lo menos está uno seguro/ al ausente volverlo a encontrar./ De la muerte es imagen la ausencia,/ que separa a los seres queridos.”

También escribió una narración, en la que se observa una gran facilidad para redactar y la inteligencia suficiente para darle fluidez y despertar el interés de los lectores, sin descuidar un mensaje ideológico muy claro. La obra se intitula “Aventuras” y se encuentra en el archivo del INAH.

Algunas personas que desconocen la recia personalidad de don Melchor Ocampo suelen criticarlo por sus posiciones anticlericales, sin comprender que el sabio reformador solamente trató de mejorar las condiciones en que vivían las clases más desprotegidas, pues él como hombre muy rico pudo haber tenido una vida muelle en su hacienda, dedicándose a explotar a los trabajadores y acrecentar su fortuna, además de convertirse en un intelectual encerrado en las cuatro paredes de su biblioteca sin tener ninguna preocupación por el destino de su patria.

En un memorable discurso, Ocampo exclama: “¡Oh México! ¡Oh infeliz y por lo mismo para mí venerada patria mía! Oh digna cuna de los Guatimoczin (Cuauhtémoc) y Jicoténcal (Xicoténcatl), de los Hidalgos, Rayones y Morelos, de los Guerreros y Victoria, dignos modelos de fe y esperanza en tus destinos, de amor y abnegación por tus hijos! ¡Tú, dueño de todos los climas y por lo mismo de todos los productos posibles! ¡Tú, la más rica en metales de todas las tierras del globo! ¡Todo te lo dio Dios y casi todo hemos sabido desaprovecharlo!

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