IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 10 de diciembre de 2016
Morelia
Compra
Venta
USD

19.47

20.70

¿Quién será el próximo presidente de México?

27 de noviembre, 2016

Paola Franco/La Voz de Michoacán

Por: MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ RUIZ

Los mexicanos tenemos una mentalidad muy especial. Entre otros rasgos nos distinguimos de otros pueblos, particularmente los más adelantados, en que deseamos transformar nuestra realidad individual en forma mágica, esto es, a través del boleto premiado de la lotería o  de los pronósticos, encontrándonos algún tesoro escondido por algún olvidadizo, y también esperamos que el próximo gobierno nos rescate de todas nuestras carencias. Cada sexenio se tiene la esperanza de la llegada de un ser superdotado, un mesías que resuelva los ingentes problemas nacionales. Transcurren los sexenios y nunca llega ese superhombre. Sin embargo, los políticos con un sentido más pragmáticos casi siempre se esperan a que llegue el bueno para ellos, algún amigo, y con él  la oportunidad de acceder a una presidencia municipal, diputación local o federal, gubernatura, secretaría de estado, senaduría o cualquier cargo importante en la administración pública que los saque de pobres, para no terminar, como señalaba el profesor Hank González, siendo “un pobre político”. Nada más que muchos no se tientan el corazón a la hora de disponer del erario público y se despachan como en el cuento de  Ali Babá y los cuarenta ladrones, pero acá no le roban el oro a los ladrones, sino que al pueblo cada día más pobre y en condiciones sumamente precarias en todos sentidos. Casi nadie piensa en mejorar su situación económica mediante el trabajo responsable, una mayor dedicación al estudio de los problemas para encontrar las soluciones idóneas, la investigación, la creatividad, el ingenio, la perseverancia, etc., que constituyen formas de conducta más apegadas a la realidad. En la jerga política a los aspirantes se les ha dado el epíteto de suspirantes. El presidente López Mateos les llamó, cuando le hablaban de su probable llegada a la presidencia, los “hojalateros”, pero sin hache, porque siempre le decían “ojalá usted llegue a ser presidente”.

Nuestra complicada realidad nacional requiere un hombre o una mujer que reúna las siguientes características en un ejercicio asistemático: 1. Honestidad, tanto intelectual como económica a toda prueba, ya que no se puede exigir a los demás (sus colaboradores y funcionarios en general) una conducta intachable si quien la exige carece de la autoridad moral para hacerlo. 2. Capacidad intelectual, conocimientos y habilidades para tomar las decisiones más acertadas y congruentes que corresponden a la más alta investidura política del país. 3. Patriotismo, pero no el amor a la Patria como entidad abstracta, sino como el conjunto de instituciones (familia, escuela, estado, iglesia, etc.), población, territorio, recursos naturales, costumbres, tradiciones, folclor, normas jurídicas, condiciones socioculturales, símbolos, historia, etc. 4. Conocimiento de la realidad económica, política y social, sobre todo los problemas tan complejos que viven las grandes mayorías nacionales, tales como inseguridad pública, vivienda, alimentación adecuada, educación, atención médica oportuna y eficaz, agua potable, electricidad, fuentes de empleo bien remunerado, medio ambiente sano, comunicaciones, etc. 5. Compromiso, que se traduce en la dedicación al cumplimiento puntual e íntegro de las elevadas responsabilidades contraídas desde que se protesta por desempeñar “leal y patrióticamente” su cargo, con apego irrestricto a nuestras leyes, por cuya observancia debe velar en todo momento. 6. Comunicación. Tener una excepcional habilidad para expresarse con corrección y propiedad en forma oral y escrita, para hacer comprender a quienes se dirige mensajes claros que transmitan un gran entusiasmo estimulante para emprender acciones positivas. Sus ideas deben denotar comprensión cabal de las causas y consecuencias de los temas que aborda. 7. Carisma, que consiste en la capacidad para motivar y suscitar la admiración de sus seguidores, pues muchas veces ese “magnetismo personal” o habilidad para atraer a la gente carece de consistencia al no cumplir las expectativas de quienes votaron por él o ella. 8. Generosidad, nadie recibe honra por lo que le dan. El mérito es la recompensa para el que da. 9. Iniciativa, la cual está vinculada la acción. Los seres humanos exitosos son muy activos. Cometen errores, pero no se rinden. 10. Saber escuchar, ya que el oído del gobernante tiene que vibrar al ritmo de las exigencias del pueblo. Un buen líder estimula a los demás a que le manifiesten sus necesidades y preocupaciones. Quien no aprende a escuchar, no puede gobernar con atingencia. Escuchar es un principio en la comunicación interpersonal. 11. Edad apropiada, no más de 60 años, puesto que la presidencia de México es sumamente demandante, y es necesario tener suficientes energías para realizar giras por el extranjero, al interior del país y despertarse a la hora que sea para atender problemas que se presentan en forma repentina e inesperada. 12. Vocación de servicio, que es una gran pasión, no un deseo a medias o frívolo. Anhelo de hacer aquello que ha soñado llevar a la práctica. Un gobernante  efectivo no encaja en moldes estereotipados. Los políticos deben indagar qué hace a las personas felices dentro de lo posible y ahí radica el quid de todo un buen programa de gobierno. El gobernante tiene que vivir intensamente sus anhelos y debe dormir, comer, respirar aquello que tiene planeado realizar.  Acerca de esta pasión, el gran psicólogo William James la resume aludiendo a la actitud positiva: “El descubrimiento más grande de mi generación es que los seres humanos pueden cambiar sus vidas al cambiar su actitud mental.”  13. Sensibilidad para entender los problemas de la gente, especialmente los de aquellos que viven en condiciones de pobreza. 14. Cultura general y formación política para estar acorde con la época en que vivimos,ya no es posible entender la realidad socioeconómica con criterios tradicionales, sintiéndose el mandamás, el que posee todos  los conocimientos. 15. Autocontrol, basado en el conocimiento de sí mismo, sus reacciones y actitudes, puesto que si no es un ser humano equilibrado, su influencia puede ser muy nociva, pues, como dijo Kung Fu Tze, mejor conocido como Confucio: “Que no aspire a gobernar a los otros aquel que no sea capaz de gobernarse a sí mismo” 16. Buena salud física y mental, no depender del alcohol, el tabaco u otras drogas. Estar siempre disponible para cumplir con sus obligaciones.

Estos supuestos teóricos quizá suenen demasiado exigentes, porque en la realidad casi no encontramos a ninguna persona que reúna estas cualidades, aunque sí los hay, muy pocos, pero sí existen. Claro que tenemos un ejemplo reciente en el caso de Donald Trump, quien, careciendo de experiencia de carácter político, está a punto de convertirse en el presidente de la nación más poderosa del orbe. Precisamente, por carecer de los rasgos indicados, está cometiendo una serie de errores que lo van a conducir indefectiblemente al fracaso, pues ha fomentado un odio exacerbado en algunos sectores de ultraderecha, xenófobos, racistas, misóginos, etc. Se puede observar su mentalidad obtusa al no aceptar la diversidad en una nación que es muy variada, por el origen múltiple de sus habitantes.

En la realidad mexicana se puede observar el deseo de muchos que aspiran a la presidencia, desde el locutor Pedro Ferriz de Con hasta algunos gobernadores, funcionarios de alto nivel y la esposa de un expresidente. Desde luego que todos tienen derecho a manifestar sus deseos, pero de ahí a la realidad hay todo un proceso, y por lo que se ve solamente llegaráquiensepan aprovechar las circunstancias propias de nuestro entorno político nacional e internacional.

Quedó demostrado que no se necesita tener mucha experiencia política para acceder a la conducción de un país. Ahí están los casos del señor Nicolás Maduro en Venezuela, Isabel Martínez de Perón en Argentina, Cuauhtémoc Blanco en Cuernavaca, Trump,  y muchos otros ejemplos más en los que resultaría innecesario abundar. Por esto, se puede decir que el triunfador de las próximas elecciones es una persona que casi nadie espera, porque varios de los aspirantes son figuras muy gastadas, otros no tienen el perfil ni van a tener la audacia que se requiere para lograr el éxito. No es aventurado decir que ganará las elecciones quien sepa utilizar el discurso que toque las fibras más sensibles de la sociedad mexicana.

Un candidato que hable de la delincuencia organizada y se  presente como quien va a salvar al pueblo de este flagelo despertará expectativas para un gran número de ciudadanos y podrá obtener su voto. Pero, tendrá que saber cómo presentar el problema. Si aparece en la televisión una señora llorando, a quien le secuestraron y mataron un hijo será capaz de conmover  hasta a los más insensibles. Si enseguida aparece el presunto candidato afirmando: “En mi gobierno jamás se permitirá ningún secuestro, porque yo voy a castigar muy severamente a los secuestradores”.  Un joven que, visiblemente desanimado, expresa su desaliento por haber recurrido a muchos lugares en busca de trabajo y quejarse por su falta de empleo, siendo padre de un niño recién nacido, para el cual no tiene qué ofrecerle. Pero el candidato dice: “Los jóvenes tendrán trabajo, porque necesitamos la contribución de la juventud para mejorar la producción. Aquí habrá trabajo para todos, porque es mi deseo servir a todos los jóvenes por igual dándoles oportunidades laborales, con trabajos bien remunerados. Quien se pronuncie en este sentido atraerá la simpatía de los jóvenes desempleados y de sus familiares que no encuentran la forma de que se incorporen a la planta productiva.

Un niño descuidado, con características de desnutrición, que manifiesta su deseo de estudiar, pero no hay escuela en su comunidad rural. ¡Ah!, pero el candidato afirma convencido: “En mi gobierno no habrá ni un solo niño, óiganlo bien, ni uno solo, que se quede sin recibir los beneficios de la educación, pero además les daremos una nutrición adecuada y habrá médicos para todos los niños.” Esto conmueve a padres de familia, a personas de condiciones económicas deplorables.

Un anciano que lamenta su condición, al encontrase abandonado por sus hijos, sin haber comido nada durante el día, ni prendas de vestir en medio de un ambiente de frío. Entonces el candidato dirá: “En cuanto tome posesión de la presidencia voy a girar órdenes inmediatas para que se proporcione todos los servicios a que tienen derecho las personas de la tercera edad. Tendrán casa, vestido, sustento y una cantidad de dinero para su bienestar.” Con estas frases moverá la voluntad de todos los ancianos y de quienes se están acercando a esta condición. Obtendrá los sufragios de ellos.

Si los discursos del candidato tienen ofrecimientos que calen profundamente en las necesidades populares, es decir, las carencias de la mayoría de los ciudadanos, al expresar, como un mero ejemplo: Mi compromiso es con las personas que no tienen recursos suficientes para la alimentación de sus hijos, su educación y prendas de vestir adecuadas; para los que no tienen casa, ni bienes económicos, para los que viven al día y no tienen la seguridad de un salario suficiente, a ellos me dirijo, porque les quiero decir que ellos recibirán todo el apoyo del gobierno en programas especialmente planeados a fin de mejorar las condiciones de todos. Esta es la única forma de vivir una existencia digna. Yo empeño mi palabra desde ahora que tendrán mejores condiciones para el bienestar de ellos y sus familias.

Además, el candidato que contrate un grupo de expertos en computación a fin de tener un verdadero ejército que diseñe una estrategia para invadir las redes sociales con mensajes de apoyo a esa candidatura, obtendrá un buen número de votos, porque las nuevas tecnologías a través de los teléfonos celulares y las computadoras están determinando muchos de los cambios políticos no solo en México sino en el mundo.

Por otra parte, el candidato triunfador será aquel que sepa conducirse con mayor inteligencia en los debates. El que mantenga una actitud más serena, pero que defienda acaloradamente sus posiciones. Recuérdese cómo Felipe Calderón Hinojosa inició su triunfo sobre Manuel López Obrador en el momento en el que este último desdeñó una de las comparecencias al primer debate. Cuando trató de recomponer, Felipe Calderón ya lo había igualado en puntuación, o Fox en el momento de empecinarse con el “Hoy”, cuando los otros candidatos querían hacerlo cambiar de parecer.

Al electorado le agrada ver hombres convencidos de lo que están haciendo y su entusiasmo por defender sus posiciones.

Algunos ya empezaron su campaña al interior de los partidos; otros han publicado algún libro, o hacen publicidad del trabajo que están desempeñando, pero al parecer esto no les resultará porque los tiempos cambian y las estrategias también. Se requieren campañas efectistas, es decir, las que logran resultados objetivos e inmediatos.Los tiempos cambian y también las estrategias.

Esto requiere un entrenamiento, y los futuros candidatos están a buen tiempo de preparar buenos programas de gobierno, adquirir habilidad para hablar en público, controlando sus emociones y transmitiendo al elector lo que este desea escuchar. Esta es la fórmula para llegar a la presidencia. Así lo han logrado muchos.

 

Comparte la nota

Publica un comentario