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¿Sirvió de algo la Revolución Mexicana?

20 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

¿Sirvió de algo la Revolución Mexicana?
MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ RUIZ
BREVE CRONOLOGíA.7 de marzo de 1908, el dictador Porfirio Díaz sostiene ante el periodista norteamericano James Creelman que México está preparado para la democracia y que se retirará del poder en 1910. La entrevista se publica primero en Estados Unidos y hasta marzo en México. Diciembre de 1908, Francisco I. Madero escribe y edita el libro “La sucesión presidencial en 1910”. 21 de mayo de 1909, Madero y algunos de sus seguidores fundan el Centro Antirrelecionista, cuyo lema es “Sufragio Efectivo, No Reelección”. 16 de octubre de 1909, el presidente Porfirio Díaz se entrevista en El Paso y en Ciudad Juárez, con el presidente de los Estados Unidos de América, William H. Taft. 15 de abril de 1910, Francisco I. Madero es postulado como candidato a la presidencia de la República por el Partido Antirreleccionista. 6 de junio de 1910, al encontrarse en plena campaña política, Madero es aprehendido en Monterrey y trasladado a San Luis Potosí, iniciándose una tenaz persecución contra los enemigos del régimen porfirista. 10 de julio de 1910, aun cuando Madero se encontraba en la cárcel, se llevan a cabo las elecciones presidenciales, obteniendo el triunfo Porfirio Díaz en un descarado fraude.15 y 16 de septiembre de 1910, el dictador Díaz asiste a las celebraciones del Centenario de la Independencia de México. 5 de octubre de 1910, Madero logra huir de la prisión y se establece en los Estado Unidos, desde donde proclama el Plan de San Luis, mediante el cual convoca a todos los mexicanos a tomar las armas para derrocar la dictadura de Porfirio Díaz, a partir de las 18 horas del domingo 20 de noviembre de ese mismo año. 18 de noviembre de 1910, los hermanos Aquiles, Máximo y Carmen Serdán, se enfrentan a la policía en la ciudad de Puebla. Ahí se inicia propiamente la lucha revolucionaria. 20 de noviembre de 1910, muchos mexicanos toman las armas en diferentes lugares de todo el país, especialmente en el norte. 14 de febrero de 1911, Francisco I. Madero cruza la frontera para ponerse al frente del movimiento iniciado por él. 11 de marzo de 1911, Emiliano Zapata, que encabeza un numeroso grupo de campesinos, y se levanta en armas contra la dictadura porfirista. 10 de mayo de 1911, Pascual Orozco y Pancho Villa toman Ciudad Juárez, que permitió el triunfo de la causa maderista. Este acontecimiento se conmemora y celebra el día de hoy al cumplirse su CVI aniversario.
El movimiento social de la Revolución Mexicana de 1910, es un tema obligado en estas fechas, pero podemos preguntarnos: ¿Fue la Revolución Mexicana una verdadera revolución? ¿Fueron sus caudillos hombres con programas de transformaciones sociales y económicas? ¿Se cumplieron las aspiraciones del pueblo que participó en los combates? ¿Tiene en la hora actual alguna significación para la vida pública de la nación?
Desde el punto de vista histórico, nadie puede negar que el movimiento revolucionario acabó con la férrea dictadura de Porfirio Díaz, lo cual fue un paso fundamental para el desarrollo económico, político y social de México, pero si se analiza con otras perspectivas, la revolución, como fenómeno sociológico al que se le ha atribuido cierta continuidad sin límites de tiempo y espacio, resulta muy discutible en la hora actual.
Si por revolución se entiende “la tentativa acompañada del uso de la violencia de derribar a las autoridades políticas existentes y de sustituirlas con el fin de efectuar profundos cambios en las relaciones políticas, en el ordenamiento jurídico-constitucional y en la esfera socioeconómica”, podemos decir que la Revolución Mexicana es propiamente una revolución. No simplemente un conjunto de rebeliones, pues estas, a diferencia de las revoluciones, no tienen motivaciones ideológicas, ni buscan trastocar el status quo y, generalmente, se limitan a determinadas áreas geográficas. Ciertamente, la Revolución Mexicana tuvo muchas rebeliones o revueltas en varias ciudades del país y en zonas rurales, pero en todas ellas se luchaba debido a tanta inconformidad e insatisfacciones de las clases populares.
Algunos periodistas, conferenciantes, oradores y políticos, han subestimado la influencia de este movimiento emancipador, además de cuestionar su influencia en la vida de los mexicanos. Algunos se han atrevido a decir que “debemos dejar a la revolución en el olvido e iniciar una nueva etapa constructiva por el bien de todos los habitantes de nuestro país”. Esta aseveración, aparte de ser sumamente superficial, no tiene sentido si tomamos en cuenta que aquellos que se olvidan de su historia están condenados a cometer los mismos errores.
No quiere decir esto que la Revolución Mexicana, la primera del siglo XX, haya sido resultado de un fermento ideológico muy bien cimentado en la conciencia del pueblo, pero no es válido considerar que los hombres y mujeres que participaron en las luchas armadas lo hubieran hecho con el único afán de participar en “la bola”, como despectivamente le llamaban los integrantes de las clases privilegiadas.
Sin embargo, algunos “intelectuales” han llegado a decir que la Revolución Mexicana tuvo como verdaderas motivaciones las siguientes: Primera, el deseo de llevarse una mujer que fuera virgen, porque en los tiempos de la dictadura porfirista, el patrón de la hacienda era el padrino de todos los que se casaban dentro de su jurisdicción y tenía el derecho de pernada o jus primae noctis, es decir, el derecho a desvirgar a la recién casada. Segunda, el interés de montar un caballo, porque en esa época los únicos que podían montar a caballo eran los patrones y los administradores. Tercera, las ganas de de poseer una pistola y dispararla. Nadie podía tener armas de fuego. Sólo los patrones y las personas de su confianza. Si alguien tenía un arma o la disparaba, aunque no fuera suya, se le mandaba a la cárcel. Cuarta, El anhelo de vestirse de charro. No cualquiera podía usar ese traje nacional. Sólo el patrón y los hombres de su familia. Quinta: La codicia de traer dinero propio para comprar lo que cada uno quisiera. Sólo los ricos podían disponer de dinero circulante. A los demás se les pagaba con mercancías en la tienda de raya. Sexta: La ambición de hacer lo que les diera la gana y no tener capataces que los estuvieran vigilando siempre para que no se hicieran tontos a la hora de trabajar, porque en esos tiempos había mucho trabajo para todos y al que fingía como que trabajaba no se le pagaba nada el día de la raya. Al contrario se le castigaba en una cárcel por tramposo o le daban unos azotes. Séptima, los deseos de venganza reprimida que tenían los peones por tantas humillaciones recibidas. El patrón los podía tratar como quisiera sin que nadie se atreviera a interceder en favor de quien era golpeado. Algunos otros han dicho que al pueblo no le interesaba el lema maderista de “Sufragio Efectivo. No Reelección”, sino “la no miseria y la comida efectiva lo más barata y abundante”.
Con esta visión tan elemental, se está haciendo caso omiso de las auténticas aspiraciones populares, como fueron: el tener mejores condiciones de vida, respeto a los derechos humanos, escuelas, servicios de salud, trabajo bien remunerado, afirmación de la nacionalidad mexicana frente a un vecino voraz que tantos problemas había causado, desterrar las prácticas antidemocráticas, anular el total dominio del tirano sobre los otros poderes: legislativo y judicial, entre muchas otras.
Después de un sinnúmero de batallas y peripecias políticas que tuvo que vivir México durante los años de la revolución, se logró que muchas de las pretensiones del pueblo cristalizaran en una constitución avanzada para esa época, resultado de los programas y manifiestos elaborados por hombres destacados como Ricardo y Enrique Flores Magón, Antonio Díaz Soto y Gama, José Vasconcelos, Filomeno Mata, Querido Moheno, Luis Cabrera, Emilio Vázquez, Francisco J. Múgica, Manuel Calero, José María Lozano, Nemesio García Naranjo, Francisco M. de Olaguibel, Carlos Pereyra, Salvador Díaz Mirón, Heriberto Jara y Pastor Rouaix, entre otros muchos que resultaría prolijo nombrar. Merecen especial mención: Wistano Luis Orozco, quien publicó en 1895 el libro “Legislación y jurisprudencia sobre terrenos baldíos”, y Andrés Molina Enríquez que dio a la luz pública la obra intitulada “Los grandes problemas nacionales”, en 1909. Estos trabajos, al lado de la difusión periodística, sirvieron para despertar la conciencia del pueblo que se lanzó a la lucha para protestar en contra del dictador Porfirio Díaz Mori y el sistema económico y político que representaba.
Considerar que todos los caudillos tenían una clara idea de su causa sería aventurado, pero la mayoría de ellos si estaban conscientes de las repercusiones de sus acciones en los escenarios de la etapa armada.
El principal anhelo de la población mexicana, radicada principalmente en el medio rural, era lograr tierra libre como patrimonio legítimo e inalienable para todos los hombres, sintetizado en el lema de Zapata: “Tierra y Libertad”.
Respecto a si se cumplieron todas las expectativas del pueblo, está claro que no. De donde se infiere que estamos muy lejos de alcanzar los ideales revolucionarios. Ni siquiera en el aspecto ideológico. Nuestra revolución, según el ilustre polígrafo mexicano Alfonso Reyes: “nació muerta, sin ideas.” Aseveración desconcertante en un hombre tan sabio como lo fue este gran escritor. Por su parte, el maestro y pensador Vicente Lombardo Toledano llegó a considerar que la Revolución ya no vivía porque no era posible entenderla como el ave fénix, la cual se levantaba de sus cenizas para realizar diversas acciones, a través de funcionarios y políticos de un partido encaramado en el poder a base de engaños e imposiciones descaradas. El historiador Daniel Cosío Villegas declaró muerta a la Revolución Mexicana.
En el panorama del día de hoy, no podemos considerar que el movimiento revolucionario de 1910 siga teniendo actualidad. Tal vez solo exista en las canciones y corridos de la época, en los cuentos y novelas que inspiró, o en los viejos cascos de las haciendas, convertidas en flamantes hoteles de clase especial. Vivimos una etapa de crisis de valores humanos en todos los ámbitos de la vida nacional. Los principales responsables son los políticos inmorales que arramblan con todo el dinero a su alcance mediante actos de corrupción, como los ex gobernadores Javier Duarte en Veracruz, Guillermo Padrés en Sonora, César Duarte en Chihuahua, Roberto Borge en Quintana Roo, etc. Para desgracia de México, no son los únicos, la gran mayoría llega a los cargos públicos con la sola idea de enriquecerse. Ahí están los Salinas, Carlos Hank, los Alemán, Benito Coquet que fue sorprendido al huir del país con mucho dinero en dólares, Humberto Moriera; el espacio de este diario no sería suficiente para citar solamente los nombres de tantos bribones, sinvergüenzas, bandidos sin escrúpulos, que han dejado tras de sí muchos niños sin escuela, sin servicios de salud, mujeres y hombres en la miseria. La realidad es que México en lugar de avanzar, retrocede. Los mexicanos de hace cinco décadas tenían mejores oportunidades laborales, especialmente si habían hecho un esfuerzo por adquirir una formación educativa de buen nivel, ahora ni para los que estudian existen posibilidades de autorrealización. Los partidos políticos se han encargado de destruir la incipiente democracia que se había alcanzado. Se logró la transición, más no la democracia que ahora es un buen pretexto para despilfarrar muchos millones en una simulación pseudodemocrática. ¡Basta de farsas, y permitir que se nos utilice como ganado electoral!

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