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¿Somos los mexicanos corruptos?

9 de octubre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Miguel Ángel Martínez Ruiz

La palabra corrupción procede del latín corruptio que significa acción y efecto de destruir o alterar por putrefacción, también acción de dañar, sobornar o pervertir a alguien.  Este vocablo se compone del prefijo con (junto) que cambia a cor al asimilarse antes de una raíz que empieza con r. Anteriormente estuvo asociado a la raíz indoeuropea Kom (junto, cerca) y la raíz del verbo rumpere (quebrar, partir, hacer pedazos, hacer estallar), además del  sufijo tio (equivalente a ción) que indica acción y efecto.También este término se utiliza para expresar “la acción y efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar). El concepto, de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, en otra acepción, se aplica para nombrar al vicio o abuso en un escrito o en las cosas no materiales.   En la antigua  Roma se aplicaba para referirse a la ruptura del senado o la disolución del mismo. Cuando designa formas de conducta de funcionarios públicos es el actuar contra lo dispuesto por las normas del sistema para beneficio de intereses particulares. Existen tres tipos de corrupción: el cohecho, en favor de quienes lo realizan; el nepotismo, del italiano nepóte o nipóte (sobrino),  y, por extensión, la preferencia a los parientes para que ocupen cargos o reciban contratos de la autoridad; y el peculado, esto es, el uso de fondos públicos con fines privados. La corrupción suele darse en tres niveles de gobierno: las cámaras de diputados y senadores, el gobierno y la burocracia, y en la procuración y administración de justicia. También suele ocurrir en los sindicatos y partidos políticos por parte de los líderes y sus corifeos o cómplices, además de muchos empresarios proclives a estos actos delictuosos. El fenómeno de la corrupción obedece en gran medida a las posibilidades que tiene el grupo que detenta el poder (la élite) para conservarlo; pero si no está tan seguro de ello, la corrupción, indefectiblemente asociada a actos ilícitos, tiende a disminuir. Aunque también existen medios al margen de la ley para mantenerse en el poder al cometer los llamados delitos electorales. En todo caso los beneficiarios de la corrupción a gran escala son los poseedores de suficientes medios financieros. Esta práctica, algunas veces inveterada en los sistemas políticos, frecuentemente los daña en el aspecto más importante de todo gobierno: su legitimidad.

En México, el tráfico de influencias, el soborno, la extorsión y el fraude son algunas de las prácticas,  que se ven en la vida cotidiana al entregar dinero a un funcionario público a fin de obtener alguna licitación o hacer una dádiva para evitar un cobro posterior por haber cometido una infracción a la ley.

Algunas personas con y sin mucha preparación académica han emitido juicios relacionados con el tema, por la crisis en que vivimos: “en nuestro país no se vislumbra ninguna posibilidad de mejorar la vida nacional”; “la clase política nos ha llevado a la bancarrota”; “este país no tiene remedio, cada vez las cosas están peores”; “con tantos problemas dan ganas de irse a otro país, donde haya más oportunidades”; incluso la presentadora de televisión Laura Brozzo señaló que “la corrupción ye es parte de la cultura de los mexicanos y que por naturaleza son flojos y corruptos, algo que no se puede quitar”; para colmo el señor presidente de la República, Enrique Peña Nieto, tuvo la osadía de aseverar: “Si hablamos de corrupción, no hay nadie que pueda aventar la primera piedra.” […] “Porque este tema que tanto lacera, la corrupción, lo está en todos los órdenes de la sociedad y en todos los ámbitos. No hay alguien que pueda atreverse a arrojar la primera piedra, todos somos parte de un modelo que hoy estamos desterrando y deseando cambiar, para beneficio de una sociedad que es más exigente y que se impone nuevos paradigmas”. Es indispensable destacar que hay de corrupción a corrupción, pues no es lo mismo recibir una módica cantidad de dinero a cambio de no infraccionar a quien se pasó un alto en la vía pública, que robarse descaradamente muchos millones de pesos y depositarlos en los bancos de Suiza o llevarlos a los Estados Unidos e invertirlos en grandes edificios, empresas de bienes raíces, instituciones financieras y fiduciarias o en cualquier negocio que arroje elevadas ganancias. Son muchos los políticos que se han hecho milmillonarios a través del latrocinio descarado de las tesorerías estatales o mediante “movidas”, “transas”, etc. Son muchos los casos y no los distingue su filiación partidista, son rateros de cuello blanco. Un asaltante expone su vida al perpetrar un asalto, no así los funcionarios que de la noche a la mañana se enriquecen.

                Este comportamiento lo describe muy bien el señor Antonio Castro Leal en su libro ¿Adónde va México?, Capítulo V relativo a “El enriquecimiento en los puestos públicos” y dice al respecto: “La señora, cuyo marido acaba de ocupar un importante cargo, dice alborozada a sus amigas: -Ahora sí: ya salimos de pobres.”

                “Los dos altos empleados que se instalan en sus imponentes oficinas se saludan satisfechos y cambian una sonrisa cómplice: -No tenemos más que seis años.

                “Un viejo y afectuoso amigo visita a su compañero de escuela en el salón oficial donde ahora despacha y, después de abrazarlo, le da un consejo:

                -Mira, vengo a decirte una cosa porque tú siempre has sido muy p… Esta es la oportunidad: haz dinero. Siquiera para que te compres una casa. El Gobierno es muy ingrato y cuando no te necesite te da una patada.

                “En una ocasión, con la esperanza de halagar a un joven y brillante funcionario que tenía poco más de un año en su puesto, le dije:

                “-Tú, ya has de tener un millón de pesos. (El libro fue escrito en 1968 cuando un millón equivaldría a diez millones  o tal vez más, de la actualidad).

                “Me miró con amable desprecio y respondió enfáticamente:

                “-Hombre, cualquier p… tiene un millón de pesos.

                “Yo en mi interior tuve que reconocer que no pertenecía a esa clase privilegiada.”

                Es oportuno recordar la frase, atribuida al profesor Carlos Hank González, quien desempeñó cargos muy importantes como Gobernador del Estado de México, Regente de la Ciudad de México y Secretario de Turismo y  Agricultura, él decía: “Un político pobre, es un pobre político”.

  Algunas otras personas más extremistas sostienen que  “México es un país podrido”. El catedrático de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Genaro Zalpa Ramírez, escribió un libro que lleva por título “¿No habrá manera de arreglarnos? Corrupción y cultura en México”. Al presentar esta publicación, el propio autor indicó que “la corrupción además de hacerse presente en la cultura, ésta se visibiliza en la desigualdad social, el fracaso de muchas políticas públicas, la injusticia, la impunidad, pero que en estos días, se ha dejado ver con mayor intensidad en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, haciendo visible también la relación que ésta tiene con la inseguridad.” Que hay corrupción nadie puede negarlo, pero también la hay en otros países del mundo, no es algo privativo de México, además quienes externan estas opiniones están pretendiendo obtener cierta notoriedad “descubriendo el agua hervida”. La advenediza locutora de un programa televisivo,con una voz horrible y actitudes desmesuradas, reflejo de su ínfimo nivel educativo, daba a conocer su baja estofa desde que gritaba, refiriéndose a uno de los “paleros” o “patiños”: “Que pase el desgraciado”. ¿Con qué autoridad moral se atreve a despotricar en contra de los mexicanos cuando en su país se encuentran en peores condiciones? Además esta mujer ha estado en la cárcel acusada de corrupción durante los regímenes políticos de Fujimori y Montesinos. Permaneció cuatro años en arresto domiciliario. En 2006 fue declarada culpable por una placa de oro y un collar de oro recibidos de Vladimiro Montesinos.

Por lo que se refiere a nuestro primer mandatario, el hecho de emitir este juicio en labios de un presidente constituye un error, ¡otro más!, porque sus frases hieren a muchos de sus compañeros de partido, pues los primeros corruptos son sus colaboradores, casi sin excepción. Y ahí está la primera piedra para que se investiguen las cantidades de dinero que tenían estos funcionarios antes de iniciarse en la política y cuánto dinero poseen en la actualidad. Esa será la mejor demostración de su honestidad y prestigio tan deteriorados. Se afirma que México es el decimotercer país más corrupto del mundo, y así lo da a  conocer el escritor Alejandro Legorreta, quien acaba de publicar un libro bajo el título de Corrupcionario, “un diccionario que enlista y define algunas palabras, términos o frases que los mexicanos tenemos para referirnos a situaciones corruptas e invita a los lectores a reflexionar con humor, sobre el uso de estos términos que definen la corrupción con la que estamos acostumbrados a vivir en este país.” En él aparecen vocablos como “Mordida”, “chayo”, “ponerse guapo”, “mochada”, y expresiones análogas a   “Aceitar la mano: Frase de uso común entre autoridades para ‘ayudar’ a evadir responsabilidades a los ciudadanos. ‘Ps siempre hay maneras de ayudarnos, joven. Usted acéiteme la mano y yo hago como que no veo.” “Bisnero” es una interpretación del término bussiness, que significa negocio en inglés. En México se usa para definir a las personas que buscan ganar dinero del gobierno a toda costa con negocios irregulares, y a veces ilícitos.

Sería más positivo realizar una investigación seria para tratar de explicar y comprender las causas y concausas de la corrupción y las políticas públicas erróneas que nos han llevado a la crisis en que se debate el país entero. Las autoridades hacendarias afirman que ha sido necesario recortar el presupuesto federal, debido a “causas externas”, según la versión oficial, pero la verdad es que esta falta de recursos económicos se debe a los empréstitos obtenidos por el actual gobierno federal en diferentes instituciones bancarias. Estamos en crisis, pero esta no es solamente de carácter económico, sino de valores en general. Los mexicanos de hoy debemos tener presente que el destino de México está muy por encima de la miseria moral de los traidores a la Patria.

Es inaceptable la afirmación de Peña Nieto, muy semejante a la de José López Portillo: “La corrupción somos todos”, según se decía en los corrillos políticos, probablemente aludiendo a su frase de campaña: “La solución somos todos.” Lo cierto es que a este político de marras se le dijo alguna vez: “Usted cumplió su promesa de campaña: Lo prometido es deuda”.

                Y otras frases han sido: “Cuando el PRI gobernaba, “El Chapo” estaba en prisión”: Humberto Moreira. “Ese gallo quiere maíz”… Porfirio Díaz, cuando pensaba que alguien necesitaba un soborno… o un poco de plomo.

“A los del PRD ni los veo ni los oigo”… Carlos Salinas de Gortari.

“Es un complot”… Andrés Manuel López Obrador.

“Las relaciones con Estados Unidos, ni nos perjudican, ni nos benefician, sino todo lo contrario”… Luis Echeverría Álvarez.

“La pobreza en México es un mito”… Pedro Aspe, Secretario de Hacienda con Salinas.

                Hace falta más  capacidad intelectual y solvencia ética, señores funcionarios. No es con chistes estúpidos y frases insulsas como se deben enfrentar los grandes retos nacionales. Nuestro pueblo exige y merece políticos inteligentes, pero sobre todo honestos, no individuos mediocres y pervertidos, cuyo único objetivo es enriquecerse a través de la corrupción.

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