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Morelia, Michoacán a 25 de junio de 2017
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A un cuarto de siglo de la Sedesol

29 de mayo, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

¿Qué tienen en común Western Union, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP) y la Secretaría de Desarrollo Social? Las tres instituciones canalizan (de maneras distintas) enormes cifras de dinero hacía comunidades subdesarrolladas y ninguna de las tres ha tenido un impacto significativoen la disminución de la pobreza en Michoacán, México o el mundo (en el caso del UNDP). Si bien a Western Union siendo una empresa difícilmente se le puede exigir que aporte al combate de la pobreza, en las vísperas del cumpleaños número veinticinco de la Sedesol vale la pena reflexionar sobre el desempeño de una de las ramas más visibles y robustas del gobierno federal.

La fecha era el 25 de mayo de 1992. El último presidente omnipotente del régimen priista, Carlos Salinas de Gortari, hizo tiempo en su apretada agenda para dar vida una de las instituciones públicas del México moderno que llegarían a jugar un rol importantísimo en la vida pública y política del país: la Secretaría de Desarrollo Social.

Tras más de tres años de buenos dividendos políticos derivados del programa Solidaridad, Salinas de Gortari vio la oportunidad de elevar a nivel de Secretaría federal una similar estructura de generosos derroches en programas públicos que le ayudaría a cimentar su poder de manera clientelista en el nuevo México neoliberal que él estaba erigiendo desde 1988. La Sedesol, al igual que Solidaridad, tenía como su promesa principal con la sociedad trabajar para erradicar la pobreza que obstinadamente continua profundamente arraigada en unos de los países más ricos (cultural y monetariamente) del planeta.

Sin embargo, a 25 años de su creación nos encontramos con cifras que harán al lector repasarlas dos veces para asegurarse que las leyeron bien: después de gastar más de un billón 514 mil millones de pesos, tal inversión ha resultado en una disminución de un -0.1% en la cantidad total de pobres en el país. Es decir, después de todos los programas y apoyos que ha brindado la Secretaría la pobreza no solo no ha descendido, sino ha aumentado ligeramente en términos porcentuales (y en 20 millones de personas en términos de población). No se necesita ser economista o experto en políticas públicas para poder catalogar el desempeño general de la Sedesol como un rotundo fracaso.

¿Pero a qué se debe esto? Sería muy fácil culpar únicamente a la corrupción, que sin duda como en todo aspecto de la vida en México hace notar su presencia. Declarar inútil todo programa de la Secretaría igualmente sería irresponsable, ya que de un golpe se están descalificando varios programas individuales que sí son de alto impacto (positivo) para las comunidades donde operan y la gente talentosa que asegura su éxito.

Y si bien tampoco podemos ignorar la realidad de que varios programas sociales (tanto aquellos que existen como parte de la Sedesol como aquellos que no) son aprovechados por la clase política para influir en comicios electorales de manera continua (a tal nivel que la Navidad pareciera llegar en mayo en las colonias populares durante cada año electoral), la realidad es que tanto una abundancia de programas sociales clientelistas y el monzón de remesas que llueve constantemente desde el norte afecta el tejido social de las comunidades que se vuelven adictas a ellos y dañan severamente sus perspectivas de escapar la pobreza.

Veamos como ejemplo el caso de las remesas en Michoacán. Desde 1990 la cantidad de remesas que envían michoacanos al norte de la norte hacía sus comunidades de origen se han ido multiplicando exponencialmente. En 1990 las cifras del Coneval ubicaban el índice de pobreza en nuestro estado en un 58.1%; en 2014 después de miles de millones de remesas y programas gubernamentales ubican al porcentaje de la población en condición de pobreza en un 63.3%. No solo ha incrementado la pobreza; también ha disminuido la iniciativa individual y comunitaria de salir adelante a la vez que ha subido la dependencia de apoyos del estado o de familiares migrantes en el extranjero. Esto presenta un serio problema para las perspectivas de crecimiento del estado y nos hace cuestionar el beneficio real tanto de apoyos gubernamentales como de las mismas remesas.

A pesar del decepcionante desempeño de la Secretaría de Desarrollo Social, su misión fundamental sigue siendo indispensable: que ningún mexicano sufra de carencias elementales cuando vive en una tierra tan prospera y con tanto potencial. Como sociedad civil nos corresponde no solo criticar a las autoridades sino contribuir y tomar iniciativa (personal y colectiva) para erradicar la escoria de la pobreza de una vez por todas de Michoacán y de México.

Con impulso ciudadano, programas sociales de la Sedesol deben ser reformados para incorporar cada vez más evaluaciones de impacto para invertir recursos públicos de manera estratégica e inteligente. El mexicano es ingenioso y trabajador, dos características esenciales para el éxito; la tarea de la Sedesol para sus próximos 25 años es aprender a ser menos paternalista y más fraternal con los sectores marginados que pretende ayudar; dar menos pescados y más capacitaciónpara pescar.

 

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