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El Brexit y la soberanía económica

28 de junio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Miguel Oropeza Caballero

Aunque quizás hoy sea difícil imaginárselo, en el apogeo de la dictadura perfecta, nombre que Mario Vargas Llosa famosamente diera al sistema político mexicano dominando por el PRI el siglo pasado, los presidentes en turno buscaban posicionar a nuestro país en el ámbito internacional como una voz sensata ante el imperialismo estadounidense y el comunismo soviético.

Ya para concluir el año de 1974, el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez dictó a las Naciones Unidas la llamada Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados con la cual buscaba elevar el valor central de la doctrina Estrada, la autodeterminación de los pueblos y el respeto por la soberanía de las naciones, a ser el pilar central de la orden económica mundial que estaba sufriendo una transformación significativa.

A pesar de la intensa cobertura que tal documento seguramente obtuvo en los medios nacionales de la época, el documento pronto fue olvidado por la comunidad internacional- especialmente después de 1991 con el colapso del comunismo y el triunfo del capitalismo neoliberal, que tradicionalmente ha mostrado poca o nula inclinación a honrar las respetables ideas expuestas en tal carta. Sin embargo, este documento es de gran valor para analizar el tsunami político y económico causado el pasado jueves por Gran Bretaña tras su referéndum para abandonar a la Unión Europea.

Los jinetes del apocalipsis no se hicieron esperar después de que el resultado de tal referéndum se fue haciendo evidente y quedó claro que era la voluntad de la mayoría del pueblo británico divorciarse de una unión económica a la cual han pertenecido por varias décadas.

La clase política europea, intelectuales y representantes de la elite financiera de Londres de inmediato salieron a los medios a declarar que la decisión desataría un caos económico y financiero no solo en el Reino Unido y en Europa, sino en todo el mundo.

Afirmaban sin muchas pruebas que el Reino Unido no podrá mantenerse a flote solo sin la Unión Europea y será una nación debilitada. Los mercados parecieron afirmar tales predicciones, con grandes retrocesos en las bolsas de valores americanas, asiáticas y europeas además de golpes a varias monedas, incluido el peso, ante la incertidumbre financiera.

El diagnostico de aquellos que estaban en contra del Brexit fue contundente: demagogos racistas, aislacionistas y mentirosos echaron abajo el proyecto europeo y sacrificaron el futuro del país para satisfacer sus inclinaciones xenofóbicas y políticas económicas insensatas. Este veredicto no solo es excesivamente simplista, sino oculta reclamos legítimos que llevaron a este resultado.

Regresando a la carta de Echeverría, los dos primeros artículos dicen lo siguiente: Todo Estado tiene el derecho soberano e inalienable de elegir su sistema económico, así como su sistema político, social y cultural, de acuerdo con la voluntad de su pueblo, sin injerencia, coacción ni amenaza externas de ninguna clase. Todo Estado tiene y ejerce libremente soberanía plena y permanente, incluso posesión, uso y disposición sobre toda su riqueza, recursos naturales y actividades económicas.

Hasta hace algunos años, estos derechos no eran controversiales; existía un consenso casi universal que los estados deben tener plena soberanía para decidir sus políticas económicas de la manera que mejor beneficie a sus ciudadanos; es más, es un deber de todo gobierno responsable.

La Unión Europea inició como una zona de libre comercio, similar al área de libre comercio que existe en América del Norte entre Canadá, Estados Unidos y México. Sin embargo, con el pasar de los años y sin el consentimiento de la ciudadanía, a tal acuerdo comercial se le fueron incorporando elementos políticos que tenían como su fin crear una unión federal entre las naciones miembros.

Con la llegada de esta corriente federalista fueron surgiendo regulaciones y mandatos de Bruselas de taya universal que con frecuencia eran dañinas a los intereses particulares de una o varias de las naciones en la unión.

Ciertamente este fue el caso en el Reino Unido, nación que perdió la posibilidad de establecer acuerdos comerciales independientes con la Mancomunidad de Naciones (el bloque de naciones que alguna vez fueron parte del imperio británico, incluyendo a Canadá y a Australia) y enfrentaba un futuro en el cual eventualmente sería obligado a seguir políticas fiscales impuestas por Bruselas de manera antidemocrática.

Como si esto no fuera suficiente, la integración europea ataría al país al bloque comercial que ha mostrado el peor desempeño económico en la última década- con varios de sus estados miembros (como Grecia, Italia y España) en una recesión perpetua. En 1980, la actividad productiva colectiva de las 28 naciones que hoy conforman la UE formaba el 30% de PIB mundial, en 2016 este número era ya solo un 16.5%.

Al mantenerse parte de la Unión Europea, Gran Bretaña estaba sacrificando su derecho soberano a determinar su futuro económico y su responsabilidad ante su ciudadanía de velar por sus intereses económicos. Fue el clamor popular por una restitución de la soberanía británica perdida lo que llevó al resultado del jueves.

El Brexit está generando repercusiones a nivel mundial, y México no es la excepción. El triunfo de las fuerzas soberanistas ha demostrado que la era de grandes macro acuerdos comerciales que ponen las prioridades de las multinacionales por encima de las de la ciudadanía debe llegar a su fin.

Para México, esto significaría la derrota del Acuerdo Transpacífico, que busca constituirse como una “constitución comercial” en la cuenca del Pacífico ante la cual las naciones miembros cederán parte de su soberanía económica y política. Tanto para el Reino Unido como para México, el futuro no es el aislamiento sino el comercio y la cooperación a nivel internacional. Ambos procesos deben de manifestarse de manera que respeten la diversidad de opiniones, los deseos de la ciudadanía y la soberanía de las naciones para crear una prosperidad compartida que sea compatible con las aspiraciones universales de justicia y seguridad económica.

Miguel Oropeza Caballero es un economista económico afiliado a la Universidad de California, Berkeley y es Presidente del Michoacán International Trade and Cooperation Council (Consejo Michoacano para el Comercio y Cooperación Internacional).

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