IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 22 de enero de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

21.00

21.80

La política industrial del sector automotriz

26 de julio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Miguel Oropeza Caballero

 

La sustentabilidad ambiental en los últimos años ha pasado de ser una moda o estilo de vida a una necesidad para el bienestar de nuestro ecosistema y una actividad cada vez más económicamente viable, lo cual facilitará que más empresas e individuos actúen de manera más ecológicamente consciente.

El acuerdo entre Ford y José Cuervo para desarrollar autopartes en base al agave es un reflejo de esta nueva realidad. Para Ford no es la primera vez que experimenta con material orgánico para sustituir al plástico en sus autopartes; estudios químicos en Michigan le permitirán transformar desechos naturales del proceso de la elaboración del tequila para fabricar un material lo suficientemente duradero para algunas partes de sus automóviles producidos en México.

Aunque sin duda tal acuerdo debe celebrarse por la innovación tecnológica que ha logrado que componentes orgánicos sustituyan a los petroquímicos para que nuestras actividades industriales sean más sustentables, también debe ser reconocida la cooperación mutuamente beneficiosa entre una empresa externa íntimamente vinculada con un sector estratégico para la economía nacional (en este caso, la industria automotriz) y una empresa doméstica.

Desafortunadamente, este tipo de acuerdo no ocurre con suficiente frecuencia en México, a pesar de que forma un pilar indispensable de cualquier política industrial. A falta de tal política, hemos desperdiciado más que las plantas de agave que ahora usará Ford: hemos desperdiciado la llegada de capital y empresas extranjeras para salir del eterno estancamiento de ser una economía emergente para llegar a ser, como muchos presidentes han prometido en su momento, un país de primer mundo.

Los convenios entre empresas locales y foráneas son necesarios para cualquier estado en vías de desarrollo porque pueden ser la principal ruta para obtener una transferencia de tecnologías, que permitirán que surja industria local que eventualmente podrá competir exitosamente en la economía global. El estado tiene la obligación de activamente impulsar estos convenios, aun cuando las empresas extranjeras tengan poco interés en ellas. Al parecer el acuerdo entre Ford y José Cuervo surgió naturalmente, sin impulso gubernamental. Aunque el estado debe dar espacio para que tales alianzas surjan orgánicamente (tal y como ocurrió entre estas dos compañías), también hay instancias en las cuales el gobierno debe actuar.

El economista neozelandés Robert Wade, uno de los economistas más distinguidos en el campo del desarrollo económico y política industrial, con frecuencia hace referencia al siguiente caso para refrendar la importancia de la intervención del estado.

El gigante electrónico Phillips tenía años operando en la isla de Taiwán, produciendo televisores. A principios de los ochenta, la compañía obtenía las pantallas especializadas que necesitaba para la manufactura de parte de un proveedor basado en Japón. La agencia gubernamental taiwanés encargada de política industrial determinó que existían compañías taiwanesas con la capacidad de fabricar tales pantallas especializadas a un costo comparable a las japonesas y buscaron incentivar a Phillips para que negociara un contrato con ellas, sin éxito.

El gobierno entonces decidió poner trabas burocráticas a la importación de las pantallas japonesas y eventualmente Phillips accedió a firmar el contrato con la empresa taiwanesa, lo cual permitió profundizar la especialización de la industria en el país. Ahora, la economía de Taiwán no es un simple núcleo de maquiladoras sino líder mundial en la elaboración de productos electrónicos con sus propias marcas.

Inspirándose en este ejemplo, existen un gran número de instancias en las cuales el estado mexicano podría seguir una línea similar. Dado el caso de que estamos hablando del sector automotriz, consideremos lo siguiente. ¿Cómo es posible que un país que se considera una potencia en el sector automotriz no tenga ni una sola marca nacional que produzca automóviles a gran escala? Según datos de la Organización Internacional de Constructores de Automóviles, en 2015 México se posicionó como el séptimo productor de automóviles a nivel global. De los seis principales productores (China, Estados Unidos, Japón, Alemania, Corea del Sur e India), todos son hogar a empresas automotrices locales que venden tanto a su mercado interno como al exterior.

Algunos de estos países, como China y Corea del Sur, hicieron uso de política industrial no tan solo para determinar que la creación de una industria automotriz era una prioridad en su industrialización, sino atrayendo empresas internacionales para adquirir el conocimiento y tecnología para eventualmente poder competir con ellas. Ambos países no solo crearon marcas mundialmente reconocidas (FAW, Hyundai, Kia) sino que estas tres empresas han producido y vendido vehículos en México. FAW incluso en 2007 llegó a anunciar, junto a Grupo Salinas, la construcción de una fábrica en Zinapécuaro, algo que al final terminó no sucediendo.

El actual clima de inseguridad y de nulo respeto al estado de derecho, incluidas las tomas constantes de carreteras, difícilmente incentivarán a otras empresas a volver a ver a Michoacán como un lugar atractivo para establecerse y continuaremos fuera del corredor industrial más importante del país. Solo formando parte de tal corredor podemos nutrir a empresas michoacanas con una política industrial que permita un logro que no se ha visto en Guanajuato- una transferencia de tecnologías y creación de mercados para empresas locales con el fin de que se coloquen como líderes en el sector.

Gracias al federalismo, Michoacán tiene la oportunidad de crear autónomamente una política industrial para remediar una clara carencia a nivel federal. Como muestra la alianza entre Ford y José Cuervo, los acuerdos entre empresas locales y foráneas pueden y deben ser beneficiosos para la economía doméstica.

Con las nuevas inversiones que llegarán al estado en los próximos años, es indispensable que estemos preparados con una política industrial que nos permita lograr un crecimiento sustentable y de calidad, que beneficie a la ciudadanía tanto como al sector empresarial. Combinando esto con un compromiso económicamente consiente por el medio ambiente hará que actores nacionales y del extranjero vean al estado y digan algo que desde hace bastante tiempo rara vez se ha dicho: “Michoacán es un ejemplo a seguir”.

Sus comentarios son bienvenidos en [email protected].

Comparte la nota

Publica un comentario