IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 17 de enero de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

21.73

21.85

Los Pueblos Mágicos de Michoacán y el turismo

24 de agosto, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Miguel Oropeza Caballero
La competencia entre diversos grupos de interés en la arena política podrá ser un aspecto inescapable de la democracia contemporánea (para bien o para mal), pero esta misma competencia tiene un efecto distorsionador en las políticas públicas que intereses particulares frecuentemente desvían para satisfacer los deseos de particulares.

Tal es el caso del programa de la Secretaría de Turismo denominando “Pueblos Mágicos”, creado hace más de una década con el propósito de atraer turismo a comunidades rurales con atractivos distintivos por medio de importantes apoyos fiscales y el respaldo del gobierno federal.

Los recientes comentarios del expresidente Fox, quien busca que San Cristóbal del Rincón (hogar del Centro Fox) sea designado pueblo mágico, facilitan una conversación abierta sobre el programa y como se puede mejorar a futuro la oferta turística en los actuales integrantes del programa.

En Michoacán no somos ajenos al programa Pueblos Mágicos, ya que la entidad cuenta con ocho participantes (Cuitzeo, Jiquilpan, Angangueo, Pátzcuaro, Santa Clara del Cobre, Tacámbaro, Tzintzuntzan y Tlalpujahua). Esta larga lista coloca al estado entre aquellos con más pueblos mágicos en una ya saturada lista que a la fecha incluye 111 pueblos.

Para formar parte del programa y recibir la designación de “mágico” de parte de la Sectur, es necesario cumplir con una serie de requisitos, los cuales hasta hace algunos años eran lo suficientemente estrictos que llevaron a un crecimiento lento del programa, con un promedio de tres comunidades siendo incluidas al programa anualmente.

A finales de la administración de Felipe Calderón hubo un cambio dentro del programa que permitió su crecimiento exponencial, a tal grado que la actual administración se vio obligada a temporalmente suspender el programa para reevaluar varios casos. Sin embargo, ya a unos años del cambio de gobierno el programa sigue expandiéndose, habiendo ya cruzado la barrera de los cien pueblos. Exploremos un poco lo malo de tal crecimiento.

Dijo una vez el humorista y comentarista social George Carlin en referencia a la tendencia en Estados Unidos de alabar a los hijos excesivamente, que si todo niño era especial, entonces ninguno podía serlo. Esta misma lógica podemos utilizar para ver el problema con más de un centenar de pueblos mágicos.

Del lado burocrático del programa, las comunidades participantes reciben entre otras cosas una mejora estética a su centro histórico (enterrando cables de electricidad, arreglando calles principales y pintando las fachadas de las casas) y la Sectur les apoya en mejorar su oferta turística. Estos beneficios han causado que más de un presidente municipal mire al programa no tanto para complementar una estrategia existente de crecimiento en el sector turístico local sino como una atractiva manera de bajar substanciales recursos federales.

Es aquí donde los compromisos políticos han llevado a un elevado número de pueblos mágicos, muchos de los cuales al visitarlos hacen evidente el hecho que la única magia presente está en la presidencia municipal al desaparecer recursos destinados a infraestructura turística inexistente.

Esto, además de limitar recursos para comunidades que realmente hacen un buen uso de los fondos también ha llevado a que la designación pierda algo del valor que se había ganado en sus primeros años; tener más de 50 pueblos mágicos diluye el atractivo en las comunidades desde la perspectiva del turista, por lo tanto, entre menos comunidades mejor. Simplemente hay demasiados pueblos en el programa, muchas piedras sucias que opacan las verdaderas joyas que existen dentro del montón. Pertenecer al club de los pueblos mágicos debe ser algo exclusivo para que la marca mantenga relevancia.

Debe decirse que algunas de estas críticas no son nuevas y vienen ya desde el final de la administración pasada. Pero pocas veces se ve el problema desde la perspectiva del turista, particularmente el turista extranjero. A nivel nacional, pero especialmente a nivel estatal en el caso de Michoacán, existe un déficit alarmante de infraestructura consiente del turista internacional. Si bien de alguna manera es de esperarse en comunidades rurales con poca interacción con el viajero extranjero, el hecho de que esta realidad también se presente en pueblos mágicos es imperdonable, dado que el gobierno federal les otorga recursos precisamente para mejorar su infraestructura turística.

Como una reflexión pública no debe ser solo para criticar sino para proponer y construir, aquí hay algunas propuestas para mejorar no solo el programa pueblos mágicos sino la oferta turística de nuestro estado. La primera y más urgente sería, como ya se ha dicho, reducir el número de pueblos mágicos y regresar valor a la designación. La segunda es que la capacitación que se da por parte de la Sectur a las comunidades se intensifique e incluya un componente para tratar con turistas extranjeros (principalmente estadounidenses, pero también europeos y asiáticos).

Esto incluiría no solo estímulos para el aprendizaje del inglés y el chino por parte de personal sino también capacitación en cuestiones culturales para mejor entender al mercado. Esto podría ser un programa de la Sectur estatal que complementara la labor del gobierno federal.

En California vemos un ejemplo a seguir, ya que el gobierno estatal ofrece capacitación gratuita a funcionarios públicos, hoteleros, restauranteros y demás actores en el sector turístico para incrementar su competitividad en atraer al viajero chino, un mercado que ha crecido rápidamente en los últimos años.

Por último, como la mayoría de los turistas viajan de manera independiente a agencias de viajes o tours organizados, es importante que exista un señalamiento adecuado para que puedan explorar y disfrutar de tanto pueblos mágicos como otras ofertas turistas con pocos inconvenientes.

Hoy en día sería bastante difícil incluso desplazarse al centro histórico de Pátzcuaro desde Morelia para un turista que no hable español y sin automóvil, ya que no existe señalamiento alguno adecuado a sus necesidades, como ocurre en muchos otros países donde hay señalamiento bilingüe o incluso trilingüe.

Como tanto programa federal iniciado con buenas intenciones y metas claras, el programa Pueblos Mágicos de la Secretaría de Turismo se encuentra limitado por intereses políticos que han distorsionado su misión y propósito. Haciendo algunos ajustes (unos más sencillos que otros), el programa puede volver a recobrar el dinamismo que ha perdido en los últimos años y volver a ser ejemplo a seguir para otros países buscando desarrollar la industria turística más allá de las grandes ciudades o playas.

Sus comentarios son bienvenidos en: [email protected].

 

Comparte la nota

Publica un comentario