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¿Trump o Clinton echarán abajo el TPP?

2 de agosto, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

En Estados Unidos las convenciones partidistas son el cierre del primer acto de las elecciones presidenciales, en las cuales aquellos candidatos que resultaron victoriosos en la votación interna de sus partidos son coronados oficialmente como candidatos a la presidencia en una costosa y larga celebración que recuerda imágenes similares en países autocráticos donde discurso tras discurso halaba al candidato triunfador. A partir de este momento, inicia la campaña “real” hacia la presidencia de Estados Unidos y en año en el cual los nominados de los grandes partidos gozan de un rechazo popular histórico, sin duda será una jornada larga repleta de golpes bajos y verdades a medias.

La mayoría de estas verdades incompletas sin duda vendrán empaquetadas con las propuestas de los candidatos en torno a la economía y particularmente sobre los tratados de libre comercio. Esto no es nada nuevo en las campañas electorales al norte del Río Bravo; Barack Obama en el 2008 habló de renegociar el TLCAN y en 1992 también fue tema central el entonces proyecto para vincular las economías de América del Norte. Las promesas de Obama a los votantes de velar por la protección de empleos en el sector de manufactura rápidamente quedaron en el olvido, ya que nunca hubo una intención real de cumplirlas y en el proceso dañar los intereses de los grandes donantes del partido demócrata.

En este ciclo electoral vemos un cambio interesante en este tema. Fue un republicano, Donald Trump, quien trajo al centro el tema de los tratados comerciales (a pesar de la postura oficial del partido de estar a favor de tales acuerdos). Trump desde los años ochenta ha hecho comentarios públicos en contra del libre comercio, haciendo un llamado a la protección de industrias domésticas. A pesar de ser un personaje con poca consistencia política, contradiciéndose incluso en la misma oración, este es quizás el único tema en el cual se ha mostrado consistente públicamente (olvidemos por un momento su inmensa hipocresía al beneficiarse personalmente de tales acuerdos produciendo sus productos en países con salarios muy por debajo de los estadounidenses).

Trump no estuvo solo, ya que el candidato insurgente Bernie Sanders hizo todo lo posible por incluir el tema del comercio exterior en la agenda demócrata. Como político independiente de pensamiento socialista, Sanders toda su vida ha luchado en contra de tratados comerciales, argumentando sus efectos negativos en los sectores más vulnerables de ambas economías. En este ciclo, es el Acuerdo Transpacífico (o TPP, por sus siglas en inglés) el tratado que Sanders opuso contundentemente y logró algo considerado casi imposible (estuvo tan cercas de derrotar a Hillary Clinton (quien había sido seleccionada como candidata casi por dedazo) que obligó a la exprimera dama y ahora candidata oficial del partido demócrata a públicamente declarase en contra del TPP. Dada la corrupción partidista que fue evidenciada por la revelación de correos electrónicos por parte de WikiLeaks, en los cuales se muestra claramente como el órgano central del partido demócrata conspiró para derrotar y calumniar a Sanders, el senador del estado de Vermont no logro ser el candidato, pero sí logró algo histórico: un escenario en el cual ambos candidatos principales a la presidencia públicamente están en contra del principal acuerdo comercial actualmente en discusión.

La estrategia política de Trump para ganar la presidencia requiere de victorias en los estados que más han sufrido los efectos de la industrialización (el llamado “Rust Belt”, en inglés). Por ello podemos esperar que tanto él como Clinton continúen criticando el acuerdo y prometiendo rechazarlo al llegar a la presidencia. ¿Pero qué tan en serio debemos tomar estos pronunciamientos? Por una parte, existe la posibilidad de que ninguno de ellos incluso llegue a tiempo a la Casa Blanca para evitar la aprobación del acuerdo- Obama intentará aprobar el acuerdo en noviembre, después de las elecciones y es posible que tenga suficientes votos para lograrlo. No debemos olvidar que el TPP forma parte del “Pivote a Asia”, un legado geopolítico de la presidencia de Obama.

Asumiendo que la batalla política para aprobar el acuerdo se extiende al 2017 y al próximo mandatario, existen en los hechos poca posibilidad de que el acuerdo sea abandonado, a pesar de las posturas actuales. Clinton estuvo a favor del acuerdo antes de sentirse presionada por Sanders para cambiar de opinión (de una manera políticamente conveniente que hace que varios cuestionen su sinceridad) y está financiando su campaña con dinero de Wall Street, quien será un claro ganador si llega a implementarse el TPP. En el caso de que Clinton llegara a la presidencia, no sería extraño ver que al segundo o tercer año de su mandato volviera a cambiar de opinión y aprobara el acuerdo. Su record habla por sí solo: Clinton es una política experimentada que ha hecho el pragmatismo y no los principios su marca por más de 25 años.

¿Qué tal Trump? A pesar de decir que el tema de los acuerdos comerciales es de los pocos en los cuales Trump ha sido consistente durante su vida de figura pública, la verdad es que la personalidad de Trump hace que ningún compromiso, ningún principio o ninguna relación sea sacrosanta. Trump es un mentiroso patológico y por lo tanto un analista político no puede leer mucho en sus declaraciones y propuestas; Trump dirá lo que él crea sea necesario en el momento para llamar la atención o sumarse simpatizantes. Por esto, tal y como para nada sería una certeza el muro fronterizo que tanto ha prometido tampoco está fuera de las posibilidades que Trump haga algunos cambios cosméticos al TPP y volteé al público estadounidense para declarar que ha logrado “un acuerdo fantástico, tremendo” y que ahora está a favor del acuerdo (Trump se ha vendido en los Estados Unidos como un experto en lograr grandes acuerdos empresariales).

Para un México que forma parte del TPP, el resultado de la elección presidencial es de gran interés porque el próximo presidente estadounidense tendrá el poder para echar abajo un acuerdo dañino tanto para el estadounidense como para el mexicano. A falta de una discusión real en México sobre el acuerdo, tendrá que ser un mandatario norteamericano quien libre al país de otro mal acuerdo comercial. Pero a pesar de las posturas públicas de ambos, no debemos esperanzarnos mucho.

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